EL PROYECTO HAARP O LA TIERRA EN PELIGRO

El proyecto es tan controvertido como peligroso. Sus defensores aducen un sinfín de ventajas de carácter científico, geofísico y militar, pero sus detractores están convencidos de que podrían tener consecuencias catastróficas para nuestro planeta.

UDEC (Universidad de Concepción de Chile)

La carta fue publicada el 20 de Noviembre de 1994 en un periódico de Alaska: el Anchorage Daily News. En ella se aludía a peligrosas investigaciones militares (probablemente relacionadas con un invento de Nikola Tesla) en el transcurso de las cuales se habrían estado enviando haces de partículas desde la superficie de la tierra hacia la ionosfera. El proyecto al que se hacía referencia no era otro que el High-frequency Active Aural Research Program (Programa de investigación de la aurora activa de alta frecuencia), mas conocido bajo la sigla HAARP, que formaría parte de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) (“Star Wars”.) Su objetivo: modificar las condiciones de la ionosfera introduciendo cambios químicos en su composición (lo que llevaría consigo un cambio climático), o bien bloquear las comunicaciones mundiales.

Aquella información debió impresionar al científico Nick Begich, quien junto a la periodista Jeanne Manning se puso inmediatamente manos a la obra para realizar una profunda investigación al respecto. Fruto de la misma vio la luz el libro “Angels don’t play this harp” (Los ángeles no tocan esta arpa), en el que ambos autores plantean inquietantes hipótesis. Una de ellas, por ejemplo, es que de ponerse en marcha, el proyecto HAARP podría tener peores consecuencias para nuestro planeta que las pruebas nucleares.

Laberinto de Intereses

Begich y Manning están convencidos de que a través del proyecto HAARP se estaría enviando hacia la ionosfera un haz de partículas electromagnéticas orientadas y enfocadas que estarían contribuyendo a su calentamiento.

La versión oficial es, sin embargo, bien distinta. Según ésta, el HAARP es una investigación académica cuyo objetivo es cambiar las condiciones de la ionosfera con el fin de obtener mejoras en las comunicaciones mundiales. No obstante, después de haber estudiado determinados documentos militares norteamericanos, Begich y Manning aseguran que el objetivo es muy distinto: la explotación de la ionosfera con fines meramente militares.

Para evitar la oposición de la opinión publica al proyecto, los militares han jugado otra vez una carta que les suele dar muy buenos resultados: la de la prensa. Así, no resulta raro leer en los periódicos norteamericanos que el HAARP no es esencialmente distintos de otros calentadores ionosféricos que ya funcionan en diferentes partes del mundo, como Arecibo, Puerto Rico, Noruega o la antigua Unión Soviética.

Pero mientras la polémica prosigue, también lo hacen las investigaciones por parte de los organismos más interesados en que este proyecto salga adelante: el Ministerio de Defensa de Estados Unidos y la Universidad de Alaska. No podemos olvidar que con la puesta en marcha del mismo, los militares conseguirían un escudo defensivo relativamente barato, mientras que la universidad se apuntaría un tanto relativo a la manipulación geofísica más atrevida que ha tenido lugar desde las explosiones de bombas nucleares en la atmósfera.

Tras realizar una serie de pruebas con “éxito”, Alaska conseguiría no solo ser el escenario de los grandes proyectos militares del futuro, sino también un enorme mercado para sus reservas de gas natural.

La versión oficial o engañando a la Opinión Pública

Begich y Manning cuentan en su libro que los poderes militares de Estados Unidos engañan intencionadamente al público mediante sofisticados juegos de palabras y una desinformación exagerada.

El Proyecto HAARP ha sido presentado a la opinión pública como un programa de investigación científica y académica. Los documentos militares estadounidenses parecen sugerir, sin embargo, que el objetivo principal de HAARP es “explotar la ionosfera para propósitos del Departamento de Defensa.” Sin referirse explícitamente al programa HAARP, un estudio de la Fuerza Aérea de los EE.UU. menciona el uso de “modificaciones ionosféricas inducidas” como un medio de alterar los modelos climáticos así como trastornar las comunicaciones y el radar del enemigo.

De acuerdo con la Dra. Rosalie Bertell, HAARP forma parte de un sistema integrado de armamentos, que tiene consecuencias ecológicas potencialmente devastadoras.

“Se relaciona con cincuenta años de programas intensos y crecientemente destructivos para comprender y controlar la atmósfera superior. Sería precipitado no asociar HAARP con la construcción del laboratorio espacial que está siendo planeado separadamente por los Estados Unidos. HAARP es parte integral de una larga historia de investigación y desarrollo espacial de naturaleza militar deliberada. Las implicaciones militares de la combinación de estos proyectos son alarmantes… La capacidad de la combinación HAARP/Spacelab/cohete espacial de producir cantidades muy grandes de energía, comparable a una bomba atómica, en cualquier parte de la tierra por medio de haces de láser y partículas, es aterradora. El proyecto será probablemente “vendido” al público como un escudo espacial contra la entrada de armas al territorio nacional o, para los más ingenuos, como un sistema para reparar la capa de ozono”.

Fuera de la manipulación climática, HAARP tiene una serie de otros usos relacionados: “HAARP podría contribuir a cambiar el clima bombardeando intensivamente la atmósfera con rayos de alta frecuencia. Convirtiendo las o­ndas de baja frecuencia en alta intensidad podría también afectar a los cerebros humanos, y no se puede excluir que tenga efectos tectónicos”.

En forma más general, HAARP tiene la capacidad de modificar el campo electromagnético de la tierra. Es parte de un arsenal de “armas electrónicas” que los investigadores militares de los EE.UU. consideran una “guerra más suave y bondadosa”.

Según la versión oficial, las posibilidades del sistema HAARP son muchas. Por ejemplo, dotar a los militares de una herramienta capaz de sustituir el efecto del impulso electromagnético de las bombas nucleares explosionadas en la atmósfera. Asimismo, contribuiría a reemplazar el sistema de comunicaciones con submarinos de muy baja frecuencia por una tecnología más eficaz, a crear un nuevo sistema de radar “mas allá del horizonte”, o a eliminar las comunicaciones en un área muy extensa sin afectar a las de los propios interesados. El HAARP sería también (siempre según la versión oficial) una herramienta eficaz de disuasión que obligaría a revisar buena parte de los acuerdos de paz y no-proliferación de armas nucleares, así como un medio ideal para la prospección de yacimientos de petróleo, gas natural y minerales.

Y, entre otras cosas, supondría también un instrumento válido para detectar posibles ataques de aviones o misiles en vuelo bajo (lo cual resulta aún difícil con los radares convencionales).

Desde luego, estas utilidades parecen interesantes sobre la base de políticas de defensa nacional que, además, resultarían muy baratas. Sin embargo, el proyecto tiene “otra cara” muy peligrosa, y es precisamente ésta la que Begich y Mannning describen en su libro con el fin de darla a conocer a la opinión pública para que ésta reaccione en contra de la puesta en marcha del proyecto HAARP.

Peligro inminente

Parece ser que son doce las patentes que forman la médula espinal del proyecto HAARP. Una de ellas, la número 4.686.605, del físico texano Bernard Eastlund, que hace referencia a un “método y un equipo para cambiar una región de la atmósfera, ionosfera y/o magnetósfera”, estuvo clasificada por orden expresa del gobierno durante todo un año. En realidad, el calentador ionosférico de Eastlund es diferente a otros conocidos hasta la fecha: la radiación de radiofrecuencias (RF) se concentra y enfoca en un punto de la ionosfera, consiguiendo proyectar una cantidad de energía sin precedentes, que puede alcanzar hasta los 10 gigavatios. La enorme diferencia de potencial generada (dicen Begich y Manning) podría cambiar e incluso desplazar la ionósfera, provocando un caos total en las comunicaciones de la tierra, tanto terrestres como marítimas. Así como destruir misiles o aviones, cambiar las condiciones atmosféricas al modificar la absorción de los rayos solares y aumentar las concentraciones de ozono, nitrógeno e incluso afectar negativamente al cerebro.

Sin embargo, éstas no son las implicaciones más peligrosas del HAARP. Hay otras muchas mas graves todavía.

En este sentido, Beguich afirma que, con relación al proyecto, existe un informe sobre el desarrollo de un sistema capaz de manipular y trastornar los procesos mentales humanos mediante la radiación pulsada de frecuencias de radio sobre extensas zonas geográficas. El material más completo sobre esta tecnología se encuentra en los escritos de Zbigniew Brzezinski, ex Consejero de Seguridad Nacional con el presidente Carter y con J.F. Mac Donald, consejero científico del presidente Johnson. En ellos se informa sobre el uso de los transmisores de energía para la guerra física y medio-ambiental, y sobre como pueden afectar negativamente a la salud y el pensamiento humano. Otro de los documentos descubiertos por Beguich pertenece a la Cruz Roja Internacional, y en él, este organismo advierte de los efectos perniciosos de la energía radiada. Incluso deja constancia de las bandas de frecuencia que generan estos efectos, que (¿casualmente?) ¡…se corresponde con las gamas que puede transmitir el HAARP…!

¿Un programa de control social?

En 1970 Zbigniew Brzezinski avisaba sobre la aparición de una sociedad controlada por la tecnología y dirigida por una elite capaz de influir en los votantes gracias a la superioridad de sus conocimientos científicos.

En su libro, Beguich retoma esta idea cuando asegura que, sin los obstáculos presentados por los valores liberales tradicionales, ésta no dudaría en utilizar incluso técnicas capaces de influir en el comportamiento de la gente para afianzar su poder. Pues bien, para algunos este futuro “orwelliano” podría estar acercándose (si es que no está aquí ya) peligrosamente.

De acuerdo con un documento donde se explican las posibles aplicaciones de los campos electromagnéticos artificiales en situaciones cuasi-militares, Begich asegura que este tipo de técnicas de control, al igual que los sistemas de seguridad de las bases militares o los métodos anti-persona utilizados en las guerras tácticas, entrarían dentro del amplio radio de acción del Proyecto HAARP. Es mas, según él, los sistemas electromagnéticos podrían ser empleados incluso para provocar trastornos fisiológicos de importancia moderada o grave, tales como distorsiones perceptibles y/o desorientación, y hasta para estimular las capacidades paranormales de determinados individuos.

Al parecer, el documento citado explica también otra “ventaja” de estas técnicas tan silenciosas como difíciles de neutralizar: su extensa cobertura mediante un solo sistema. Finalmente, Begich se pregunta si este impactante documento hace referencia a un proyecto ya en marcha y reviewúa la posibilidad de que se trate del HAARP, puesto que es el transmisor de frecuencias de radio más potente del mundo.

Y otro dato muy significativo. Resulta que, según el gobierno de Estados Unidos, uno de los usos del HAARP es su capacidad para localizar yacimientos minerales, silos subterráneos de misiles y túneles, una faceta del proyecto a la que en 1996 el Senado destinó nada menos que 15 millones de dólares. La cuestión es que la frecuencia necesaria para que las radiaciones penetren en la Tierra queda dentro de la banda más asociada con los trastornos de las funciones mentales humanas y, paralelamente, también puede tener efectos negativos sobre las rutas de migración de aves y peces, que siguen sus trayectos dependiendo de campos de energía hasta ahora no alterados.

La manipulación del clima

Por si fuera poco, a la posible manipulación de las mentes humanas y las modificaciones en la ionosfera habría que sumar nuevos efectos negativos. El propio creador del calentador ionosférico del proyecto HAARP, Bernard Eastlund, asegura que su invento podría, también, controlar el clima. Una afirmación que ha llevado a Begich a concluir que si el HAARP operase al cien por cien podría crear anomalías climatológicas sobre ambos hemisferios terrestres, siguiendo la teoría de la resonancia tan empleada por el genial Nikola Tesla en sus inventos. Un cambio climatológico en un hemisferio desencadenaría otro cambio en el otro hemisferio. Una posibilidad que no se debe descartar, sobre todo a tenor de las opiniones de científicos de le Universidad de Stanford, que aseguran que el clima mundial podría ser controlado mediante la transmisión de señales de radio relativamente pequeñas, a los cinturones de Van Allen. Por resonancia, pequeñas señales activadoras pueden controlar energías enormes.

En este libro Begich se pregunta si estos conocimientos van a ser empleados con fines bélicos o pacíficos, pues, según explica, hay precedentes de lo segundo precisamente durante la Guerra de Vietnam. Así, dice, el Departamento de Defensa estadounidense habría llegado a manipular relámpagos y huracanes a través de dos proyectos: el Skyfire (fuego del cielo) y el Stormfury (furia de la tormenta) en los que también se habría estado trabajando para producir efectos a gran escala a partir de pequeñas fuentes activadoras.

Y, en efecto, es mas que posible que las afirmaciones de Begich no sean tan descabelladas como pudiera parecer al principio. No en vano, unos años antes, en 1958, el capitán T. Orville (consejero principal de la Casa Blanca y encargado de los estudios sobre cambio climático) admitió que el Departamento de Defensa estaba investigando “métodos para manipular las cargas de la Tierra y el cielo con la intención de producir cambios en el clima” por medio de un haz electrónico que ionizaría o desionizaría la atmósfera sobre una zona determinada.

Después, en 1966, el profesor Gordon Mac Donald (miembro del comité científico del presidente) realizaría un comentario preocupante: “la clave de la guerra geofísica está en identificar la inestabilidad ambiental que, sumada a una pequeña cantidad de energía, liberaría cantidades ingentes de la misma “. Y en su libro futurista “A menos que la paz llegue” Mac Donald incluiría un capítulo titulado “Como destrozar el medio ambiente”, en el que describe los usos de la manipulación climática, modificación del clima, desestabilización o derretimiento de los casquetes polares, técnicas para reducir el ozono, ingeniería de terremotos, control de las olas oceánicas y manipulación de las o­ndas cerebrales desde campos energéticos terrestres. Decía que este tipo de arma iba a ser desarrollada y una vez puesta en marcha, sería prácticamente imposible de ser detectada por sus víctimas. ¿Se estaría refiriendo ya al Proyecto HAARP?.

Científicos contra el Haarp

El gran peligro del proyecto HAARP es que se desconocen las consecuencias que supondría enviar tanta energía hacia la ionosfera. La doctora estadounidense Elizabeth Rauscher afirma que el HAARP pretende “bombear” cantidades ingentes de energía hacia una configuración molecular sumamente delicada que compone las capas de lo que llamamos ionosfera, y advierte de la vulnerabilidad de estas capas a las reacciones catalíticas, ya que un cambio pequeño podría desencadenar uno mucho mayor y de consecuencias desconocidas. Rauscher describe la ionosfera como una burbuja de jabón que rodea a la atmósfera de la Tierra con movimientos espirales en su superficie. Si se hace un agujero lo suficientemente grande, dice, podría “reventar” dejándonos sin el escudo protector contra los rayos cósmicos. Por su parte, Bárbara Zickhur, miembro de la Liga anti-HAARP, compara a los científicos y militares que están detrás del proyecto con “niños que juegan con un palo afilado tratando de despertar a un oso dormido”, solo para ver que podría pasar…

Otro investigador, Paul Schaefer, de Kansas City, ingeniero electrónico y constructor de armas nucleares habla en el libro “Los ángeles no tocan esta arpa” de los desequilibrios provocados durante la era industrial y atómica, especialmente aquellos causados por la irradiación a la atmósfera de gran cantidad de partículas diminutas de alta velocidad. Schaefer sostiene que la velocidad antinatural del movimiento de partículas de alta energía en la atmósfera y las bandas de radiación que rodean a la Tierra son la causa de los trastornos del clima.

Según el modelo propuesto por este científico, mediante los terremotos y la actividad volcánica desaforada, la Tierra estaría descargando su calor acumulado aliviando su presión y tratando de recuperar el equilibrio perdido. Schaefer es terminante al afirmar que, si se quiere preservar al planeta, debe cesar la producción de partículas inestables que lo están enfermando.

Habría que empezar, asegura, por cerrar todas las centrales nucleares del mundo y terminar con todas las pruebas atómicas, las guerras atómicas y cualquier iniciativa relacionada con la llamada “Guerra De Las Galaxias”. Además, por supuesto, de no poner en marcha el controvertido proyecto HAARP.

Por todo ello, los autores de “Los ángeles no tocan esta arpa” lideran una campaña para salvaguardar la ionosfera. Además, pretenden exigir la transparencia de los secretos militares y protestar contra todo tipo de experimento que atente directamente contra la supervivencia de la humanidad.

El importante debate sobre el calentamiento global bajo los auspicios de la O.N.U. no da más que una visión parcial del cambio climático. Fuera de los impactos devastadores de las emisiones de gases de efecto invernadero sobre la capa de ozono, el clima del mundo puede ahora ser modificado como parte de una nueva generación de sofisticadas “armas no letales.” Tanto los estadounidenses como los rusos han desarrollado la capacidad de manipular el clima del mundo.

La evidencia científica reciente sugiere que el HAARP está en funcionamiento y que tiene la capacidad potencial de desencadenar inundaciones, sequías, huracanes y terremotos. Desde un punto de vista militar, HAARP es un arma de destrucción masiva. Potencialmente, constituye un instrumento de conquista capaz de desestabilizar selectivamente los sistemas agrícolas y ecológicos de regiones enteras.

Armas de Nuevo Orden mundial (NWO)

El Proyecto HAARP forma parte del arsenal de armas del Nuevo Orden Mundial bajo la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI). Desde puntos de comando militar en los EE.UU., se podría potencialmente desestabilizar economías nacionales completas a través de manipulaciones climáticas. Lo que es más importante, esto puede ser implementado sin que el enemigo tenga conocimiento de ello, a un costo mínimo y sin comprometer a personal o equipo militar como ocurre en una guerra convencional.

Muchas personas no comprenden como HAARP está subvencionado y promovido por el ejército. ¿Acaso no sería esta una arma biológica insuperable capaz de producir temporales o sequías sobre diversos territorios elegidos?

El uso de HAARP (si fuera aplicado) podría tener impactos potencialmente devastadores en el clima del mundo. Respondiendo a los intereses económicos y estratégicos de los EE.UU., podría ser utilizado para modificar selectivamente el clima en diferentes partes del mundo, lo que resultaría en la desestabilización de sistemas agrícolas y ecológicos.

También vale la pena señalar que el Departamento de Defensa de los EE.UU. ha destinado recursos substanciales al desarrollo de sistemas de inteligencia y monitoreo de los cambios climáticos. La NASA y la Agencia de Imaginería y de Mapas del Departamento de Defensa (NIMA, su sigla en inglés) trabajan en “imaginería para estudios de inundaciones, erosión, peligros de deslizamientos de tierras, terremotos, zonas ecológicas, pronósticos del tiempo, y cambios climáticos” con información transmitida por satélites.

En funcionamiento

Aunque no hay evidencia concreta de que HAARP haya sido utilizado, las conclusiones científicas sugieren que está en condiciones de pleno funcionamiento en la actualidad. Lo que significa que HAARP podría ser utilizado potencialmente por los militares de los EE.UU. para modificar selectivamente el clima de una “nación inamistosa” o de un “estado delincuente” a fin de desestabilizar su economía nacional.

Los sistemas agrícolas tanto en los países desarrollados como en vía de desarrollo ya están en crisis como resultado de las políticas del Nuevo Orden Mundial que incluyen la desregulación de los mercados y el dumping de las materias primas. Se ha documentado ampliamente que la “medicina económica” impuesta al Tercer Mundo y a los países del antiguo bloque soviético por el FMI y el Banco Mundial, ha contribuído en gran parte a la desestabilización de la agricultura nacional. A su vez, las provisiones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) han apoyado los intereses del puñado de conglomerados agro-biotécnicos occidentales en su intención de imponer semillas genéticamente modificadas (GMO) a los agricultores en todo el mundo.

Es importante comprender el lazo entre los procesos económicos, estratégicos y militares del Nuevo Orden Mundial. En este contexto, las manipulaciones climáticas bajo el programa HAARP (accidentales o deliberadas) exacerbarían inevitablemente estos cambios al debilitar a las economías nacionales, destruyendo la infraestructura y provocando potencialmente la bancarrota de los agricultores en vastas áreas.

Sin duda los gobiernos nacionales y las Naciones Unidas deberían considerar las posibles consecuencias del Proyecto HAARP y de otras “armas no-letales” sobre el cambio del clima que pueden llevar a la extinción de cierta parte de la humanidad.

http://www.formarse.com.ar/conspiraciones/proyecto_haarp.htm

HÁBITOS DE HIGIENE BUCAL Y EL NIVEL SOCIO-ECONÓMICO DE NIÑOS

HÁBITOS DE HIGIENE BUCAL Y EL NIVEL SOCIO-ECONÓMICO DE NIÑOS ENTRE 15 Y 20 MESES DE EDAD
VOLUMEN 45 Nº 2 / 2007

Recibido para arbitraje: 24/05/2006
Aceptado para publicación: 13/06/2006

1. Mairobys Socorro. Od. Profesora Colaboradora. IIORV, Facultad de Odontologia. UCV.
2. Dilia Gómez. Od. Ministerio de Salud y Desarrollo Social.
3. José Torres. Estadístico. Instructor. IIORV. Facultad de Odontologia. UCV.
4. Ana María Acevedo. Od, MSc. PhD. Profesora Titular. Coordinadora de Investigación. Facultad de Odontologia. UCV.
5. Fátima Rojas-Sánchez. Od. MSD. Profesora Asociada. Jefe Laboratorio de Bioquímica, IIORV, Facultad de Odontología. UCV.

Abstract
Tooth brushing and dentifrice use have been undoubtedly reported by several studies as the primary oral hygiene practices carried out to reduce and control caries development, observing differences among social levels. Objective: The aim of this study was to associate oral hygiene habits with the social levels of children among 15 to 20 months. Methods: One hundred and twelve children were selected from 10 different daycare centers. The criteria of selection included, children among 15 to 20 months, apparently healthy, with a consent form signed by the parent and attending the daycare. Questionnaires assessed tooth-brushing patterns and fluoride dentifrice use considering other possible oral hygiene practices developed at the moment and reporting when these were initiated. A socioeconomic form was also completed for each child. Results: According to Graffar, only 39.3% belonged to the lower social class and the rest of the children (21.4%-39.3%) were classified within the middle and the higher social levels, respectively. The average age of introducing oral hygiene habits was 12.8 months. From the 112 children evaluated, 42 (37.5%) developed any oral hygiene routine, 19.0% of the children’s teeth were brushed or cleaned only with water, 76.2% of them used fluoridated dentifrice, and 81.3% of the mothers placed the dentifrice on the toothbrush. Conclusions: The results of this study showed the absence of a significant relationship between parents’ socioeconomic status and dental hygiene habits observed in children between 15 to 20 months of age. An important finding was that a high percentage of the children at this age did not show any oral hygiene habit, as well as, mothers played the most important role.

Key words: oral hygiene habits, children, socioeconomic status
Resumen
Numerosos estudios han reportado que el cepillado y el uso de cremas dentales fluoruradas constituyen uno de los principales hábitos de higiene bucal destinados a la disminución y control de la caries dental, cuya práctica podría variar según el estrato socio-económico. Objetivo: El propósito fundamental de éste estudio fue el de asociar la práctica de hábitos de higiene bucal con el estrato social en niños entre 15 y 20 meses. Materiales y métodos: Un total de 112 niños fueron seleccionados de 10 maternales ubicados en la Zona Metropolitana de Caracas. Los criterios de selección fueron: niños entre 15-20 meses, aparentemente sanos, cuyos padres entregaran debidamente firmado el consentimiento informado y que asistieran al maternal con regularidad. Se completo un cuestionario que registraría información acerca de los patrones de cepillado, el uso de cremas dentales fluoruradas y la posible práctica de otros hábitos de higiene bucal. Una encuesta socio-económica según los criterios de Graffar modificado por Méndez Castellano 1986 también fue registrada para cada niño. Resultados: De acuerdo con la encuesta socio-económica solo el 39,3% de los niños pertenecía a los estratos más bajos, el resto de los niños formaba parte de los estratos Alto-medio alto y medio (21,4%-39,3%) respectivamente. El promedio de la edad de inicio de alguna práctica de higiene bucal fue de 12,8 meses. De los 112 niños evaluados solo 42 (37,5%) tenían algún hábito de cuidado bucal, de los cuales solo 32 de ellos usaban cremas dentales fluoruradas que representaba el 76,2%. Por otra parte, el 19,0% se cepillaba solo con agua y 4,8% no incluía el cepillo en la limpieza de sus dientes. El 81,3% de las madres colocaba la crema dental en el cepillo y asistía al niño durante el cepillado. Conclusiones: Los resultados de este estudio indicaron la ausencia de una relación significativa entre la práctica de hábitos de higiene bucal y el nivel socioeconómico de los padres. Cabe mencionar como un hallazgo importante que un alto porcentaje de los niños a estas edades aun no se cepillan y las madres siguen jugando un papel fundamental en las rutinas de cuidado bucal.

Palabras clave: Hábitos higiene bucal, niños, nivel socioeconómico

Introducción
La odontología moderna está orientada a la prevención de las enfermedades más comunes que afectan a la cavidad bucal y desde el punto de vista preventivo, las acciones llevadas a cabo en infantes tendrá un efecto de por vida (1) por lo tanto, la mayoría de los estudios han sugerido la práctica de hábitos de higiene bucal para la preservación de la salud bucal desde los primeros años de vida, tomando en cuenta que la supervisión y asistencia de los padres durante la práctica del hábito posee gran relevancia. (2, 3, 4,5)

A nivel mundial, la disminución de la prevalencia de caries dental en la actualidad se ha debido a la amplia exposición a diversas fuentes de fluoruro entre las cuales podemos mencionar, los alimentos, las bebidas y las cremas dentales (4, 6, 7, 8,9) y no simplemente a la remoción mecánica de la placa utilizando el cepillo dental, técnica empleada para la prevención de la caries dental en infantes. (10) Tinanoff y col.4 sugieren que el cepillado regular debería promoverse como un método para distribuir el fluoruro, aunque cabe mencionar que el uso de cremas dentales fluoruradas en niños menores de 2 años sigue siendo un tema de gran controversia. (11,12) Entre otros hábitos de higiene bucal, se ha reportado que la cavidad bucal de los niños debe limpiarse antes de que erupcione el primer diente, la frecuencia del cepillado sugerido es de dos veces al día, utilizar el equivalente del tamaño de una arveja de crema dental fluorurada, asistir al niño durante la práctica del hábito y no administrarle suplementos fluorurados antes de los 6 meses. (13) Algunos estudios han expuesto que la higiene bucal es sinónimo no solo de la frecuencia del cepillado sino, también de la efectividad del mismo.(14) Ismael (15), expone que han sido pocos los estudios que han evaluado los patrones de hábitos de higiene bucal en niños a temprana edad. A pesar de esto, se ha reportado la existencia de cierta relación entre la práctica de hábitos de higiene bucal con fines preventivos, la edad y el estrato socio-económico. (10,16)

El propósito fundamental de este estudio fue asociar los hábitos de higiene bucal y el estrato social en niños entre 15 y 20 meses de edad del Área Metropolitana de Caracas.

Materiales y métodos
Población y muestra:
Se realizó un estudio transversal y se consideró como universo la población infantil de los maternales inscritos en el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes y de la Fundación del Niño, del Área Metropolitana de Caracas. Previo a la selección del maternal, se le solicitó al Ministerio y a la Fundación el listado de maternales adscritos a ambas instituciones. Se solicitó a los directivos por escrito la aprobación que nos permitiera llevar a cabo la investigación en cada una de las instituciones seleccionadas, así como, una carta dirigida a las autoridades del maternal con el fin de que autorizara la realización de la investigación.

La selección de los maternales fue realizada a conveniencia por la dificultad de encontrar niños en las edades establecidas. Luego de seleccionado el maternal, se informó al director(a) sobre el objetivo del estudio y posterior a su aprobación se le solicitó la matrícula de los niños que cumplían con el rango de edad preestablecido para la investigación de 15-20 meses y su colaboración para contactar a los padres de éstos.

Posterior a la aprobación del Director(a) se fijó una reunión con los padres para informarlos sobre los objetivos del estudio y luego de obtener la aceptación se les pidió la autorización para que sus hijos participaran en el mismo. A los padres se les entregó un consentimiento informado escrito el cual debían leer, entender, firmar y entregar. Conjuntamente con el consentimiento informado se registró información en un cuestionario en relación a datos sobre la edad, el género, el lugar de nacimiento y los hábitos relacionados con la higiene bucal de sus hijos. La información sobre los aspectos socioeconómicos se obtuvo utilizando un cuestionario estructurado basado en los criterios de Graffar, modificado por Méndez Castellano (17), el cual consideró 4 indicadores para determinar el estrato social: profesión del jefe de familia, nivel de instrucción de la madre, principal fuente de ingreso de la familia y condiciones de alojamiento.

El total de maternales seleccionados para el estudio fue de 10, de las cuales seis estaban adscritos a la fundación, tres al ministerio y uno a la Alcaldía de Sucre y se identificaron ocho públicas y dos privadas. Los criterios para seleccionar a los niños fueron: edades entre 15 y 20 meses, aparentemente sanos, que asistieran regularmente al maternal y que los padres aceptaran y firmaran el consentimiento informado quedando la muestra conformada por 112 niños con edades comprendidas entre 15 y 20 meses de edad.

Análisis estadístico
Teniendo en cuenta el tamaño de la muestra, el tipo de variable, la expresión y ocurrencia de los resultados, se seleccionó como prueba estadística para evaluar el objeto de estudio el estadístico Chi-Cuadrado X². El valor del estadístico Chi-Cuadrado X² con dos grados de libertad se obtuvo un p-valor asociado al estadístico de contraste (p=0,077), es mayor que el nivel de significación fijado, p>0,05, en consecuencia se decide aceptar la hipótesis nula de que son independientes las variables en estudio.

Resultados
En la Tabla 1 se ilustra la distribución de la población según el género. Como podemos observar, la población seleccionada estuvo conformada por 112 niños de los cuales, 62 (55,4%) eran del género masculino y 50 (44,6%) del género femenino distribuidos entre los diferentes maternales adscritos a la Fundación, el Ministerio y la Alcaldía. El mayor número de niños evaluados provienen de maternales adscritos a la Fundación del Niño (63). En cuanto al peso promedio de los niños fue de 11,4±1,0 kg.

La ubicación de los niños que practican o no hábitos de higiene bucal de acuerdo al estrato social se muestran en la Tabla 2. Para efectos del estudio se combinó el nivel alto con medio-alto y el medio bajo con el bajo. Del total de 112 niños, el 21,4% se ubicó en el estrato Alto-Medio Alto, y en los niveles Medio y Medio-bajo se identificaron porcentaje similares de niños (39,3%). Al evaluar los hábitos de higiene bucal, porcentajes similares de niños reportaron practicar o no hábitos de higiene bucal (50%).

Es importante resaltar que el 78,6% de la población evaluada pertenece a los niveles medio y medio-bajo bajo. De esta población, el 51,8% reportaron no practicar hábitos de higiene bucal a diferencia del 26,8% que si reportó practicar algún hábito de higiene bucal. El 29,5% de los niños que no practicaban hábitos de higiene bucal pertenecían al estrato medio, medio-bajo a diferencia del 9,8% de ese mismo estrato que si lo realizaba algún tipo de hábito.

En la Tabla 3 podemos observar el número, porcentaje y género de los niños que practican algún hábito de higiene bucal; mencionando de igual manera la frecuencia, el momento del día, quien asiste al niño durante la práctica y si alguna vez ha asistido al odontólogo. De los 112 niños evaluados, el 62,5% (70) de los padres reportaron no practicar hábitos de higiene bucal en sus hijos, contra 37,5% de los padres (42) que sí practicaban algún tipo de hábito. Con relación a la frecuencia del hábito, los resultados demostraron que de los 42 niños sobre quienes si se practicaba alguna rutina de higiene bucal, 40 (95%) de ellos lo realizaban < 2 veces diarias y en solo 2 niños (5%) la frecuencia de cepillado fue mayor a 2 veces diarias.

Con relación al momento del día, 15 padres (35,7%) reportaron cepillar o limpiar en la mañana y 14 (33,3%) en la noche, 11 padres (26,2%) indicaron realizarlo en otro momento y solo 2 padres (4,8%) después de cada comida. De los 42 niños sobre quienes se practicaba algún hábito, en 34 de ellos (81,0%) era la madre quién realizaba el cepillado y solamente 1 niño, lo que corresponde al 2,4% fue cepillado por el padre. La edad del niño en la cual los padres iniciaron hábitos de cepillado fue de 12,8±2,6 meses. El porcentaje de niños que fue asistido por la madre en las prácticas de higiene bucal fue significativamente mayor (81,0%) al compararlos con el número de niños asistidos por el padre (2,4%), ambos padres (14,3%) y por el mismo niño (2,4%). El 98,2% de los padres reportó no haber llevado al niño al odontólogo.

Los datos relacionados con el número, los porcentajes, la frecuencia, el momento del cepillado, quien cepilla y la cantidad de crema dental reportada que es colocada en el cepillo de los niños se presentan en la Tabla 4, al igual que la edad de inicio de la práctica del hábito. De los 42 niños cuyos padres reportaron que realizaban algún hábito de higiene bucal, 32 (76,2%) de ellos acostumbraban a cepillarlos con cremas dentales fluoruradas.

En cuanto a la frecuencia del cepillado el 93,8% suelen cepillarlos 2 veces. El 40,7% de los padres reportaron cepillar a los niños en la mañana, el 3,1% después de cada comida y el 28,1% lo hace durante la noche y en otro momento. Las madres juegan un papel importante en el cepillado de los niños (81,3%) a diferencia de los padres (3,1%) y el mayor porcentaje de la cantidad de crema dental colocada sobre el cepillo corresponde a la cantidad recomendada por los profesionales de la odontología y que se corresponde al tamaño de una arveja (47,0%). Por último, el promedio de edad de inicio del cepillado dental fue de 12,4 meses.

La tabla 5 resume el número y porcentaje de niños sobre quienes se practica alguna rutina de higiene bucal que no incluye el cepillado con crema dental. Como podemos observar 8 (19,0%) de los 42 niños solo los cepillaban con agua o con agua y sal con una frecuencia de <2 veces al día. En cuanto al momento del día que reportaron el hábito, el 50% lo realizaba en la noche, el 12,5% en la mañana, 12,5% después de cada comida y 25,5% en otro momento. Igualmente que el cepillado realizado con crema dental, la madre realiza mayormente esta actividad (87,5%). Además del cepillado con crema dental o con agua y agua y sal, 2 padres reportaron realizarlos con toallas con una frecuencia de 100% <2 veces, 1 de las madres reportó realizar la limpieza en la mañana y otra en la noche.

Discusión
Son muy pocos los estudios realizados en Venezuela cuyo objetivo haya sido evaluar hábitos de higiene bucal y su relación con el estrato socio-económico en niños menores de 2 años. (18,19,20)

En esta investigación, debido a la complejidad que surgió para localizar niños en el rango de edad establecida por el criterio de inclusión (15-20 meses), la muestra fue seleccionada de instituciones del estado y a conveniencia, por lo que el mayor porcentaje de los niños estaban ubicados en los estratos medio y bajo. Tabla 2 Es importante resaltar que este no es un estudio nacional por lo que no podemos inferir que este es el comportamiento en el país, sino que es una población “sui generis” cuyo comportamiento corresponde a la población evaluada.

No se determinaron diferencias estadísticamente significativas cuando se compararon los datos relacionados con la presencia del hábito y el nivel socioeconómico (p>0,05). Una de las posibles explicaciones para la ausencia de relación entre las variables mencionadas pudiera ser la edad de los niños periodo durante el cual la madre está iniciando sus primeras incursiones de enseñanza de los hábitos de higiene bucal.

Otra posible explicación para la ausencia de diferencias pudiera ser los criterios utilizados para ubicar al niño en el nivel socioeconómico. El criterio utilizado para ubicar a los niños fueron los reportados por Graffar, modificado por Méndez Castellano (17) ampliamente utilizado por el Proyecto Venezuela en su estudio nacional; sin embargo, este considera 4 indicadores para determinar el estrato social: profesión del jefe de familia, nivel de instrucción de la madre, principal fuente de ingreso de la familia y condiciones de alojamiento los cuales pudieran enmascarar la presencia de diferencias significativas ya que se han reportados estudios donde existe una alta correlación entre el nivel educativo de la madre y la presencia de hábitos de higiene bucal en niños de estas edades.

Los resultados nos permitieron detectar que en el estrato más bajo de nuestra clasificación, un mayor número de niños aún no practicaba algún hábito de cuidado bucal, a diferencia del estrato medio que sí reportaba practicarlo. Estos resultados coinciden con los publicados por Franco y col.(21), quienes indicaron un inicio más temprano en la práctica de hábitos en el estrato; estos resultados fueron corroborados por Hinds y Gregory (22), en Inglaterra, quienes publicaron una asociación similar en su estudio en niños de 18 meses de edad.

La edad promedio de inicio de alguna rutina de higiene bucal de los niños evaluados en nuestro estudio fue de 12,8±2,6 meses, pero solo un pequeño porcentaje de los 112 niños practicaban hábitos de cuidado bucal (37,5%), lo que pudiera deberse a la resistencia del niño al cepillado a esta edad, al nivel educativo de la madre reportado en la encuesta y a la poca importancia que le dan los padres a la salud bucal de sus niños, hecho que se refleja en los datos obtenidos, donde solo el 1,8% de los padres afirmó haber llevado al niño al odontólogo. Suzuki (23), revela de igual manera que la actitud de los niños menores de tres años en cuanto al hábito del cepillado dental es negativa y son pocos cooperativos durante la práctica.

Resultados de nuestro estudio indicaron que entre los distintos hábitos que fueron reportados, el cepillado dental utilizando cremas dentales constituyó el más practicado por los padres (76,2%) en comparación con otros hábitos tales como cepillado con agua y limpieza dental con toallas (23,8%). Por otra parte, el 47,0% de las respuestas relacionadas con la cantidad de crema dental colocada correspondió al tamaño de una arveja (Tabla 4). Esta decisión fue tomada por iniciativa propia de la madre en un 84,3% de las veces y las madres reportaran tres razones por las que debían colocar esta cantidad, la de economizar la crema dental, el tamaño del cepillo que al ser infantil impedía colocar mas crema dental y evitar que el niño se tragara la crema dental. Resultados reportados por el Instituto de Estadística de Québec, indicaron que aproximadamente el 45% de los niños a los 17 meses de edad usaban crema dental y el 43% colocaba la cantidad de crema dental que corresponde al tamaño de una arveja.

Es importante resaltar, que en cuanto a la frecuencia del cepillado el 93,8% de los niños suele hacerlo menos de 2 veces al día, frecuencia confirmada por el estudio de Franco 19, el cual observó que un 93,5% de los niños se cepillaba con la misma frecuencia.

En términos del momento del cepillado y quien asiste al niño durante la práctica de hábitos de higiene bucal, indudablemente es la madre quien supervisa al niño y lo ayuda (81,3%), lo que da a entender que son las más preocupadas en lo que concierne a la salud general del bebé y de la salud bucal en particular, característica que fue observada también en el estudio de Franco (19), donde las madres asistían al niño la mayor parte de las veces. También debemos hacer énfasis en que, el momento del día comúnmente reportado para la práctica del cepillado dental usando cremas dentales fue la mañana (35,8%) y para el momento en que se práctica algún otro hábito de cuidado bucal predominaron las horas de la noche (50%) patrón que no podemos explicar basándonos en los resultados obtenidos.

Existen diferencias numéricas en cuanto a la práctica de hábitos de higiene bucal al establecer comparaciones entre los niños con los más altos y los más bajos estratos sociales. Un gran porcentaje de los niños a estas edades aun no se cepillan y las madres siguen jugando un papel fundamental en las rutinas de cuidado bucal.
Tabla 1
Distribución de la población según el género

Tabla 2
Asociación entre la higiene bucal y el estrato
socio-económico de los niños evaluados

Tabla 3
Número y porcentaje de los niños que practican algún hábito de
higiene bucal, frecuencia, momento del día, quien asiste
al niño durante la práctica y asistencia al odontólogo

Tabla 4
Número y porcentaje de niños que se cepillan con crema dental, frecuencia,
momento del cepillado, quien cepilla al niño y
cantidad de crema colocada en el cepillo

Tabla 5
Número y porcentaje de niños que practican alguna rutina
de higiene bucal que no incluye cremas dentales fluoruradas

Reconocimientos
Los autores de este estudio desean agradecer al Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico por el financiamiento parcial de este estudio (PG 10-30-5239-2005). Igualmente, agradecemos a la empresa Colgate-Palmolive por el financiamiento parcial de este proyecto. Finalmente, y por eso no los menos importantes, deseamos agradecer muy profundamente a los niños, padres y personal administrativo de los maternales y guarderías; así como al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Fundación del Niño y Alcaldía de Sucre por su colaboración sin la cual no hubiese sido posible la realización de esta investigación.

Recomendaciones
Como primera recomendación los autores sugieren la necesidad de realizar un estudio con un mayor número de niños, con el objeto de comprobar si los hábitos identificados en este estudio se corresponden con los hábitos practicados por los niños venezolanos de estas edades. La segunda y ultima recomendación es realizar estudio longitudinales para evaluar la presencia de hábitos y su asociación e influencia en la aparición de la caries dental y como contribuye el estrato socio-económico en la salud bucal.

Referencias

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LACTANCIA MATERNA Y MALOCLUSIONES DENTALES EN PREESCOLARES DE LA GRAN CARACAS

LACTANCIA MATERNA Y MALOCLUSIONES DENTALES EN PREESCOLARES DE LA GRAN CARACAS
VOLUMEN 45 Nº 2 / 2007

Recibido para arbitraje: 02/08/2005
Aceptado para publicación: 02/11/2005

1. Blanco-Cedres Lucila. Doctora en Salud Pública. Profesora Titular de la UCV, Facultad de Medicina /
2. Guerra María E. Especialista en odontología infantil. Profesora Agregado de la UCV, Facultad de Odontología /
3. Rodríguez Sebastián. Estudiante de 5to año de Odontología, la UCV. Pasante del IVIC. Mención Honorífica a la Investigación, Sociedad Venezolana de Odontopediatría, 2005.
RESUMEN
El objetivo del presente trabajo es establecer la relación entre el período de lactancia materna y la presencia de maloclusiones dentales, a partir de un estudio transversal en una muestra de 226 niños preescolares de la Gran Caracas. Las mediciones odontológicas fueron realizadas por un odontólogo previo entrenamiento y calibración. El análisis estadístico se basó en la prueba chi-cuadrado y el modelo de regresión logística. Los resultados muestran que más de la mitad (58%) de los niños fueron lactados por 6 meses o más. Así mismo, los niños lactados por un período menor de 6 meses presentaron de 3 a 15 veces el riesgo de presentar malocluciones dentales al compararlos con los niños lactados por 6 meses o más. Como conclusión se plantea que la alimentación al seno materno por 6 meses o más constituye un factor de protección de las maloclusiones dentales.

Palabras Claves: Amamantamiento, tipo de perfil, tipo de oclusión.

ABSTRACT
The objective of the present investigation was to establish the relationship between breastfeeding and the presence of dental malocclusions. A transversal investigation was carried out based on a sample of 226 from the Gran Caracas. A dentist of the department of Pediatric Dentistry of the UCV, previous training and calibration conducted the observations and dental measurements. The statistical analyses were based on the chi-square distribution and the logistic regression model. More than half of the children were breastfed for 6 months or more (58%). The relative risks for children breastfed for a period of lees than 6 months compared with the children breastfed for 6 months or more fluctuated between 3 and 15 for the presence of dental malocclusions. Breastfeeding for 6 months or more prevents dentomaxillofacial anomalies.

Key words: Breastfeeding, type of profile, type of occlusion.

INTRODUCCIÓN
En marzo 2004 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (U.N.I.C.E.F) presentaron la “Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño”, destacando a la lactancia materna como fundamental para la supervivencia infantil (1). Es indudable que el amamantamiento es la medida más eficaz y menos costosa para evitar la desnutrición y las enfermedades infecciosas durante los primeros meses de vida. Por otra parte, estudios odontológicos realizados en la última década tienden a indicar que la falta de la lactancia materna o un período corto de ésta se asocia con la presencia de maloclusiones dentales (2-6).

Al nacimiento la respiración es el primer estimulo funcional, siendo el amamantamiento el segundo. Durante este último, el complejo movimiento muscular que el niño debe efectuar con la mandíbula y lengua predominan sobre los otros huesos y músculos cráneo-faciales, contribuyendo éstos estímulos primarios al buen desarrollo de los maxilares. El amamantamiento favorece al maxilar inferior para avanzar de su posición distal con respecto al superior a una posición mesial. Es el llamado primer avance fisiológico de la oclusión (3). De esta manera, se evitan retrognatismo mandibulares y se obtiene mejor relación entre el maxilar y la mandíbula. Con la ejercitación de los músculos masticadores y faciales en el acto de lactar disminuye el 50% de cada uno de los indicadores de maloclusiones dentarías (resalte, apiñamiento, mordida cruzada posterior, mordida abierta, distoclusión, rotaciones dentarías) (4-9).

Dada la importancia de favorecer el crecimiento y desarrollo estomatognático y por ende, prevenir las anormalidades dento-maxilofaciales se realiza una investigación en una población de niños de la Gran Caracas, a fin de dar a conocer la repercusión de la lactancia materna en la prevención de maloclusiones dentales.

MATERIALES Y MÉTODOS
La presente investigación es un diseño transversal de la población de niños de 3 a 6 años de edad en preescolares de la Gran Caracas. La muestra corresponde a niños seleccionados aleatoriamente de un listado de preescolares inscritos en el Ministerio de Educación y Deportes en el período escolar 2004-2005.

El tamaño de la muestra se estimó considerando el estadístico: “porcentaje de niños amamantados por 6 meses o menos que presentan hábitos orales viciosos de succión y deglución, el cual según hallazgos de un estudio realizado en niños preescolares de Caracas 7 se estimó en 64,2%. De allí que, para una estimación con un error máximo admisible de 0,79%, y un error de tipo I del 5%, se estimó una muestra de aproximadamente 220niños. La muestra definitiva estuvo conformada por 226 niños; 112 niñas y 114 varones. 11,5% de 3 años de edad, 25,2% de 4 años, 34,1% de 5 años y 29,2 de 6 años.

La observación y medición odontológica la realizó un docente especialista en odontología infantil de la Facultad de Odontología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), previo entrenamiento y calibración por medio de técnicas ortopédicas funcionales y ortodoncicas.

Para la recolección de datos se utilizó un instrumento adaptado de la historia clínica de la Cátedra de Odontología Pediátrica de la UCV, éste fue sometido a prueba para su posterior ajuste.

Para la recolección de información se reunió a los padres y representantes de los niños seleccionados, explicándoles las técnicas de observación y medición odontológica. Aquellos niños cuyos padres y representantes accedieron voluntariamente a participar fueron examinados.

A todos lo niños se les realizó un examen odontológico, para recolectar componentes clínicos relacionados con el desarrollo de los maxilares. Además, se les tomo impresiones dentales de ambos maxilares con hidrocoloide irreversible, con el fin de elaborar modelos de yeso piedra, para tomar medidas del paladar en sentido transversal, longitudinal y su profundidad. También se observó el tamaño, la forma de la arcada y la alineación dentaría. En cuanto a la relación intermaxilar, se tomó en cuenta la relación molar de acuerdo a la edad. Así mismo, se tomaron fotografías de frente y perfil con el fin de obtener información sobre tipo de perfil y simetría facial. Se consideraron dos tipos de perfil: perfil convexo: presencia de un overjet mayor de 10mm; y perfil normal para la edad.

En el análisis estadístico de la información se utilizó la prueba Chi-cuadrado, así como el modelo de regresión logística; utilizando para ello el paquete estadístico SPSS 10 (10).

RESULTADOS
El 91,6% de los niños recibieron lactancia materna por algún período de tiempo; con los 58% amamantados por 6 meses o más; observándose una mediana de tiempo de lactancia de 6 meses. El 54,2% de las niñas fueron lactadas por 6 meses o más; un menor porcentaje de varones fueron amamantados por este tiempo (45,8%). Sin embrago, estas diferencias no alcanzaron significación estadística.

La tabla 1 presenta la clasificación de los parámetros odontológicos según el período de amamantamiento. Sistemáticamente se presenta una asociación significativa entre lactar por 6 meses o más y un perfil normal para la edad, paladar con características normales para la edad, normoclusión y mordida anterior normal.

Tabla 1
Variables odontológicas según período de lactancia materna

Riesgos relativos multivariantes para las maloclusiones dentales controlando por edad y presencia de hábitos orales viciosos, obtenidos a través del modelo de regresión logística se muestran en la tabla 2. El impacto del tiempo de lactancia sobre cada uno de ellos fue altamente significativo. Los lactados 6 meses o menos muestran 15 veces el riesgo de distoclusión, 4 veces el riesgo de exhibir paladar profundo, 3 veces el riesgo desarrollar una mordida anterior abierta y 3 veces el riesgo de presentar perfil convexo, cuando se comparan con los lactados por 6 meses o más.

Tabla 2
Modelo de regresión logística: riesgos relativos multivariantes
para variables odontológicas

DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos indican la existencia de una fuerte asociación entre un período de amamantamiento menor de 6 meses y la presencia de un perfil convexo, mordida abierta, distoclusión y paladar profundo. Exhibiendo los lactados por menos de 6 meses entre 3 y 15 veces mayor riesgo, ajustados por la edad y la presencia de hábitos orales viciosos, de presentar maloclusiones dentales cuando se comparan con los lactados por 6 meses o más. Siendo la distoclución la anomalía con el riesgo más alto.

Diversos estudios realizados en niños urbanos muestran que la distoclusión y el perfil convexo guardan asociación con el período de lactancia menor de seis meses (7-9). El amamantamiento le suministra al bebe la maduración y organización de los músculos para una óptima maduración neural en la ejecución de la función masticatoria; cuando ésta es deficiente, los músculos pterigoideos externos, que son los propulsores mandibulares, actúan muy poco, manteniendo a la mandíbula en posición distal. Los orbiculares permanecen abiertos y débiles durante la alimentación a biberón y perderán su tono muscular, trayendo como resultado que la boca esté abierta y la mandíbula se desplace hacia atrás. La alimentación a biberón contiene los movimientos fisiológicos mandibulares de mesialización, los cuales deben efectuarse a partir del nacimiento; fuerzan la mandíbula hacia la faringe y esta presión anormal acompañará el correspondiente cambio articular temporo mandibular6. La distoclusión es el producto de varios factores, herencia y estímulos ambientales, donde uno de los más inmediatos es la posición fisiológica distal de la mandíbula al nacer, que puede mantenerse durante todo el período de dentición temporal y permanente. Los factores son: hábitos viciosos, como succión del pulgar, inhibición del crecimiento del mandibular, actividad masticatoria insuficiente, respiración bucal, postura incorrecta durante el sueño y, alteraciones del desarrollo en el arco de la mandíbula sin dejar de destacar los factores genéticos (6).

Hallazgos de otras investigaciones indican una relación entre la mordida abierta y el período de lactancia materna (7-9). La mordida abierta es ocasionada por diversos factores, uno de los ellos es la interposición de la lengua entre ambas arcadas en el momento de tragar por persistencia de la deglución infantil o por el hábito nocivo de succión del dedo u otro objeto. El objeto interpuesto entre ambas arcadas, rompe el equilibrio dentario y bucal normal, produciendo presiones contrarias a las fisiológicas que anulan el mecanismo normal y natural, y cuya continuidad trae como consecuencia la deformación cráneo-facial (9). La deglución atípica por interposición lingual o labial se presenta en niños lactados por un período menor de seis meses (7-9). La misma se considera como una persistencia de la deglución infantil, por falta o ausencia de amamantamiento, lo cual no permite la maduración normal de la función y trae como resultado la incorrecta postura de los órganos bucales, ocasionada por la alimentación a biberón. El orbicular de los labios es el único músculo que cierra la boca en su posición anterior, manteniendo la curva de la arcada dentaría y sostiene las fuerzas internas bucales. Al permanecer los labios separados por una tetina o chupa más gruesa, dura y larga que el pezón materno, su tono muscular reduce y rompe el equilibrio linguo-vestibular, predisponiendo el espacio bucal anterior a permanecer abierto (11).

El paladar profundo ha sido objeto de varias investigaciones, por ser un rasgo común en pacientes que presentan trastornos funcionales, tales como respiración bucal y deglución atípica. Carlos Guardo (1981) plantea que: “La presión lateral de los tejidos y masas musculares, va generando en los huesos jóvenes, una disminución de diámetros transversales y atresias, que acompaña también a bóvedas palatinas estrechas y altas, comúnmente llamadas ojivales” (12). Esto se debe a que la boca está en relación directa con funciones tales como la respiración, amamantamiento, succión, deglución y masticación; por otra parte la boca está rodeada por poderosos grupos musculares que juegan un papel importante en el desarrollo del macizo craneofacial y en el funcionamiento armónico del aparato bucal, de allí que las alteraciones funcionales perturban la morfología de los maxilares. La presente investigación mostró asociación entre la presencia de paladar profundo y un período de lactancia materno menor que 6 meses independiente de factores como la edad del niño, sexo y la presencia de hábitos orales viciosos. Hallazgos similares se han reportado en la literatura, aunque sin el control de factores asociados (7-9).

Los resultados de la presente investigación contribuyen a precisar con más detalle la relación entre el período de amamantamiento y las variables asociadas con la prevención de patologías en el desarrollo de los maxilares, en una población de preescolares de la Gran Caracas. Es indiscutible que la lactancia materna es la medida más eficiente y menos costosa para evitar enfermedades infecciosas y desnutrición durante los primeros meses de vida. En este sentido, la OMS y la U.N.I.C.E.F en marzo de 2004, presentaron la “Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño”, la cual se establece como un plan de importancia inestimable para que los gobiernos fomenten los entornos que estimulen a las mujeres a adoptar decisiones informales acerca de la alimentación de sus hijos1. En la República Bolivariana de Venezuela, el Ministerio de Salud y Desarrollo Social en la Resolución Nº 444, Gaceta Oficial Nº 38032 del 28 de septiembre de 2004, estableció la protección, promoción, apoyo e impulso en todos los establecimientos de Salud la política y práctica de la lactancia materna. Desde el punto de vista estomatológico, el cumplimiento de esta estrategia y resolución contribuirá al estímulo de la maduración de las funciones del aparato bucal en la prevención de las maloclusiones dentales, las cuales ocupan los primeros lugares de los problemas de salud en Venezuela 8. En conclusión, la lactancia materna por un período de 6 meses o más previene las maloclusiones dentales.

AGRADECIMIENTO
Esta investigación fue financiada en su totalidad por el Consejo de Desarrollo, Científico y Humanístico de la Universidad Central de Venezuela. CDCH: No 09-11-4881-2001.

REFERENCIAS

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EL AMERICANISMO – I PARTE

I. EL MITO AMERICANISTA

¿Qué es el americanismo? Parece que casi nadie se ha interesado por responder a esta pregunta1. Nosotros hemos estado sorprendidos de la abundancia de textos que pueden clasificarse como «americanistas» y de la ausencia casi total de estudios analíticos a su propósito. Hasta donde se sabe, uno de los primeros que intentó definirlo fue el argentino Alfredo Palacios, en una conferencia en la Universidad de Buenos Aires, en julio de 1923.

A nuestro modo de ver, esta conferencia puede ser considerada como una guía inicial para el estudio del americanismo. En ella Palacios nos muestra algunos de los elementos que están en la base y que dieron forma al sentimiento nacionalista. Todo esto puede resumirse en esta cita:

Es argentino el ejército que triunfa en Chile y da libertad al Perú. Es colombiano el vencedor de Ayacucho; venezolano Bolívar, que independiza Ecuador, Colombia y Bolivia. De norte a sur, recuerda el peruano García Calderón, hermosa fraternidad, curioso intercambio de patrias, dan a los campos de batalla espléndida variedad de hombres; la conciencia de antiguos lazos afirmados en estas gloriosas campañas suscita un sentimiento permanente: el americanismo.
Nuestra revolución fue americana. Lo han reconocido todos los historiadores, y Rojas ha podido afirmar que la argentinidad tendía en el alma de los próceres hacia la forma progresiva de americanidad… Pensamos, sólo, en que ha de impulsar a nuestra América un ideal permanente de justicia y que somos todos, hijos de la revolución, cuyas rebeldías fulguraron, lo mismo en Caracas, que en Buenos Aires y la Paz.2

A continuación, Palacios refiere algunos de los elementos que componen la estructura del mito americanista; nombra a los que llama «héroes de la solidaridad continental »: Simón Bolívar, José de San Martín, O’Higgins, Monteagudo, Pueyrredón, etc.; enumera los diversos proyectos de unidad continental que aparecen en 1811 y se continúan hasta 1847; subraya en estos últimos las ideas de «fraternidad», «patria americana», «federación perpetua de los pueblos americanos»; insiste en la incorporación del Brasil, etc.; cita como acontecimientos mayores el Congreso de Panamá de 1826, la Revolución Mexicana y la Reforma Universitaria; y, después de describir los «caracteres comunes» de estos pueblos, concluye:
En 1826, el Congreso de Panamá afirma la unión moral de las repúblicas congregadas, y en 1847, en Lima, se declara que las repúblicas, ligadas por el vínculo de origen, el idioma, las costumbres –por su posición geográfica, por la causa común que han defendido, por la analogía de sus instituciones y, sobre todo, por sus comunes necesidades y recíprocos intereses, no pueden considerarse sino como parte de una misma nación.3
Palacios hace suyas estas opiniones y propone a las «democracias hermanas» «superar nuestro patriotismo» y hacer «de la América nuestra, una entidad colectiva, respetable, aun manteniendo las soberanías particulares»; asimismo, se sumaba a las diversas voces que, desde la Independencia hasta esos años, pugnaban por «ampliar la patria hasta hacerla americana» y crear así la «ciudadanía continental»4.
Estas últimas observaciones tenían directa relación con el segundo tema: el imperialismo yanqui. Es muy sintomático que Palacios dedicara más de la mitad de su conferencia a hablar del imperialismo yanqui. Esto es una muestra inequívoca de que la actitud antiimperialista es uno de los aspectos más remarcables del americanismo. En efecto, el conferencista lanza duras críticas al «panamericanismo», que, según decía, es la «política imperialista del capitalismo yanqui»5. En seguida hace una revisión histórica de las diversas invasiones de Estados Unidos de Norteamérica a los países latinoamericanos, de la política de empréstitos que les imponía, del petróleo y los recursos naturales que absorbía, del armamentismo, etc. Asimismo, desarrolla otros temas de carácter antiimperialista: habla de la plutocracia yanqui, critica la doctrina Monroe, el panamericanismo y el darwinismo social que enarbolaba el imperialismo6; opone la América europea a la América autóctona de los incas, mayas y aztecas; afirma que los límites de América Latina o Ibera se encuentran «entre el Río Grande y la Tierra de Fuego»7.
Finalmente, critica la «apropiación» del nombre de América por los del norte y sostiene que «los representantes verdaderos de América» «somos nosotros», los aborígenes y los que se mezclaron en ellos8.
He aquí los ideales y las fuentes históricas que nutren y dan forma al mito americanista.
Según Palacios, todo esto explica «esa emoción americana que es una especie de patriotismo agrandado»9. Aquí quedan bosquejadas algunas de las más importantes características del universo temático del nacionalismo continental latinoamericano.

II. ¿EXISTE AMÉRICA LATINA?

Como podrá observarse, ahí hay una serie de afirmaciones que, por deformar la realidad, deben ser clasificadas como concepciones ideológicas. El análisis crítico de ellas debe permitirnos dilucidar la trama histórica del americanismo. La más importante es la afirmación siguiente: «América es una nación».
En principio es necesario hacer algunas precisiones conceptuales. La idea de nación ha sido una de las apropiaciones más inútiles y artificiales que ha hecho América de Europa. Como se sabe, este concepto aparece como un nuevo proyecto comunitario con la Revolución Francesa de 1789. Ésta atacó a las corporaciones, las comunas y todo lo que implicara realidades comunitarias; simultáneamente se creó un nuevo Estado centralista y unitario que se asentó en una nueva «comunidad imaginaria »: la nación. Ella pronto se convirtió en la nueva y englobante referencia comunitaria.
Así los revolucionarios lograron implantar, con la ayuda del Estado, esta nueva dimensión societaria, con el objetivo de llenar el «vacío afectivo» dejado por las desaparecidas o abatidas «comunidades reales». De esta manera se inicia una época en que «el principio de las nacionalidades» modifica la carta de Europa (1830-1880).
Al respecto, según Hobsbawm, en ese proceso de creación de naciones, los europeos se planteaban dos preguntas:
1) ¿cuáles eran, entre las numerosas poblaciones de Europa, las susceptibles de ser clasificadas en la categoría de «nacionalidades», y por ende, las que podrían obtener un Estado?;
2) ¿cuáles eran, entre los numerosos estados existentes, los que tenían verdaderas características de una nación? Evidentemente, concluye Hobsbawm, «no todos los estados coincidían con las naciones, ni a la inversa»10.
Nada de esto sucedió en América. La idea de nación no tenía aquí pueblos o comunidades históricas diferenciables en el campo social, cultural ni político; en esas condiciones, el debate sobre «el principio de las nacionalidades», tal y como se planteó en Europa, no existió ya que la realidad de este continente era totalmente diferente.
En todo caso, preguntamos: ¿qué criterios «nacionales» podrían argumentarse para justificar la división de los estados andinos o centroamericanos?, ¿eran naciones diferentes?
Y lo que es grave: ¿eran naciones? Fácil es pues constatar que la idea de nación no tuvo asiento real ni ideológico en estas tierras.
En esa época, como lo es ahora, América Latina era un continente social, cultural y políticamente mucho más homogéneo que Europa, Asia, África e incluso Estados Unidos de Norteamérica. Aquí el gran debate se hizo sobre la idea de la soberanía, lo que en algunos casos se confundió con la idea de nación. Pero lo que debe quedar claro es que esta última era un sentimiento de pertenencia regional o local, cuyo origen se encuentra en las antiguas unidades administrativas coloniales: los virreinatos, capitanías generales, audiencias y en última instancia la ciudad-provincia11.
En esas condiciones, el sentimiento de pertenencia a una comunidad, región o provincia era fundamentalmente territorial, localista y a lo más político. En realidad, el llamado «sentimiento nacional» se forma tardíamente y está vinculado a las guerras civiles, los proyectos de construcción de los estados nacionales y finalmente a la enseñanza de las historias patrias en los colegios, fundamentalmente hacia fines del siglo XIX.
La extensa bibliografía existente sobre la Independencia nos muestra que lo que estaba en juego no era la formación de naciones sino de patrias12. En el caso peruano,
Jorge Basadre ha demostrado que antes y después de la independencia, lo primero que aparece en este continente como «conciencia de sí» fue la idea de patria. Aquí, como en otros países de América, los revolucionarios se llamaban «patriotas» y la mayor parte de los grupos independentistas se autodenominaban «sociedades patrióticas »; además, durante muchos años, en el Perú todo acto oficial comenzaba con un rotundo «¡Viva la Patria!»13. Esto es importante remarcarlo porque entre una y otra noción hay diferencias importantes. La noción de patria es más antigua que la de nación, pero ambas tienden a superponerse y confundirse a partir de la Revolución Francesa14. En términos generales, la patria evoca las ideas de pueblo, territorio, ley, padres fundadores, libertad, acción política y Estado; es la civitas, la comunidad organizada políticamente. La nación alude más a una comunidad afectiva, a su espacio e identidad cultural. En este sentido, mientras patria nos remonta a la idea del «patriarca», del padre común y del Estado15, la nación nos lleva a la comunidad, la hermandad y la madre nutricia 16. Es cierto que ambas nociones se interceptan en la «tierra», pero mientras la patria se refiere a ella como condición o espacio ocupado, la nación la evoca como situación o espacio vivido17.
Aunque América Latina es un continente bastante homogéneo, la existencia de rasgos «comunes» no es suficiente para mostrar la existencia de una comunidad nacional.
En efecto, la llamada «nación continental» tuvo dos grandes obstáculos para su realización: primero, los sentimientos patrióticos o «nacionalismos particulares»; y segundo, las separaciones administrativas así como la falta de comunicación que permitiera a sus miembros un mínimo de cohesión y consenso con respecto a un proyecto societario común18. Es así que después de tres siglos de dominación colonial, España dejó a este continente en una situación paradójica: primero, la relativa homogeneización de esa misma población en el campo de la religión, la lengua, la tradición y la mezcla racial; segundo, la división administrativa colonial que separaba las poblaciones en virreinatos, capitanías generales y audiencias, que propició la formación de unidades políticas regionales distintas y muchas veces en conflicto. Esto último fue favorecido por el aislamiento derivado de las políticas comerciales monopólicas de la metrópoli, los conflictos raciales y culturales, así como la extensa y difícil geografía del continente19.
Es sobre la base de lo primero que se forma el americanismo y sobre lo segundo que se consolidan los nacionalismos particulares.
Con la desaparición del Estado colonial sobreviene la época del nacionalismo iberoamericano, que se extiende entre 1810 y 1844. En esta época estallan guerras civiles, la mayoría de ellas auspiciada por las oligarquías regionales, que convertidas en clases dominantes en las antiguas unidades administrativas coloniales, impulsaron el nacimiento a los nuevos estados. En realidad, las clases dominantes criollas fueron los verdaderos soportes de la independencia. Ellas dieron sus fortunas e incluso ofrendaron las vidas de sus hijos.
Entre 1808 y 1828, un gran número de familias aristocráticas criollas se arruinaron; al respecto, basta recordar que entre 1814 y 1816, cuando se produce la contraofensiva española, «más de dos tercios de las grandes familias terratenientes sufrieron pesadas confiscaciones» y casi el mismo porcentaje dieron sus vidas por esa causa20.
En términos generales, pocos años después de iniciarse el proceso de la independencia, la euforia unionista disminuye y surgen los conflictos entre caudillos, familias oligárquicas y otros grupos de poder. Así se iniciaba la segmentación de este continente, hasta ese entonces dominada y gobernada unitariamente por el imperio español. En 1811, Paraguay se independiza de Buenos Aires; en 1821, Brasil se anexa el Uruguay; en 1825, Bolivia se separa del Perú y Brasil entra en conflicto con Buenos Aires; en 1828, Uruguay se separa del Brasil; en 1830, se divide la Gran Colombia y nacen Venezuela, Colombia y Ecuador; en 1832, Colombia declara la guerra al Ecuador; en 1835, San Salvador se subleva contra la República de América Central, México sufre una guerra civil y Texas se declara República Autónoma, se crea la Confederación Peruano-Boliviana, que intentó reunir a ambos pueblos; en 1836, Chile declara la guerra a la Confederación Peruano-Boliviana y esta última se disuelve; en 1838, se divide la República de América Central y aparecen Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica; en 1844, se separa la República de Santo Domingo de Haití.
Los estados latinoamericanos fueron, pues, construidos sobre dos dimensiones: a) la antigua división administrativa de la colonia; y b) los intereses políticos y oligárquicos de familias y otros poderosos grupos locales. Lo primero generó el sentimiento de arraigo local, y legitimó luego, en la independencia, el principio del uti possidetis, que convertía esas divisiones en el armazón territorial de los nuevos estados. Lo segundo consolida el arraigo local, enerva los conflictos territoriales y genera las primeros grupos dominantes locales, salidos esta vez de las huestes criollas. Como se observa, la lógica de construcción de los estados no obedecía a diferencias históricas, sociales o culturales entre estos pueblos, sino a divisiones administrativas, intereses locales de índole político e incluso familiares. En oposición, en Europa los países se construyeron casi siempre sobre espacios ocupados por comunidades con historias y características socioculturales diferenciables. Esto es comparativamente muy importante. En efecto, George Burdeau afirma que en países antiguos como los europeos «es la nación la que hizo el Estado».21 En América Latina, al contrario, eran estos los que intentaban formar naciones. En ese sentido, estos nuevos estados eran estrictu sensu, «estados sin naciones».22
Precisamente por ser «estados sin naciones», el discurso nacionalista de los grupos dominantes mostró todas las características de una prédica patriótica: se basaban fundamentalmente en el Estado (como expresión territorial y político-administrativa) y no sobre la comunidad histórica (dimensión social y cultural de la nación). Esto se nota más claramente a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando se inicia la era del imperialismo. Las relaciones con éste fueron de tipo vertical y no horizontal: alianza y subordinación al imperialismo yanqui e inglés; conflicto y competencia con los estados vecinos. Tanto las alianzas como los conflictos se hicieron a partir del Estado y no de la sociedad, es decir, a partir de las diferencias y no de las semejanzas. En síntesis, los nacionalismos particulares se muestran externamente dependientes, lo que al final de cuentas es la negación misma del nacionalismo; e internamente, al fundarse en el Estado-territorial, antes que en la nación (que como realidad no existía ni podían reivindicar), aparecen como patriotas y no como nacionalistas.
Contrariamente a estos últimos, los americanistas, y particularmente Simón Bolívar, José Martí y Manuel Ugarte,23 sostenían la existencia de la nación americana tomando como base la lengua, la raza, la religión, la tradición «comunes», y sobre estas características elaboraban metáforas que hablaban de América como una madre y de sus miembros como hermanos.24 Esto es muy usual en la retórica de los criollos americanistas.
Aquello es particularmente revelador porque el criterio de unidad, inicialmente elaborado por los independentistas, era de carácter étnico. En efecto, ellos hacían referencia a lo criollo no solo por una cuestión de poder, sino porque, objetivamente, este grupo étnico-social era el único que podía ofrecer un criterio de unidad continental. En los territorios de la antigua colonia española había un gran número de lenguas, razas, culturas, de las cuales los criollos y la cultura colonial eran minoritarios. No obstante, estos últimos eran los más ilustrados, los únicos que tenían comunicación regional e interregional, poseían una identidad cultural y étnica, tenían similares intereses económicos y una voluntad de poder que no tenían los otros grupos sociales.
Esto demuestra por qué en las zonas de control político-administrativo español, donde se habían formado las aristocracias terratenientes criollas, surgieron las primeras campañas independentistas. Asimismo, explica por qué, pasada la independencia, el romanticismo del primer americanismo sucumbió rápidamente ante los intereses oligárquicos. Las proclamas que se dieron en quechua y aymara, el reconocimiento de la ciudadanía a los indios y de su rol fundamental en la construcción de la nación, la abolición de los tributos y la servidumbre, la entrega de tierras, etc., se convirtieron al poco tiempo en letra muerta.25 Como se sabe, la República fue incapaz de mejorar la condición del indio, debido a que propició la consolidación del feudalismo, prolongó el racismo colonial y convirtió a los criollos en la nueva raza clase dominante. La «hermandad americana», enarbolada por los independentistas, fue pues de origen e identidad criolla, y justamente sobre esta base étnico-cultural se pensaba la nación continental.
En conclusión, la nación americana es un mito y no una realidad. Además, el ideal americanista fue originariamente criollo y fueron ellos quienes levantaron ese proyecto y construyeron ese mito. América meridional tenía múltiples rasgos comunes, pero como proyecto nacional sucumbió al aislamiento de sus miembros, a los intereses y a la segmentación forzada que impusieron los grupos dominantes. No obstante, y a pesar de no serlo, ella tiene todas las características que la identifican como una nación inconclusa. En efecto, uno de los más importantes elementos que confirman la existencia real o potencial de una nación es el nacionalismo.26 En nuestro caso, la prueba de esto es precisamente la perviviencia del americanismo.
Si esto es cierto, entonces, ¿qué es el americanismo? El americanismo es un tipo de nacionalismo, pero de dimensiones y referentes continentales; es más, por sus diversas expresiones y características, aparece en la historia social latinoamericana como la corriente ideopolítica más parecida al nacionalismo europeo. Este es un sentimiento de pertenencia a una comunidad, cuyos límites no son los marcados por los estados que en ella existen, sino por la historia compartida y las semejanzas sociales y culturales de sus pueblos. Esto parece dar sentido real a la llamada «gran hermandad» y a los enunciados de identidad e intereses comunes entre esos pueblos. Así, cuando los nacionalistas americanos hablan de la Patria Grande, hacen referencia a esa comunidad histórica y continental que convive en este territorio. El americanismo es, pues, un sentimiento de pertenencia nacional-continental que se asienta en el pasado compartido, el mismo que proyecta a sus miembros hacia el futuro por el tácito o expreso deseo de vivir juntos.27

III. LA HISTORIA COMPARTIDA

Muchos estudiosos de los fenómenos nacionalistas sostienen que «la historia compartida» es una de las fuentes de inspiración más importantes del nacionalismo. Esto se da en el americanismo.28 En principio, este discurso nacionalista aparece como un estado de «conciencia» que presenta, aunque en forma rudimentaria, una ideología explicativa del pasado, del presente y del porvenir de la sociedad americana.29 En ese sentido, cuando Palacios afirma: «somos todos hijos de la revolución»,30 ubica la independencia como el pasado compartido por todos y el punto de partida del nacionalismo continental. A continuación veamos los aspectos más saltantes de esa historia compartida, y con ello, de la evolución del americanismo.
a) En el inicio, realidades y utopías
La historia de la independencia y del nacionalismo continental americano comienza con la «Carta a los españoles americanos», redactada en 1792 por el jesuita peruano Juan Pablo Vizcardo y Guzmán.31 Esta carta fue escrita en Francia, en plena revolución, y publicada en Londres en 1801. Es considerada como la primera proclama de la revolución americana. Su importancia no solo estriba en el hecho de haber sido leída clandestinamente por un gran número de cenáculos revolucionarios, sino también porque muestra dos elementos claves de la empresa independentista: 1) la ruptura con España; y 2) el deseo de redescubrir y restituir América a la realidad mundial.
Al comenzar su carta, Vizcardo y Guzmán afirma: «El nuevo mundo es nuestra patria».32 Esta identificación de los criollos con esta tierra se hacía en oposición a España y a los españoles. En efecto, al enunciar el monopolio político y comercial de ese imperio, decía: «España nos destierra de todo el mundo», «nos han creado como en una ciudad sitiada»:33 Luego sostiene que el pacto de justicia y protección entre el Rey y sus súbditos, no había sido respetado en América. A continuación entra en una asociación «edipiana», donde este continente aparece en «estado de infancia» y el imperio español aparece simbolizando la imagen «paternal»:34 Así, haciendo analogía con esta relación filial, afirma que «el hijo» debe emanciparse del padre y redescubrirse para provecho de la humanidad. Al final esboza esta visión utópica de América:
¡Cuando a los horrores de la opresión y de la crueldad suceda el reino de la razón, de la justicia, de la humanidad […] cuando sean echados por tierra los odios obstáculos que el egoísmo más insensato, opone al bienestar de todo el género humano, sacrificando sus verdaderos intereses al placer bárbaro de impedir el bien ajeno, que agradable y sensible espectáculo presentarán las costas de América, cubiertas de hombres de todas las naciones, cambiando las producciones de sus países por las nuestras! Cuántos huyendo de la opresión o de la miseria, vendrán a enriquecernos con su industria, con sus conocimientos y a reparan nuestra población debilitada. De esta manera la América reunirá las extremidades de la tierra, y sus habitantes serán atados por el interés común de una gran familia de hermanos.35
En esta cita se percibe uno de los aspectos más importantes del americanismo: su vocación universalista. Vizcardo y Guzmán plantea a los americanistas que vendrán luego, una de las tareas más arduas y formidables: la restitución de América al mundo, para el bienestar de la Humanidad.
Ahora bien, Vizcardo y Guzmán intenta persuadir al gobierno inglés para que participe en la independencia, pero no lo consigue. Este ilustre peruano murió en Londres en febrero de 1798. Esta carta y otros documentos llegaron a las manos del venezolano Francisco de Miranda, quien traduce parte de ellos al francés.36 Este último, que es uno de los más connotados precursores políticos de la independencia americana, incorpora en sus proyectos la herencia ideológica de Vizcardo y Guzmán.
Con Francisco de Miranda aparece por primera vez el mito del Estado Continental, propio del americanismo. Como veremos en este trabajo, esa idea se presenta como una especie de arquetipo o «imago» colectivo que orienta política e ideológicamente a muchos americanistas. Inicialmente, este mito aparece como la búsqueda del «Estado histórico».37 En efecto, parece que los criollos, en su deseo de independencia, rechazaron su desventurada identidad hispana y buscaron en lo indígena la base de la nación. Es así que se adherían romántica y episódicamente a una raza y una tradición que era precisamente opuesta a lo hispano y colonial. Además, en el pasado indígena había algo que ellos buscaban: el Estado histórico, unificador y poderoso, que actuando como criterio de unidad sobre la conciencia popular, sirviera de base para la construcción de la proyectada Patria continental.
Los personajes que expresan con mayor claridad este aspecto mítico del americanismo fueron dos. El primero es el prócer Francisco de Miranda, quien al concebir la colonia española como una gran nación, buscó en su historia un Estado continental que la abarcó y encontró el imperio del Tawantinsuyo. Es así que en 1801 propone la creación de un «Estado imperial americano», con sede en el istmo de Panamá. El Poder Legislativo se llamaría «Dieta Imperial», los representantes municipales y provinciales llevarían el título de «curacas» y los dos presidentes, elegidos por «los ciudadanos del Imperio», tendrían el «título de Incas, nombre venerado en este país.38 Como se observa, en su inicio (y continuará siéndolo por mucho tiempo después) el proyecto de construcción del mítico Estado continental se levantaba sobre la imagen arquetípica del Imperio de los incas.
El mismo proyecto del Estado continental lo encontramos en Bolívar, aunque en él no aparece como una propuesta política, sino como adaptación a los mitos andinos. En efecto, en el Cusco los indígenas lo recibieron de la misma manera en «que sus antepasados recibían a sus emperadores».39 Pero esta confusión o asimilación de la figura de Bolívar con la del inca o el rey comprometía a muchos grupos sociales e incluso a varios países.
Como veremos, los ejemplos son muchos. Lo importante aquí es que Bolívar, sensible a esta necesidad mítica, comenzó a evolucionar del régimen liberal republicano hacia una República Federativa con un presidente vitalicio, cargo que sería ejercido por él. Este proyecto quedó plasmado en la Constitución de Bolivia de 1826, esbozado en la «Confederación de los Andes» y en el tratado la «Federación Boliviana». Como se sabe, este tratado, en el que se mezclaba republicanismo y monarquía, debía extenderse a otros países.40
En realidad, el presidente vitalicio tenía todas las características de un Inca y la Federación Americana se parecía a un Imperio. Este «sueño imperial» o incásico lo expresa claramente Bolívar en su discurso al Congreso Constituyente de Bolivia, el 25 de mayo de 1925. Ahí, al hablar del presidente vitalicio, decía que era «como el Sol que, firme en el centro, da vida al Universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita, más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos, los hombres y las cosas».41
¿Bolívar quiso coronarse rey o inca de América? No hay ningún documento donde él o alguna persona cercana a él lo confirmen. Esto es cierto, pero también lo es que muchos quisieron que lo fuera. En efecto, Carlos A. Villanueva ha demostrado que hubo varios proyectos para coronarlo e incluso le ofrecieron la corona de Emperador en Caracas, Bogotá, Quito, Lima y Chuquisaca.42 En todas partes le rendían pleitesía, como si fuera un emperador. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en el Perú. Jorge Basadre afirma que aquí en muchas misas se cantaba: «De ti vino lo bueno, señor; nos diste a Bolívar, gloria a ti, gran Dios»; asimismo, cita esta reveladora décima satírica del clérigo José Joaquín de Larriva: «Cuando de España las trabas/ en Ayacucho rompimos/ otra más no hicimos/ que cambiar mocos por babas/ del poder de don Fernando/ al poder de don Simón»;43 Alberto Flores Galindo afirma que por esos años el pintor cusqueño Santiago Suárez pintó un lienzo donde hace confluir el Imperio del Tawantinsuyo como la República, y coloca a Bolívar como el continuador de los incas.44 Hermes Tovar comenta que en la Gran Colombia la figura de Bolívar había «despertado entusiasmo y había sido comparado con personajes bíblicos y aun con Jesucristo, lo cual legitimaba más la República».45 Uno de los ejemplos más reveladores lo da en 1824 el poeta ecuatoriano José Joaquín Olmedo, quien escribió un poema sobre la Batalla de Junín, donde Bolívar encarnaba al Inca Huayna Cápac dirigiendo a los Hijos del Sol a la victoria.46
Lo importante no es si Bolívar quiso o no quiso ser rey, sino que muchos querían y esperaban que lo fuera. Esto puede explicarse por la enorme influencia de este héroe continental, pero es fundamentalmente debido a que en aquella época los hispanoamericanos no conocían otro régimen que el monárquico. Lógico era pues que buscaran un rey o inca que llenara el vacío de poder dejado por el rey de España y pare la anarquía que los caudillos habían desatado en el continente. Esto explica que en muchos países de esta región existieran constituciones o proyectos monárquicos y que muchos caudillos fueran gobernantes absolutos, mucho más poderosos que los mismos reyes europeos.47 Lo cierto es que muchos buscan ser proclamados reyes, aunque solo Iturbide lo logra en México; que varios se proclamaran dictatores supremos, aunque solo dos lograron avanzar hasta el final de sus objetivos: en Paraguay, José Gaspar de Francia fue nombrado «Dictador perpetuo», y en Guatemala, Rafael Carrera logró ser proclamado «Presidente vitalicio». Parece que no hay dudas: los hispanoamericanos, sorprendidos por la inesperada independencia, buscaban naturalmente un nuevo rey. Bolívar no quiso serlo, pero ese deseo insatisfecho pervivirá, con algunos simulacros, largo tiempo en estas tierras, muy a pesar de las improvisadas repúblicas que se instalaron en los nacientes estados-nación.

b) La independencia y «el deseo de vivir juntos»

Como hemos dicho, a partir de 1810 las antiguas colonias hispanas se dividen y dan origen a los nuevos países o estados-nación. De esta manera surgen dos realidades o comunidades imaginarias: la primera y más antigua es la criolla, que se asienta en el recuerdo del espacio colonial reconocido como realidad socio-cultural, al que reivindican como nación o patria continental; la segunda, nueva y más programática que imaginaria, es inventada por los intelectuales, caudillos y las oligarquías locales o regionales. La primera, que es la que aquí interesa, muestra inicialmente un vigoroso deseo de mantener unida a las antiguas colonias, en tanto realidad nacional, pero paulatinamente ese deseo se convierte en una propuesta ideológica y política. Esto último es el americanismo, lo que no es otra cosa que el «deseo de vivir juntos». En muchos casos esto lo vemos implícitamente en el accionar de muchas gentes, pero en otros casos lo vemos claramente expresado en acuerdos, artículos, proclamas, congresos, etc. Lo vemos en las proclamas de las Juntas Supremas de Caracas de 1810, de Santiago de Chile y Buenos Aires de 1811, en el Tratado de unión, liga y confederación de 1823, en el Congreso de Panamá de 1826, en el Congreso de Lima de 1847, etc.48
Todo parece indicar que ese «deseo de vivir juntos» comienza su recorrido a partir de la independencia. En realidad, la idea de pertenencia surge y se consolida en ese peregrinaje que fue la independencia. Como ha sido verificado en Europa y otros lugares, la peregrinación crea significados y lazos de pertenencia en las comunidades y particularmente en las llamadas «comunidades imaginadas» o naciones.49 En nuestro caso, los independentistas americanos recorrían los valles, las montañas, los ríos, y es allí donde en ellos brota un sentimiento de posesión de esas tierras, antes dominadas por los que ahora llamaban «extranjeros». Pero al mismo tiempo tenían como compañeros de viaje a personas provenientes de diferentes lugares, unidos en los mismos ideales, comulgando con los mismos intereses, comunicándose en la misma lengua, compartiendo la misma religión. Surge así la idea de lo «nuestro» y el «nosotros».
El proceso de la independencia del Perú dinamizó en gran medida ese peregrinaje americano. Esto fue así porque este país había sido y aún era el centro del poder político y militar del imperio español; además, porque ahí se encontraban los criollos más reacios a la independencia. Era fácil comprender que de la independencia del Perú dependía la independencia de Hispanoamérica. En esas condiciones, miles de individuos y grupos independentistas de diversos países del continente se encaminaron a este lugar. Así, Basadre afirma que al Perú llegaron «los aportes argentinos y chilenos, seguidos de los colombianos (lo que) contribuyó a desarrollar, junto con el nacionalismo propiamente dicho, el nacionalismo continental»:50
Esta enorme peregrinación propició y alentó el experimento americanista, el mismo que duró varios años. Efectivamente, los primeros presidentes del Perú fueron el argentino San Martín, el venezolano Simón Bolívar, el ecuatoriano La Mar y el boliviano
Santa Cruz; además, en el Congreso Constituyente de 1822 a 1825 hubo nueve diputados de Colombia, tres de Argentina, uno de Chile y uno del Alto Perú. Lo mismo se ve en otros países, donde hombres nacidos en otros países fueron políticos y hombres públicos en otros. Como dice Luis Alberto Sánchez, en esa época «no hubo extranjero en nuestras patrias chicas».51 Así, las luchas por la independencia habían creado, en la práctica, la «ciudadanía continental» que había sancionado la Constitución argentina de 1822 y que en 1826 proyectara el Congreso de Panamá.52
El americanismo surge pues de esta historia compartida por miles de criollos independentistas.53 Debido a las luchas se habían desplazado por todo el continente y, al encontrarse hermanados por ellas, compartieron, por muchos años, los mismos ideales americanistas. Al final del combate, después de desperdigarse por todo este territorio, siguieron siendo la «conciencia nacional continental» que sobreviviría todo el siglo XIX y parte del siglo XX, de mal grado los nacionalismos particulares.

c) El imperialismo y su rol en la formación de la identidad latinoamericana

Es indudable que la presencia amenazante de Estados Unidos sobre estos pueblos ha desempeñado un papel importante en la formación y evolución del americanismo. Como hemos visto, el americanismo expresa una relación emotiva de los hombres hacia su tierra; así, al evocar a ésta y sus límites, su invasión o amenaza provocaba inmediatamente la identificación de los enemigos. El enemigo primigenio fue el imperio colonial de España, pero a medida que se desarrolló la historia de la independencia y la formación de los Estados latinoamericanos, Estados Unidos comenzó a desplazar a España en el rol del enemigo. El origen de este último data de 1817, cuando el presidente de Estados Unidos, James Monroe, apoyó con armamento a los españoles para que arrojaran a las tropas de Bolívar de la isla Amelia. En efecto, éstas ocuparon esa isla e instauraron la República de la Florida. Sorprendentemente, Estados Unidos envió los barcos «El Tigre» y «Libertad» provisto de armamento para que los españoles recuperen sus tierras y arrojen a los «invasores». Los independentistas confiscaron estos buques, lo que marca el inicio de una tensa relación con Estados Unidos. Bolívar acusó a los angloamericanos de haber traicionado los principios de amistad al «dar armas a unos verdugos y para alimentar unos tigres que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana, la sangre de sus propios hermanos».54
El 23 de diciembre de 1817, el presidente Monroe ordenó la invasión de la isla y desalojó a los libertadores. A partir de ese momento, se produjo una serie de incidentes entre unos y otros por la posesión de la isla. El gobierno de Estados Unidos, preocupado por una nueva invasión de los sudamericanos, apresura sus trámites para adquirir La Florida. Ese había sido su verdadero interés. Así, en 1819, Estados Unidos recibió de España La Florida, a cambio de hacerse cargo de un pasivo de cinco millones de dólares.55
El 2 de diciembre de 1823, y cuando la independencia latinoamericana ya era casi total, el presidente James Monroe anunció en el Congreso norteamericano una doctrina que llevaría su propio nombre. Ella se componía de una serie de principios de política extranjera, donde anunciaba su decisión de protección al continente americano hasta el paralelo 51, de toda intervención colonial europea. En esta doctrina, bajo la consigna de «América para los americanos», Estados Unidos planteaba una ambigua relación con sus vecinos: de un lado, anunciaba su participación activa en la protección del continente; y del otro, insinuaba (por lo menos así será interpretada luego), su voluntad de dominación continental.56
A partir de ese momento Bolívar inicia un claro deslinde entre las dos «Repúblicas Americanas»: llama «extranjeros» a los del norte y los excluye de «nuestros arreglos americanos».57 Finalmente, se les opone cuando constata que los norteamericanos, ante la imposibilidad de boicotear el Congreso de Panamá, intentaban convertir a ese país en «jefe» de la Confederación Americana.58 Así fue cómo la obstrucción de los norteamericanos a los avances libertadores y unionistas de los sudamericanos creó, en estos últimos, los primeros signos de diferenciación y oposición político, étnico y cultural entre ambos pueblos.
Luego de estos acontecimientos, vemos aparecer claramente en el imaginario americanista, una suerte de doble visión geopolítica de América en el mundo. La primera surge en oposición a Estados Unidos y contempla, a contrapelo a la realidad geográfica que muestra tres zonas, la división de este continente en dos grandes áreas: América del Norte y del Sur.59 La segunda es la referida al equilibrio del mundo. En ella América Latina, libre y unida, aparece mediando y balanceando el poder que se disputan Europa y Estados Unidos en el mundo.
Esta última visión geopolítica está presente en Bolívar desde muy temprano, pero las contingencias de la guerra y las alianzas que ella implicaba la habían subordinado. Es solo después de conseguida la independencia y previsto el Congreso de Panamá cuando reafirma su propuesta sobre el rol que debería desempeñar América en el mundo. En efecto, Bolívar pensaba que la unión de los pueblos de América debería fundar, con la ayuda de Gran Bretaña, una nueva era en la humanidad. Aquella sería la del nuevo «equilibrio del Universo», formado sobre la base de esa «liga formidable» integrada por los pueblos de México, Perú, Chile, Buenos Aires, Nueva Granada y Venezuela.60 Él estaba convencido de que «la libertad del mundo está dependiente de la salud de América».61 Es en esa perspectiva que, en vísperas del Congreso de Panamá, sostiene que ese «nuevo mundo», impulsado por la Confederación Americana, sería formado por «naciones independientes, ligadas todas por una ley común»; y que de esa manera «un equilibrio perfecto se establecería en este verdadero nuevo orden de cosas».62
El rol de América en el «equilibrio del mundo» será retomado por el chileno Francisco Bilbao en su libro América en peligro (1862). Este fue una de las tantas respuestas americanistas a las invasiones de Santo Domingo por España, de México por Francia y de Estados Unidos a diversos países centroamericanos.63 En este libro, Bilbao retoma las ideas de América Latina como una gran Nación Continental, de la Asociación de las Repúblicas, la ciudadanía continental e inaugura la idea de «amenaza imperialista» de Estados Unidos con respecto a sus vecinos del sur.64 Pero lo que lo convierte en el más universal de los americanistas son sus propuestas para el equilibrio del mundo. Tal es así que después de afirmar que en esta parte del continente se encuentra «el alma primitiva y universal de la humanidad» y que sus hombres eran los llamados a «iniciar la profecía» de fundar «una nueva era», sostiene que el ideal o «el centro del movimiento americano» es la «asociación de las personalidades libres, hombres y pueblos para conseguir la fraternidad universal».65 Y concluye:
Sepamos contemplar a la humanidad doliente, que cual otro Prometeo protesta encadenado en Asia, África y Europa, dormitando bajo el peso de la naturaleza sin la libertad, o bajo la ciencia de la fuerza y el engaño, y que espera quizás la revelación de la justicia por la boca de todo un continente para proclamarse emancipada…
Nuestros padres tuvieron un alma y una palabra para crear naciones; tengamos esa alma para formar la nación americana, la confederación de las Repúblicas del Sur, que puede llegar a ser el acontecimiento del siglo y quizás el hecho precursor inmediato de la era definitiva de la humanidad. Álcese una voz cuyos acentos convoquen a los hombres de los cuatros vientos, para que vengan a revestir la ciudadanía americana. Que del foro grandioso del continente unido, salga una voz: ¡adelante! ¡adelante! en la tierra poblada, surcada, elaborada; adelante con el corazón ensanchado para servir de albergue a los proscritos y emigrados; adelante con la inteligencia para arrancar los tesoros del oro inagotable, depositadas en las montañas de los pueblos libres […] verdaderos intérpretes del Ser, nos ponemos en camino, cargando el testamento de la perfección del género humano.66

EL AMERICANISMO – II PARTE

d) «Nuestra América»

El estudio de la historia social y política latinoamericana muestra que la diferenciación y conflicto con los Estados Unidos se consolida a medida que este último agrede diplomática o militarmente a esos pueblos. Entre las múltiples intervenciones militares de ese país en América Latina, encontramos los siguientes hechos: en 1845 anexó a Texas, en 1846 se apropia de Monterrey y Nueva California, en 1848 se firma el Tratado de Paz entre México y Estados Unidos, mediante el cual este último se anexa Nuevo México, Arizona y Alta California. En 1856, el norteamericano Walker invadió Nicaragua y se proclamó presidente, y luego invadió El Salvador y Honduras. Finalmente, fue expulsado y regresó a su país con los honores de héroe nacional. En 1898 Estados Unidos anexa definitivamente Puerto Rico; en 1903 propicia y auspicia la separación de Panamá que formaba parte de Colombia; en 1910 invade Honduras, en 1914 México. Si hablamos en términos de ocupación tenemos los siguientes: Estados Unidos ocupa militarmente Nicaragua entre 1909 y 1910, entre 1912 y 1925 y entre 1926 y 1933; invade República Dominicana en 1914 y 1912, además la ocupa entre 1916 y 1924. Ocupa Cuba entre 1898 y 1902, en 1912 y entre 1917 y 1922. Ocupa Haití entre 1915 y 1934.67
Estas invasiones tenían su justificación ideológica en el Manifest Destiny, según el cual Estados Unidos tenía el derecho de ocupar todo el continente americano.68 Ese manifiesto permitió que a fines del siglo XIX este país adopte el «darwinismo social», que convertía al pueblo norteamericano en el «pueblo elegido», en «la raza superior» del continente.69 Coherente con esta visión racial, en 1912, el presidente norteamericano William Taft justificaba así esa política imperial:
No está muy lejos el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es moralmente nuestro.70
Como podrá entenderse, las invasiones, la opresión económica y el desprecio racial del imperialismo yanqui contra estos pueblos se constituyó en uno de los más importantes formadores del nacionalismo continental. Es decir, el fortalecimiento del americanismo es concomitante al nacimiento y consolidación del imperialismo angloamericano.
Muchos son los testimonios que lo confirman.71 Si esto es cierto para el largo plazo, en términos evolutivos el ascenso del americanismo puede localizarse en 1868, con el movimiento independentista de Cuba, y llega a su punto culminante en la Conferencia Panamericana de Washington en 1889.
Con respecto a lo primero, el movimiento independentista cubano contó con la solidaridad ejemplar de Colombia, Guatemala y Perú, entre otros países. El Perú en 1873 y Guatemala en 1875 fueron los primeros en reconocer a la República independiente de Cuba. Posteriormente, el Perú propuso un Congreso de Plenipotenciarios Latinoamericanos para apoyar su independencia y en 1875 envió a los rebeldes cubanos un cargamento de armas y municiones, además de hombres para lograr definitivamente su independencia. En este movimiento surgen varias figuras de jóvenes, entre las cuales destacaba el estudiante universitario José Martí. El ejército colonial español reprimió, encarceló y deportó a los insurrectos, pero su dominio ya era contestado y los movimientos de conspiración se mantuvieron durante muchos años. Es importante destacar que en pleno conflicto, Estados Unidos intentó anexarse Cuba. Con ese propósito, por un lado ofreció, por cuarta vez, comprarle la isla a España; y por otro lado, alentó y financió a diversos grupos cubanos de tendencias anexionistas.72
A causa de la difusión, consensos y consecuencias que tuvo, la Conferencia Panamericana de Washington de 1889 se convirtió en uno de los momentos más importantes del americanismo. En esa oportunidad vemos aparecer y afirmarse en los delegados latinoamericanos una conciencia de pertenencia a esta comunidad continental.
En efecto, en la conferencia el cubano José Martí y los argentinos Sáenz Peña y Quintana se levantaron contra las pretensiones de Estados Unidos de convertirse en maître del continente. Martí demostró esta inequívoca voluntad del dominio imperial a través de la reproducción de muchos comentarios periodísticos publicados en ese país. En ellos se anunciaba el inminente predominio del «coloso del norte» sobre el resto del continente. Esta no era una propuesta aislada y sin fundamento. Al contrario, en diciembre de 1889, se presentó en la Conferencia una moción en la que se propuso «que se constituya un gobierno federal de toda América, con el asiento en los Estados
Unidos». Asimismo, los organizadores del evento habían puesto en la sala de reuniones de la conferencia la Bandera Panamericana, en cuyos contornos dibujan también sus proyectos: «… al fondo del campo azul, limpio de las estrellas usuales, la cruz de mayo: delante, cubriendo con las dos alas tendidas al norte y al sur del continente, el águila: y el continente tiene alrededor un anillo de bodas».73
Por su entusiasta labor de coordinación, sus comentarios y propuestas, José Martí destaca en esta conferencia como uno de los más importantes ideólogos del nacionalismo continental. Él llamaba a luchar por «la segunda independencia»,74 que no era solo contra el «enemigo» español que aún dominaba Cuba, sino también contra el «pujante y ambicioso» vecino del norte.75 Asimismo, en su conocido ensayo Nuestra América decía:
Los árboles deben meterse en línea y cerrar el pasaje a los gigantes de siete lenguas! es la hora de la alerta y de la marcha hacia la unión, y nosotros debemos formar un batallón cerrado, como los filones de plata en el corazón de los Andes.76
A partir de ese momento, Nuestra América, título de este ensayo, se convirtió en uno de los más importantes eslogan identitarios del nacionalismo continental. Efectivamente, para Martí los pueblos hispanoamericanos tenían una historia compartida y características étnico-culturales que los identificaba y diferenciaba del pueblo angloamericano.
Esta identidad lo lleva a utilizar frecuentemente una metáfora filial, donde estos pueblos aparecen como hermanos e hijos de la «Madre América».77
En esa perspectiva, Martí afirma que en esa conferencia se manifestó entre los delegados latinoamericanos una identidad tácita «frente a las pretensiones norteamericanas». No obstante, no negaba que las relaciones entre muchos de estos estados vecinos se caracterizaban por la codicia de la tierra ajena o la desconfianza fronteriza, ni tampoco ocultaba que la relación de éstos con Estados Unidos era muchas veces de sumisión. Para ilustrar el estado de las relaciones entre los países de este continente, toma como ejemplo el drama español «Heren». Ahí, en la pluma de Martí, los hermanos Parellada (que representan iberoamérica) se enfrentan al ambicioso primo (representado por Estados Unidos) por la herencia.
Viene el primo a recoger la herencia, a ver que los Parellada se odien más, a estimularlos, con cuánto acá y cuánto allá, la cizaña, a echarlos, con invenciones y astucias, uno contra otro, a preguntarles, cuando ya los cree bien envenenados, si la razón social ‘marcha bien’; y el segundón generoso le salta al cuello, lo echa a tierra, y con la mano a la garganta le devuelve al primo, empolvado y tundido, la pregunta: ‘¿Qué tal marcha la razón social de los Parellada hermanos?’.78
Para Martí esta filial, aunque conflictiva, relación ente los estados latinoamericanos se explican porque «Nuestra América» tiene características culturales y étnicas que le dan identidad a sus pueblos. Con el objetivo de diferenciar a estos pueblos del «otro», Martí rechazaba el Panamericanismo, propugnada por Estados Unidos, y adoptan la denominación de América Latina. Como se sabe, este nombre fue inventado en Francia hacia 1860 y obedecía a una estrategia geopolítica de Napoleón III, quien buscaba reanudar los lazos rotos por la independencia a través de un panlatinismo que le facilitara la recolonización Latinoamérica.79 En este contexto, la «latinidad» servía a Martí como criterio de diferenciación entre los dos pueblos del continente, pero entiende «América Latina» como una comunidad cuya identidad racial es «mestiza» e «india». Es a partir de la identidad india que hacía la diferencia con «América del Norte» que, según decía, ahogaba «en sangre a sus indios». Por ello negaba a «los del norte» el derecho de reivindicar la identidad americana. Según Paul Estrade, Martí estaba convencido de que «la otra América usurpa el nombre con el cual se adorna; que ella se aleja de sus orígenes; que ella pierde sus rasgos autóctonos, desfigurada por la desaparición de la población, las reservas indias y por la inmigración europea que la sumerge».80
Como se observa, Martí introduce una de las más importantes modificaciones ideológicas en el americanismo: el soporte y la reivindicación identitaria pasaba de lo criollo, expresado por la primera generación americanista, a lo indio y mestizo, que será adoptada y desarrollada por la segunda generación. Otra modificación importante es la referida a la división geográfica del continente. En efecto, él se opone a la clásica división de las «tres Américas» e insiste en que solo habían dos: la «América Latina» y la otra a la que califica de «sajona», «inglesa» o «europea».81 Para él la primera comprendía «todas las tierras insulares y continentales» que se encontraban entre «el Río Bravo y el Estrecho de Magallanes».82 En la perspectiva étnico-cultural, muestra el carácter mayoritariamente indio y mestizo de «Nuestra América»; y geopolíticamente la comprende formada también por las Antillas y el Brasil, zonas de gran población esclava de origen africano que, por depender o tener sólidas relaciones con países coloniales europeos, por táctica, Bolívar había excluido del proceso emancipador.
Así, con Martí el americanismo experimentaba sensibles modificaciones: a los criterios de origen, raza, lengua y religión, esbozados por el inicial nacionalismo continental criollo, sumaba el territorio, pero dándole mayor fuerza integradora. Pero volvamos a la Conferencia Panamericana. Los proyectos más importantes planteados en ella fueron: uniformar los derechos aduaneros, dar un mismo patrón de pesas y medidas, impulsar los intercambios económicos y financieros, dar un nuevo código americano sobre el arbitraje internacional, e implantar la moneda única. En cada uno de estos proyectos, los delegados norteamericanos trataron de imponer sus criterios e intereses, intentando así consolidar la supremacía económica y el control político de Estados Unidos sobre los otros países del continente. Como se sabe, los delegados latinoamericanos no solo lograron impedir esas pretensiones, sino incluso controlaron el evento tanto a nivel directivo como resolutivo.
En el balance final, la conferencia fue un fracaso para los angloamericanos y un triunfo de los latinoamericanos. En esa perspectiva, uno de los hechos más importantes en ella es que estos últimos se mostraban como una comunidad de intereses económicos y políticos, hecho que confirmaba, a propios y extraños, la vigencia del nacionalismo continental. Aunque en un inicio se notaba en algunos delegados una tendencia pronorteamericana, a medida que transcurrían las sesiones fueron apareciendo claramente dos bloques, o como decía Martí, «las dos nacionalidades del continente».83
Es sobre la base de sus identidades e intereses contrapuestos que el «panamericanismo» y el «americanismo» mostraron sus fundamentos ideopolíticos.
Esto aparece claramente en la polémica que se suscita en torno al proyecto Zollverein, en el que, inspirándose en la unificación alemana, se planteaba unificar el continente bajo la dirección de Estados Unidos. Este proyecto, según Martí, estaba apoyado por los adeptos a la doctrina Monroe que buscaban extender el dominio de Norteamérica sobre todo el continente y el mundo.84 Frente a esto el argentino Sáenz Peña, a nombre de todos los sudamericanos, pronunció un enérgico discurso donde termina diciendo «América para la humanidad».85 Esta frase fue allí barrera de pretensiones imperialistas y sería luego adoptada por los americanistas como consigna ideopolítica que expresaba el criterio universalista de aquellos que, según Martí, al defender la América española apuestan por el «equilibrio del mundo».86
Poco tiempo después de la conferencia, Martí formó el Partido Revolucionario de Cuba, el mismo que tuvo dos características: primero, en él militaban cubanos, portorriqueños y dominicanos, lo que lo identifica como el primer partido latinoamericano de vocación continental; y segundo, al albergar en sus filas a miembros de la clase obrera, los sectores medios e intelectuales y la burguesía patriótica, aparece como el primer partido multiclasista, o como decían en la época, un «Partido de Frente Único Patriótico».
Enarbolando el ideal de «una República justa con todos y para todos», Martí y los miembros del Partido Antillés (el otro nombre con que se conocía el Partido Revolucionario de Cuba) parten de Estados Unidos el 30 de enero de 1895 y desembarcan en Cuba el 11 de abril. Después de coordinar acciones con los rebeldes que combatían bajo el mando de Antonio Maceo, el movimiento subversivo se extendió en toda la isla. Martí fue emboscado por las fuerzas realistas y murió el 19 de mayo de ese mismo año.
Habían pasado tres años y los rebeldes cubanos no habían logrado la independencia. Fue así que el 11 de abril de 1898 Estados Unidos intervino militarmente Cuba y Puerto Rico. Logró expulsar a los españoles e inmediatamente instauró un protectorado que pronto se reveló como una ocupación neocolonial: Estados Unidos se apoderó de las mejores tierras, las haciendas azucareras más importantes, las reservas mineras, las industrias de base, los ferrocarriles, los bancos, los servicios públicos y controlaron casi todo el comercio.87

e) La generación del 900

Esta ocupación no produjo la solidaridad continental que se observó en la sublevación cubana de 1868. Los gobiernos mostraron más interés en mantener sus lazos económicos con Estados Unidos que en levantar banderas integracionistas. Además, en esa época había un fenómeno social que ocupaba gran parte de los esfuerzos de aquellos.
Nos referimos a las migraciones de europeos, supuestamente de «raza superior», que desembarcaron en este continente entre 1850 y 1914.
Esta necesidad de atraer a la «raza superior» provocó que muchos estados americanos entraran en una cerrada competencia: se dieron generosas leyes y se crearon comisiones de inmigración, se construyen hoteles para los inmigrantes, se colocan cónsules en todos los puertos, se adelantó, redujo e incluso se regalaron pasajes a aquellos europeos que querían aventurarse en estas tierras. Con esas facilidades, entre los años 1875 a 1914, aproximadamente 45 millones de europeos cruzaron el Atlántico; proporcionalmente, casi se cuadruplicaba el movimiento de las tres décadas anteriores. Antes como ahora, la mayor parte se dirigió a Estados Unidos: algo más de la mitad, o bien el 60% si se suma Canadá. Entre los países de América Latina, solo Argentina y Brasil absorbieron alrededor de una cuarta parte del total.88
Efectivamente, entre 1875 y 1914, Brasil recibió cuatro millones de inmigrantes, Argentina 5.3 millones, Uruguay más de 400 mil; entre 1881 y 1915 llegaron a Paraguay 70 mil; y entre 1889 y 1904 llegaron a Chile 55 mil europeos.89 Estas enormes olas inmigratorias produjeron en la historia latinoamericana dos grandes fenómenos sociales: 1) se agudiza el mestizaje entre las razas, lo que a su vez estuvo acompañado de sensibles modificaciones en la dimensión clasista que habían tenido las razas; y 2) se transplantaron a este continente doctrinas y movimientos sociales que habían sido pensados para la realidad europea.
Con respecto a lo primero, las oligarquías, persuadidas de la «superioridad racial» de estos migrantes, les dieron fácil acogida y propiciaron las alianzas matrimoniales, lo que les permitió su rápida incorporación a la oligarquía; poco tiempo después muchos de esos inmigrantes formaron parte de la naciente burguesía latinoamericana. En ciudades como Valparaíso, Montevideo, Lima y Buenos Aires, los británicos manejaron el gran comercio y ocuparon las mejores viviendas; entre los franceses y los restantes grupos inmigrantes predominaron los oficios urbanos: habían comerciantes, hoteleros, profesores y artesanos. Muchos españoles fueron pulperos o esquineros, mientras que los genoveses monopolizaron el tráfico fluvial, particularmente en ambas orillas del río de la Plata. Para ellos las posibilidades de instalación y ascenso social fueron muy grandes, ya sea por el complejo de inferioridad racial de los americanos, por ausencia o escasa preparación técnica de la mano de obra local o porque los grupos dominantes preferían consumir los productos de origen europeo o hechos por estos inmigrantes.90
El segundo fenómeno social provocado por estas migraciones fue la implantación en estas tierras de doctrinas y movimientos sociales que surgieron en la realidad europea.
Esto fue particularmente grave para la historia del americanismo. En efecto, con la primera oleada, que se produjo entre 1830 y 1870, los europeos trajeron (principalmente a México, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay), el saint-simonismo, el fourierismo y el mutualismo proudoniano. Con la segunda, producida entre 1880 y 1914, trajeron principalmente el anarquismo y débilmente el marxismo.91 Estas ideologías introdujeron el internacionalismo y en esa perspectiva negaban o intentaban desconocer la realidad americana. Es por ello que el americanismo, como memoria colectiva, sufre, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, un claro debilitamiento y la amenaza del olvido. Esta nueva realidad demográfica transformará el discurso americanista y planteará diferentes tareas a las generaciones venideras.
Después de la invasión de Estados Unidos a Cuba y Puerto Rico, aparece una nueva generación americanista: la generación del 900. Ella estuvo conformada por el nicaragüense Rubén Darío, el uruguayo Enrique Rodó, los argentinos Manuel Ugarte y José Ingenieros, el colombiano Vargas Vila, los mexicanos Amado Nervo y José Vasconcelos, entre otros.92 Esta nueva generación tuvo que afrontar el bullicio, la dispersión y el aislamiento que trajo esa enorme multitud de extranjeros. Fue así que se plantearon luchar contra el amenazante olvido y se convirtieron en virtuales «misioneros del americanismo».93 Para ellos la tarea de rescate y divulgación de los llamados «designios unionistas» de los próceres de la independencia tuvo dos aspectos: la propaganda escrita y las peregrinaciones.
El destino de un continente (1923) de Manuel Ugarte y La raza cósmica (1925) de José Vasconcelos son libros de viajeros; ellos son las pruebas de la voluntad misionera de esa generación. En el campo de la literatura recogieron los mensajes unionistas de Simón Bolívar, José de San Martín y José Martí; critican al imperialismo yanqui, la doctrina Monroe y las «concepciones localistas» que «tenemos de la nacionalidad».94
En fin, buscaban la «reestructuración de la ideología continental»,95 es decir, la unidad y la reconstrucción social, cultural y política de la llamada nación latinoamericana.
Uno de los libros más importantes que produjo la generación del 900 fue Ariel (1900) de José Enrique Rodó. La importancia de este libro no solo radica en su contenido ideológico y su calidad literaria, sino también en la enorme difusión que tuvo. Fue el libro más reeditado de inicios del siglo XX, de lectura obligada en muchos colegios y universidades latinoamericanas. Asimismo, «Ariel» fue el nombre que adoptaron muchos centros culturales juveniles en diversos países de este continente.96
El gran tema de este libro es la oposición entre Ariel, que representa América Latina, y Calibán que representa América anglosajona. Aquí Rodó llama a la juventud latinoamericana a abandonar el «utilitarismo, la sensualidad y la torpeza» de Calibán y le pide seguir los caminos de Ariel, símbolo de «la razón y el espíritu, perfección y la moralidad humana».97 Este autor decía que los «americanos latinos» tienen «una herencia de raza, una gran tradición étnica que mantener, un vínculo sagrado que nos une a inmortales páginas de la historia, confiando a nuestro honor su continuación en lo futuro». Sostenía que debe «el genio de la raza imponerse en la refundición de los elementos que constituirán al americano definitivo del futuro».98 Es así que Rodó veía el problema de adaptación del americanismo a la nueva realidad continental.
Ubicado en su contexto histórico, este libro revela los profundos cambios que estaban produciendo las migraciones europeas y la necesidad de adaptación que frente a ello se planteaba el americanismo finisecular. Frente a la agudización del mestizaje, esta generación buscaba amoldar el americanismo a los nuevos tiempos: el «genio de la raza» de la que habla Rodó es en realidad la «refundición» de razas que experimentaba el continente, pero la herencia, la tradición y el «sagrado vínculo» étnico de lo americano está localizado en lo indio.
De esta manera, Ariel muestra el mestizaje como una marmita de donde saldría el nuevo hombre americano. Asimismo, este autor oponía a la «civilización utilitaria» y a la teoría de la raza pura de Norteamérica, el idealismo, la armonía y el mestizaje latinoamericano.
Aunque Rodó no llega a profundizar lo referente al mestizaje, en su obra encontramos aspectos importantes de «la ideología del mestizo» que Vasconcelos formula en 1925 y que marca profundamente la ideología política de la generación del Centenario.

f) El tiempo de las revoluciones

En el siglo XX hubo dos acontecimientos que impulsaron y dieron nuevos contenidos al americanismo. Ellos son la Revolución Mexicana de 1910 y la Reforma Universitaria que comienza en Argentina en 1918. Por la gravedad e irradiación continental que tuvieron, estos acontecimientos serán obligados puntos de referencia ideológica y política de las futuras generaciones americanistas.
La Revolución Mexicana comienza en 1900 como un movimiento de oposición a la reelección de Porfirio Díaz. Estuvo dirigido por los estudiantes universitarios, los sectores medios y algunos intelectuales organizados en el Partido Liberal Mexicano (PLM), cuyo principal líder era el anarquista Ricardo Flores Magón.99 En 1906 este movimiento da a conocer el Programa del PLM, con el cual el movimiento se convirtió oficialmente en «Frente de clases» donde participaban obreros, campesinos (muchos de ellos anarcosindicalistas), sectores medios, y la burguesía nacionalista.100
En su proyecto social, Flores Magón incorporaba la idea del germen de la sociedad futura, idea muy presente en el anarquismo europeo. Pero lo novedoso es que, según Magón, ese germen o célula social tenía presencia y vigencia en el mundo agrario mexicano: el calpulli de origen precolombino. Para él esta era la célula de la sociedad libre del futuro.
En México –decía– viven algunos millones de indios que, hace veinte o veinticinco años, vivían en comunidades, poseían en común tierras, los bosques, las aguas.
El apoyo mutuo era la regla de esas comunidades en las cuales la Autoridad se hacía sentir solamente cuando el agente Recolector de impuestos hacía su aparición periódica o cuando los guardias rurales venían a buscar los hombres para enrolarlos en la fuerza armada. En esas comunidades no había jueces, ni carcelero, ni ninguna otra plaga de esta especie […] el trabajo de cerco y de recolección se hacía en común, la comunidad se reunía hoy día para recoger la cosecha de Pedro, mañana de Juan y así sucesivamente […] en cuanto a la población mestiza ella tenía igualmente tierras comunales, bosques y aguas libres […] El apoyo mutuo era también la regla, las casas se construían en común, la moneda era casi innecesaria porque había intercambio de productos […] Como se ve, pues, el pueblo mexicano es capaz de llegar al comunismo, porque lo ha practicado, al menos en parte, después de siglos.101
Es así que vincula la revolución social al problema de la tierra, y todo ello al problema nacional.102 Según estos revolucionarios la solución del problema del indio pasaba por la expropiación de las tierras de los grandes latifundistas y compañías norteamericanas instaladas en ese país. En efecto, a inicios del siglo XX, México tenía un tercio de sus capitales de origen norteamericano. Los ciudadanos de este último país habían monopolizado la producción del cobre, el petróleo, el caucho, el azúcar, la banca y los transportes. Con respecto a la concentración de las tierras, el norteamericano William Randolph Hearst era uno de los ejemplos más típicos. Poseía más de tres millones de hectáreas en el estado de Chihuahua.103 Esto explica por qué el nacionalismo mexicano devino naturalmente en antiimperialista, o más precisamente, antiyanqui. Por ello, al estallar la revolución, Porfirio Díaz deja el poder a Madero, quien inmediatamente solicita el apoyo de Estados Unidos para enfrentar a los rebeldes del PLM, así como a los dirigidos por Emiliano Zapata y Pancho Villa. Estados Unidos aprovechó la oportunidad para enviar un batallón de mercenarios a Baja California con el propósito de derrotar al PLM y, una vez liberada esta zona, anexársela.
El gobierno norteamericano captura y encarcela a Flores Magón y a otros dirigentes, descabezando así al movimiento.
A partir de ese momento los libertarios «magonistas» se suman al movimiento de Emiliano Zapata, aunque él no era libertario. Pero la «incorporación de los magonistas a su movimiento, el apoyo que le brindó Regeneración, la nominación de Alfredo Quesnel como consejero y los acuerdos conjuntos de ambos grupos sobre la Reforma Agraria que quedaron plasmados en el Plan Ayala de 1911 atestiguan la simpatía que tenía Zapata por las ideas libertarias.104
Como se sabe, la historia de la Revolución Mexicana se prolonga durante muchos años. Es importante remarcar aquí que ella ha consolidado y profundizado el nacionalismo continental. Según Mariátegui, esta había «creado una comunidad más viva y más extensa» que «recuerda la que concertó a la generación de la independencia.
Ahora como entonces, la emoción revolucionaria da unidad a la América indoespañola».105 Efectivamente, México se convirtió durante años en el centro de inspiración revolucionaria y de referencia identitaria del continente. Ese acontecimiento fue vivido como el redescubrimiento de la identidad india de América. No por azar es en este país donde surge y se difunde la tesis de la raza cósmica, el vocablo Indoamérica y la bandera que dibujaba la silueta y los límites de la llamada nación latinoamericana: del río Bravo al estrecho de Magallanes.106
A nuestro modo de ver, esta Revolución tiene varios significados: fue cultural y reivindicativamente indigenista, pero políticamente fue una empresa multirracial y multiclasista; es decir, fue una revolución mestiza. Esto es tan cierto que uno de los principales objetivos del Estado posrevolucionario fue terminar de formar «la nación mestiza».107 De otro lado, la adhesión de muchos obreros, campesinos e intelectuales a los mensajes indigenistas, agraristas y antiimperialistas de esa Revolución creó en muchos países corrientes indigenistas y terminó dando nuevos contenidos ideológicos y políticos al americanismo.108 Finalmente, en ella se fusiona el americanismo, el indigenismo y el socialismo, dando nacimiento a la idea de la revolución nacional-continental.
La Reforma Universitaria fue otro acontecimiento que revitalizó el americanismo a comienzos del siglo XX. Pero mientras la Revolución Mexicana impulsa la crisis social y política, la Reforma Universitaria de Argentina marca el inicio de una formidable ruptura generacional en este continente. Este evento es importante no solo por ser el origen, sino además porque en su dinámica encontramos resumidos los grandes temas, los límites y las posibilidades del movimiento generacional del 20.
Los elementos detonadores de este acontecimiento se encuentran en la «situación generacional»109 que vivió la juventud a fines de la primera década. Julio González, uno de los principales líderes de la Reforma Argentina, recordaba años después:
La guerra europea dejó al mundo en ruinas, económica, social, institucional y moralmente. Todos los valores habían caducado, todos los principios habían hecho crisis. Los jóvenes que nos lanzamos a la vida, no encontramos sino ruinas y escombros por todos los confines. Eso ya no nos creaba una posición nihilista, negativa. No encontramos nada que nos mereciera respeto, ni siquiera atención de detenernos a estudiarlo y comprenderlo. Para el hombre nuevo de América, todos los sistemas habían caducado […] Frente a este panorama sombrío, la revolución rusa surgía como un lucero anunciando la aurora de un nuevo mundo.
Era una alucinación para los jóvenes de veinte años. Veíamos en ella la posibilidad de que sobre los principios de justicia se lograra la construcción de una nueva sociedad. Y hacia ella íbamos, no como adhesión política, sino como quien se deja encandilar por una luminaria que brillaba en el horizonte.110
Esta crisis de valores fue agudizada por el gobierno de Yrigoyen que produjo un clima reformista y antioligárquico. Además, la crisis se desarrolló en una sociedad atravesada por el conflicto entre la tradición colonial y el moderno desarrollo capitalista de algunas zonas. No fue pues por casualidad que el movimiento comenzara en la ciudad de Córdoba, ciudad carente de industrias, atrapada aún por el espíritu colonial, dominada por una oligarquía terrateniente y un influyente sector clerical.
A principios de marzo de 1918 los estudiantes demandaron el cambio del obsoleto régimen universitario. Como no obtuvieron respuesta, el 10 de ese mes realizaron la primera manifestación callejera, donde crean el Comité Pro-Reforma y se declaran en huelga general. Poco días después lanzaban el manifiesto que llevaba por título La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América. El primer párrafo dice:
Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica.
Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.111
Lo revelador de este manifiesto es que los estudiantes parten de una crítica al régimen universitario y, por analogía, hacen una crítica de fondo a la cultura y al régimen político, para terminar esbozando su propia alternativa societaria: «Mantener –decían– la actual relación entre gobernantes y gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos»; y agregan: «queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudios es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia». Erigiéndose como «un movimiento en suprema lucha por la libertad» hablan así de la futura República Universitaria: La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostienen que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno que los ciudadanos de democracia universitaria no piden sino exigen que se les reconozca el derecho y «a capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa».112
Aquí encontramos claramente delineado el conflicto generacional, bajo el aspecto de una revuelta contra la autoridad académica, y por extensión, contra todo el régimen político. Esto es lo que Mendel llama «la revuelta contra el padre».113 En efecto, el enfrentamiento entre los estudiantes y las autoridades de la Universidad puede ser visto como una lucha contra el «poder social todopoderoso».114 Este poder social, dice el autor, es el padre y la madre reunidos en una misma dimensión: el orden social. Pero Mendel distingue de un lado el padre, que evoca las imágenes del Dios, el rey y el
dictador115, es decir, el sistema político y el Estado; y la madre, encarnando las instituciones socioculturales, como la escuela y la universidad.116
El conflicto con la madre (que no solo es contra la institución universitaria, sino además contra la cultura tradicional) estuvo encarnado en la lucha entre los estudiantes y las autoridades universitarias reunidas en la Corda Fraterna. Esta era un círculo de doce señores católicos, profesores universitarios en su mayoría, que aparte de monopolizar el poder en la Universidad, ostentaban cargos de funcionarios públicos, eran legisladores y tenían gran influencia en las esferas políticas.117 Era, pues, el símbolo del poder cultural y político contra el que se enfrentaban los estudiantes, reproduciendo así, en el campo social, el complejo de Edipo.
Este movimiento también nos revela la transmisión del mensaje americanista de una generación a la otra, así como la constitución de una generación social. En efecto, los estudiantes logran el apoyo de otras federaciones estudiantiles argentinas, de algunas federaciones obreras y de varios personajes de la anterior generación americanista como Alfredo Palacios, José Ingenieros, Manuel Ugarte, entre otros. A medida que avanzaban los días, el discurso universitario se fue transformando en un discurso social y político, de claro contenido nacionalista continental. Es así que el 23 de julio se realizó una manifestación donde habló Alfredo Palacios, quien, en una orden del día que él redactó, decía: «el nuevo ciclo de civilización que se inicia, cuya sede radicará en América […] exige un cambio total de valores humanos y una distinta orientación de las fuerzas espirituales, en concordia con una amplia democracia sin dogmas ni perjuicios».118 Deodoro Roca (redactor del Manifiesto Liminar), por su parte, demandaba a los estudiantes dar un «contenido americano e insuflar una nueva fuerza interior y propia al alma continental»119 a las luchas que sostenían.
Fue así como la reforma dejaba la dimensión universitaria para abarcar el plano de la reforma social y política; además, pasaba del ámbito provincial al patrio, y a través de la solidaridad de los americanistas de la anterior generación, de ser un movimiento nacional-particular se convertía en un movimiento de alcance nacional continental.
Con ella aparece un especie de mesianismo generacional, que caracteriza los primeros pasos de la generación reformista latinoamericana.
Después de una serie de enfrentamientos con la policía, donde participaban estudiantes y obreros, el 20 de julio de 1918 se realiza el I congreso Nacional de Estudiantes.
El 9 de setiembre toman el local universitario y asumen la función de gobierno «bajo la superintendencia de la Federación y nombrando ésta profesores interinos que dicten cursos de acuerdo a los programas oficiales».120 Este era un «simbólico» golpe de Estado contra el poder social. Si seguimos la lógica analítica de Mendel, podemos decir que ante la frustración (causada por el rechazo a las exigencias de cambio por parte de las autoridades universitarias) los estudiantes se constituyen en fuerza política, toman el poder, desalojan al «padre malo» e instalan en su lugar un «padre falso».121 Este «golpe de Estado» duró pocas horas. El Ejército entró en la Universidad, arrestó a 83 dirigentes y los condenó por sedición.122

Días después, el gobierno publicó los nuevos estatutos de la universidad. En él se incorporaban los principios básicos de la Reforma: la docencia libre y la participación de los estudiantes en el gobierno de la Universidad. El cogobierno quedaba establecido en el artículo Nº 38, donde se decía: «Los Consejos Directivos nombrarán sus miembros a propuesta de una asamblea compuesta de todos los profesores titulares, igual número de profesores e igual número de estudiantes».123 Nacía así la primera nueva Universidad de América.
Este es el inicio de otro movimiento generacional de dimensiones continentales que paulatinamente incorporará, como parte esencial de su prédica y accionar, los ideales y planteamientos del discurso americanista. A partir de ese momento el ejemplo de la reforma argentina será imitado en varios países, dándose inicio a un movimiento que comprometerá a casi todas las juventudes de Iberoamérica. La reforma auspiciará, en un mismo tiempo histórico, el encuentro de dos generaciones: la del 900 y la del 20. Su tiempo será el de la síntesis y creatividad: con ella se agudizará la memoria americanista, se asimilará y fusionará los mensajes socialista e indigenista, y a todo ello se sumarán sus proyectos de socialización de la cultura, de revolución social, moral y política. Como decían los mismos actores, con la reforma se inició la revolución de los espíritus.124
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* Este artículo corresponde al primer capítulo de mi tesis de doctorado El socialismo indoamericano:
La ideología política de la generación del 20. Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales. París, junio de 1998. Es una versión corregida y aumentada de la publicada en la revista Cuadernos americanos N° 82, Universidad Autónoma de México, julio-agosto de 2000.
1 Después de haber concluido este trabajo he vuelto a leer el artículo de Hugo Neira «Relire aujourd’hui Haya de la Torre», en Amérique Latine Nº 12 octobre-décembre 1982. La primera vez que lo leí, hace ya más de diez años, me pareció interesante pero complejo; yo no lo sabía, pero ese era el primer artículo que leía sobre el americanismo y los americanistas. Tal vez ahí comenzó esa larga marcha que ahora termina en este trabajo sobre el nacionalismo continental americano.
2 Alfredo PALACIOS: «La juventud universitaria y la tentativa de fascismo en la Argentina». Conferencia en la Universidad de Buenos Aires, 31 de julio de 1923. Reproducido en Universidad y democracia. Ed.
Claridad, Buenos Aires 1928, p. 162.
3 Idem. p. 163.
4 Idem. pp. 164-165.
5 Idem. p. 168 y siguientes.
6 Esta parte corresponde a la conferencia citada, pero fue mejor desarrollada en «Llamado a los jóvenes universitarios de Estados Unidos contra la plutocracia yanqui», de marzo de 1927; reproducido también en Universidad y democracia, op. cit. p. 141 y siguientes.
7 Sobre esto ver particularmente «Panamericanismo e ibero-americanismo en la Universidad»; carta de Palacios dirigida a Méndez Pereyra, organizador del Congreso Panamericano de 1926, fechada en noviembre de 1925. También reproducido en Universidad y democracia, op. cit. p. 121.
8 Idem. pp. 150-151.
9 Idem. p. 168.
10 Sobre esto ver Benedict ANDERSON: Comunidades imaginadas (reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo). Fondo de Cultura Económica. Traducido por Eduardo Suárez, México, 1993, p. 23 y siguientes. También Eric HOBSBAWM: Nations et nationalismes depuis 1789. Ed. Gallimard, París1992,
pp. 36-37 y 63.
11 John LYNCH: Las revoluciones en hispanoamérica: 1808-1826. Ed. Ariel, Madrid, 1976, pp. 35-37.
También François-Xavier GUERRA: «La metamorfosis de la representación en el siglo XIX», en Georges COUFFIGNAL: Democracias posibles (el desafío latinoamericano). Ed. Siglo XXI, p. 50.

12 Esta diferenciación nos permite comprender muchas de las características que presenta el movimiento de la independencia, pero, asimismo, diferenciarlo de los producidos en la posterior formación de los estados nacionales. La no diferenciación ha producido graves confusiones e incluso ha llevado a muchos investigadores a analizar, con los mismos marcos teóricos, los fenómenos nacionalistas de América con los de Europa. Un claro ejemplo de esto lo ofrece el libro de Benedict ANDERSON Comunidades imaginadas.
Esto lo lleva a confundir nación con patria, Estado y nación. Producto de ello, su análisis contiene una serie de errores de perspectiva: 1) no llega a percibir el nacionalismo continental; 2) ve en el nacimiento de los Estados latinoamericanos la expresión de movimientos nacionalistas. En términos generales, la idea de nación es bastante débil en este continente y él mismo parece confirmarlo en una serie de opiniones de la época donde habla de «generalizado republicanismo», cuyas características fundamentales están vinculadas al territorio, la administración, el sacrificio por la bandera, el amor político, etc.
13 Jorge BASADRE: Historia de la República del Perú. Ed. Universitaria, Lima, 1963, tomo I, p. 257 y siguientes. También Felipe PARDO Y ALIAGA: «El Paseo de Amancaes», reproducido en Costumbristas y satíricos. Ed. Biblioteca Popular. Primera serie Nº 9, París, 1938, tomo I, p. 181, nota 1. Ver también Jean Paul DELEER y Yves SAINT-GEOURS: Estados y naciones en los Andes. Ed. /FEA/IEP, Lima 1986, Volumen II, Instituto Francés de Estudios Andinos-Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1986. A nivel continental el libro de Luis Alberto SÁNCHEZ: Nueva historia de la literatura americana. Ed. Impropesa, Lima 1987, demuestra lo objetivo de nuestra apreciación. En efecto, algunos nombres de sociedades citadas por este autor son las «Sociedades patrióticas», que surgen desde 1811 en Chile, Perú, Venezuela, México, Ecuador, etc. En cuanto a las obras más conocidas en este continente cita las de Esteban DE LUCA: Marcha patriótica, canto, Chile, 1810; Camilo HENRÍQUEZ: Camila, patriota de Sudamérica, teatro, Chile, 1817; Bartolomé HIDALGO: Diálogos patrióticos, canto, Uruguay, 1817; Guillermo MATTA:
Canto a la Patria, Chile, 1864; Abigail LOZANO: Cantos a la Patria, Venezuela, 1864; Miguel Antonio CARO: La vuelta a la Patria, poemario, no cita país, 189?; Justo Sierra: Catecismo de la Historia Patria, historia, México, 189?; Juan Zorrilla de San Martín: La leyenda Patria, oda, Uruguay, 1879, etc. Entre los periódicos cita El amigo de la Patria, Guatemala, 181?; El Patriota, Venezuela, 1840, entre otros.

14 Sobre esto ver Jacques GODECHOT: «Nation, Patrie, nationalisme et patriotisme en France au XVIII siècle»; y Pierre VILAR: «Patrie et Nation dans le vocabulaire de la guerre d’indépendance espagnole».
Ambos en Historique de la Révolution Française. Octobre-Décembre 1971, Nº 206. También Jean Yves GUIOMAR: La Nation entre l’histoire et la raison. Ed. La Découverte, París 1990, pp. 14-21. Para ver el origen romano de la idea de patria consultar Claude NICOLET: Le métier du citoyen dans la Rome Républicaine. Ed. Gallimard, París 1976, p. 64 y siguientes.

15 Gustave GLOTZ tiene interesantes anotaciones sobre el origen de la idea de patria en la Grecia antigua.
Refiriéndose al «patriotismo» afirma: «Esta pasión de independencia hace de la ciudad, por pequeña que sea, un Estado soberano. Tomose dos ciudades vecinas: todo las separa. Los hitos sagrados que indican los límites de los territorios sagrados trazan las líneas de demarcación casi infranqueables entre las religiones y las leyes, los calendarios, las monedas y las medidas, los intereses y las afecciones. ¿Qué es la Patria en los grandes siglos de la Grecia antigua? La palabra indica. Ella designa todo lo que unifica a los hombres que tienen un ancestro común, un mismo padre». Gustave GLOTZ: La Cité Grecque. Ed. Albin Michel, París, 1968, p. 38.

16 Esta visión del padre y de la madre, como imágenes primordiales del inconsciente colectivo, nos remontan a la idea del mito del Estado y de la utopía social. Sobre esto consultar Ernest CASSIRER: Le Mythe de l’Etat. Ed. Gallimard. París 1993; y Jean Servier: Histoire de l’Utopie. Ed. Gallimard. París, 1991.

17 Nosotros desarrollaremos esto más ampliamente en la segunda parte de este trabajo, cuando hablemos del «mito americanista». En este momento, la base de nuestro análisis estará en los textos publicados por los estudiantes y obreros de diversos países del continente latinoamericano.

18 Sobre las comunicaciones, como aspecto clave del proceso de formación de las naciones, consultar Christophe JAFFRELOT: «Les modèles explicatifs de l’origine des nations et du nationalisme (revue critique)», en Théories du nationalisme. Ed. Kimé, París 1991. p. 142 y siguientes. También ver
Benedict ANDERSON, op. cit., p. 98 y siguientes.

19 Si la difícil geografía del continente era ya un grave obstáculo para la comunicación, el poder colonial impuso el aislamiento como una medida para el control y la dominación de esas poblaciones sometidas.
Las políticas comerciales de Madrid fueron severamente monopólicas y trataron las regiones administrativas en zonas económicas aisladas, impedidas de comerciar entre ellas. Además, los bienes y personas podían transitar solo por los puertos. Los pueblos que vivían a un lado u otro del continente no se conocían más que por nombre. Por ejemplo, el viaje por mar de Buenos Aires a Acapulco duraba cuatro meses; el viaje por tierra de Buenos Aires a Santiago de Chile duraba dos; y de Buenos Aires a Cartagena seis meses. Citado por Benedict ANDERSON: «Vieux empires, nouvelles nations», en Théories du nationalisme, op. cit., p. 223. Ver también John Lynch: Las revoluciones en hispanoamérica, Ed. Ariel, España 1976, p. 35 y siguientes.

20 LYNCH: The Spanish-American Revolutions, p. 208. Reproducido por Benedic Anderson en op. cit. p. 222.
21 Georges BURDEAU: L’Etat. Ed. Le Seuil., París 1970, p. 37. Sobre esto ver también John LYNCH, op. cit, p. 36 y siguientes.

22 El caso de los países andinos son los más evidentes. Sobre esto ver Danièle DÉMELAS: Nationalismes sans nations? (la Bolivie aux XIXéme-XXéme siècles). Ed. C.N.R.S., París 1980. La historia del Ecuador es bastante ilustrativa. Rafael Quinteros afirma que a inicios del siglo XIX los grupos dominantes del Ecuador no tenían una «conciencia nacional». Luego afirma que los gobiernos no supieron resguardar «la nación territorio (sic) lengua, cultura, etc.» contra Colombia y el Perú. En «El Estado terrateniente del Ecuador”, reproducido en Estados y naciones en los Andes. op. cit., p. 406. Para este autor el concepto de nación está llena de contrasentidos. La nación no es territorio sino una comunidad; cuando habla de «nación territorio» en realidad hace referencia a los límites del Estado territorial (él afirma que el Estado no existió) y no de la nación, en el sentido estricto del término. Defender la «nación ecuatoriana», que el autor entiende como «lengua, cultura, raza, etc.», contra el Perú o Colombia que son pueblos con la misma lengua, cultura, raza, es simplemente defenderse de los iguales. Entonces, la «ausencia de conciencia nacional» no se debió, como afirma Quinteros, a la supremacía de los intereses terratenientes regionales sobre los «nacionales», sino, precisamente, a la falta de características nacionales diferenciables de la población peruana o ecuatoriana.

23 Además de las obras completas de Bolívar y Martí, existen dos trabajos en los que puede encontrarse desarrollada esta dimensión «filial» de América y los americanos. Para Bolívar, Miguel ACOSTA SAIGNES: Acción y utopía del hombre en las dificultades. Ed. Premio Casa de las Américas, La Habana, 1977. Y para José Martí, Paul ESTRADE: José Martí. Thèse de Doctorat, Université de Toulouse-Le Mirail, 1984.
Asimismo, consultar Manuel UGARTE: El destino de un continente. Ed. Mundo Latino, Madrid, 1923; y La nación latinoamericana. Ed. Biblioteca Ayacucho, Venezuela s/f.

24 Esta visión «filial» de la nación es una de las constantes en las teorías del nacionalismo. Uno de los primeros que ha utilizado esta idea ha sido Ernest RENAN en su famoso artículo «Qu’est- ce qu’une nation?», en Oeuvres Complètes, tomo I. Ed. Calmann-Lévy, France 1947. Estas características del fenómeno nacional han sido estudiadas por Edgard Morin en su artículo «L’Etat-Nation»; reproducido en Théories du Nationalisme. Ed. Kimé, París 1991.

25 Parte de la literatura independentista entre 1810 y 1816 se hizo en quechua y aymara; en 1818 O’Higgins hizo su proclama en quechua; San Martín redactó su primera y segunda proclama, así como su decreto de abolición al tributo, en quechua; la instalación del Congreso Constituyente del Perú en 1822 se hizo en quechua. Además, desde los primeros días de la independencia del Perú se dio al indio la condición de ciudadano: se abolió el tributo, mitas, yanaconazgos, pongos, encomiendas, cacicazgos y toda clase de servidumbre personal; además, en armonía con el liberalismo de la época, Bolívar disuelve las comunidades indígenas y reconoce la propiedad de los indios sobre sus parcelas. Sobre esto ver Jorge BASADRE: Historia de la República del Perú, op. cit. tomo I, pp. 262-263. También Alfredo PALACIOS: Universidad y democracia, op. cit., pp. 240-242. Ver también Bernard LAVALLÉ: «Bolívar et les indiens», en Bolívar et les peuples de Nuestra América. Presse Universitaire de Bordeaux, 1990, pp. 104-105.

26 E. GELLER: Nations and Nationalism; citado por Eric Hobsbawm, op. cit. p. 20. Ver también Raúl
ZAMALLOA ARMEJO: «El proceso de la nacionalidad»; en Perú: Identidad nacional. Ed. CEDEP. Lima,
1979, p. 34.

27 Estas características fueron inicialmente empleadas para el caso europeo por Ernest Renan en su famoso artículo «Qu’est -ce qu’une nation». En Oeuvres Complètes, tomo I, op. cit., pp. 903-904.
28 Para Otto BAUER, uno de los aspectos centrales de la formación de las naciones es la «historia compartida». Sobre esto ver El problema de las nacionalidades y la socialdemocracia. Ed. Siglo XXI. Madrid
1976.
29 Estamos de acuerdo con Christophe JAFFRELOT cuando define el nacionalismo como un «sentimiento de pertenencia a la nación»; pero no estamos de acuerdo con él cuando da un rol primordial a la «modernización» y atribuye uno secundario a la «ideología». En nuestro caso, el americanismo se presenta como una conciencia nacional que tiene aspectos de una ideología en proceso de formación. Ver «Les modèles explicatifs de l’origine des nationalités et du nationalisme (revue critique)». En Théories du nationalisme, op. cit., p. 140.
30 Alfredo PALACIOS: Universidad y democracia, op. cit., p. 162.
31 Juan Pablo VIZCARDO Y GUZMÁN: Carta a los españoles americanos. 1ª edición en Londres por P. Bayle,
Picadilly, en 1801. Ed. Popular Comisión Organizadora del «Año del Sesquicentenario de las Batallas de
Junín y Ayacucho y de la Convocatoria al Congreso de Panamá». Lima, 1974.
32 Idem. p. 2.
33 Idem. pp. 5 y 6.
34 Idem. p. 31.
35 Idem. pp. 40-42.
36 Idem. p. 111.
37 Eric HOBSBAWM afirma que la búsqueda del «Estado histórico» es bastante común en los movimientos nacionalistas. Sobre esto ver Nations et Nationalismes depuis 1789, op. cit., pp. 99-100. Sobre el concepto de «imago» consultar J. Laplanche y J .B Pontalis: Diccionario de Psicoanalisis. Ed. Labor Barcelona, 1977, p. 199; también C. G. JUNG: Lo inconsciente. Ed. Losada, Buenos Aires, 1976, p. 88.
38 Francisco de MIRANDA: «Esquisse de Gouvernement Provisoire». Londres, 2 de mayo de 1801. Reproducido en Textos sobre la Independencia. Ed. Guadarrama. Madrid, 1959, pp. 72-73.
39 Testimonio de O’Leary, citado por B. LAVALLÉ. En Bolívar et les peuples de Nuestra América, op. cit., p. 106.
40 Jorge BASADRE: Historia de la República del Perú, op. cit., tomo I, p.131. Muchos autores afirman que Bolívar copió esta presidencia vitalicia de la experiencia inglesa y de la napoleónica. Incluso Bolívar manifestó haberse inspirado en caso Haití, donde Petión, personaje que él admiraba mucho, fue elegido presidente vitalicio. No obstante, estas suposiciones y la misma declaración de Bolívar no explican su radical cambio político. Sobre esto ver Miguel ACOSTA SAIGNES: Acción y Utopía del hombre en las dificultades, op. cit., p. 366. Sobre las características de esta Constitución ver Jorge Basadre: Historia de la República del Perú, op. cit., pp. 154-158. También Pierre Luc ABRAMNSON: «Pragmatisme et utopie dans la pensée politique de Simón Bolívar»; en Actes du colloque de Milan: L’Etat, la révolution française et l’Italie. Ed. Presse Universitaire d’Aix Marseille. 1990, p. 83.

41 Discurso de Bolívar ante el Congreso Constituyente de Bolivia, el 25 de mayo de 1826. Simón BOLÍVAR:
Obras Completas, op. cit., tomo II, p.1233.
42 Carlos Villanueva: La monarquía en América: Bolívar y el general San Martín. Librería Paul Ollendorff. París, 1911, p. 283.
43 Jorge Basadre: Historia de la República del Perú, op. cit., pp. 144-145 y 190-191.
44 Alberto FLORES GALINDO: Buscando un Inca. Ed. Horizonte, Lima, 1988, p. 252.
45 Hermes TOVAR en «Problemas de la transición del Estado colonial al Estado nacional (1810-1850)»; en Estados y naciones en los Andes, op. cit., pp. 386-387.
46 Este poeta dice: «Venció Bolívar, el Perú fue libre/ y en triunfal pompa Libertad sagrada/ en el templo del
Sol fue colocada». De esto retenemos dos imágenes: el Sol y el libertador. Como se sabe no fue Bolívar sino Necochea quien dirigió la batalla; no obstante, el poeta dice que Bolívar «Llama de improviso al bravo Necochea/ y mostrándole el campo/ partir, acometer, vencer le manda». Entonces el mando es de Bolívar. Con respecto al Sol este poema nos entrega las imágenes del ejército de los hijos del sol: «los ordenados escuadrones/ que el iris reflejan los colores/ o la imagen del Sol en sus pendones». Este poema muestra claramente a Bolívar como el hijo del Sol, es decir, el Inca: «Más de improviso/ la espada de Bolívar aparece/ y a todos los guerreros/ como el sol a los astros, oscurece» y concluye: «Tal héroe brillaba/ por las primeras filas discurriendo/ se oye su voz, su acero resplandeciente… en torno despedía/ rayos de luz tan viva y refulgiente/ que, deslumbrando el español, desmaya/ tiembla, pierde la voz, el movimiento/ sólo para la fuga tiene aliento». José Joaquín OLMEDO: Poesía completa. Fondo de Cultura Económica, México, 1947, pp. 122-152.
47 John LYNCH: Caudillos en Hispanoamérica 1800-1850. Ed. Mapfre. Madrid, 1993, p. 175. También Las revoluciones en Hispanoamérica: 1808-1826. Ed. Ariel, Barcelona, 1976.
48 Ver también Jorge Basadre: Historia de la República del Perú, op. cit., tomo I, pp.5 y 119, y Francisco Pividal: Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo. Ed. Premio Casa de las Américas, La
Habana, 1977, pp. 34 y 40-41.
49 Benedict Anderson: Comunidades imaginadas, op. cit., pp. 85-88.
50 Jorge Basadre: Historia de la República del Perú, op. cit., p. 269.
51 Luis Alberto SÁNCHEZ: ¿Existe América Latina? Ed. Luis Alva Castro. Lima, 1991, p. 32. También Jorge
BASADRE: Elecciones y centralismo en el Perú. Ed. Centro de Investigaciones de la Universidad del Pacífico. Lima, 1980, p.17.
52 El delegado peruano señor Vidaurre, en una de las cláusulas de sus «Bases para una confederación general de América», propuso «la del establecimiento de una ciudadanía común entre todos los confederados». Citado por Miguel ACOSTA SAIGNES: Acción y utopía del hombre en las dificultades, op.cit., p. 427.
53 ¿Cuántos soldados integraron el «Ejército Libertador» de Bolívar o el ejército de San Martín? No hemos encontrado cifras exactas. No obstante, sabemos que el ejército de Colombia estaba compuesto de 32.000 hombres, que Bolívar desplazó más de 2.800 soldados al Ecuador y envió 8.000 al Perú. San Martín llegó a Chile con 4.500 soldados y partió de este país hacia el Perú con 6.000. Además, en 1822 una parte del ejército peruano, conocida como los «Intermediarios», tenía 3.000 hombres de cuatro países diferentes. La ausencia de información exacta, por lo demás comprensible, nos imposibilitan mesurar la envergadura humana de la empresa libertadora. Lamentablemente tenemos que conformarnos con hablar de «varios miles» de libertadores. Sobre esto consultar: Miguel ACOSTA SAIGNES: Acción y utopía del hombre en las dificultades, op. cit.; Demetrio RAMOS PÉREZ: San Martín, el libertador del Sur. Biblioteca Iberoamericana.
Ed. Anaya. Madrid, 1988; y Jorge Basadre: Historia de la República del Perú, op. cit., tomo I.
54 Simón Bolívar en Obras completas, op. cit., tomo I, p. 314.
55 Francisco PIVIDAL: Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo, op. cit., pp. 116-118.
56 Grand Dictionnaire Encyclopédique Larousse. France, 1989, p. 7061.
57 Es por ello que Bolívar decía: «Jamás seré de la opinión de que los convidemos para nuestros arreglos americanos» porque son «extranjeros», en «Carta de Bolívar a Santander», Arequipa, 30 de mayo de 1825. En Simón Bolívar: Obras completas, op. cit., p.1108.
58 La doctrina Monroe buscaba impedir la presencia de potencias extranjeras en los territorios americanos.
Pero, en la práctica, se convirtió en una argucia diplomática para convertir al presidente de Estados Unidos en el «jefe natural» de la Federación Americana que preparaba Bolívar. El señor Joel Roberts Pinsett, embajador de Estados Unidos en México decía: «sería absurdo que el presidente de Estados Unidos llegara a firmar un tratado por el cual ese país quedaría excluido de una federación de la cual él debería ser el jefe».
Comunicación de Poinsett al embajador de Inglaterra en México el 27 de setiembre de 1825. Reproducida por Francisco PIVIDAL: Bolívar: Pensamiento precursor del antiimperialismo, op. cit., p. 177.
59 Kaldone G. NWEOHED: Bolívar y el Tercer Mundo (la devolución de un anticipo revalorizado). Ed. Comité del Bicentenario de Simón Bolívar. Venezuela s/f. pp. 135-136
60 Simón Bolívar: «Reflexiones sobre el Estado actual de la Europa con relación a la América»; en Gaceta de Caracas, Nº 74, 9 de junio de 1814. Reproducido en Obras completas, op. cit., volumen II, p. 1284.
61 «Carta de Bolívar al general inglés sir Robert Wilson», 15 de noviembre de 1824. En Obras completas, op. cit., volumen I, p.1006.
62 Simón Bolívar: «En pensamiento sobre el Congreso de Panamá (1826)»; en Obras completas, op. cit., volumen II, pp. 1214-1215.
63 Francisco Bilbao: América en peligro [1862]. Reproducido en El Evangelio americano. Ed. Biblioteca Ayacucho. Venezuela, 1980.
64 Idem. pp. 266-270 y 276-277.
65 Idem. pp. 274-275 y 284-285.
66 Idem. pp. 288-289.
67 Sobre esta cronología consultar Alfredo PALACIOS: Universidad y democracia, op. cit., pp. 169-171; Carlos RAMA en su libro Utopismo socialista (1830-1893). Ed. Biblioteca Ayacucho, Venezuela 1977; Eduardo GALEANO: Las venas abiertas de América Latina. Ed. Siglo XXI, México 1975; y Harol MOLINEU: US Policy toward Latin America. Ed. Boulder, Westview Press, 1986, citado por Olivier DABENE en América Central: transformación de los regímenes; reproducido en Democracias posibles (el desafío latinoamericano), op. cit., p. 187.
68 Citado por Jean TOUCHARD en Histoire des idées politiques. Ed. P.U.F., París, 1975, t. II, p. 706.
69 Esta mentalidad es ilustrada en estos términos por el senador norteamericano Beveridge: «Nosotros no renunciamos a la misión de nuestra raza, mandataria, en nombre de Dios, de la civilización del mundo…
Nosotros avanzamos en nuestra obra… con un sentimiento de gratitud por una tarea digna de nuestras fuerzas y plenos de reconocimiento por el Dios Todopoderoso que nos ha marcado como su pueblo elegido para conducir el mundo hacia la regeneración». Citado por Jean TOUCHARD, op. cit., pp. 707.
70 Citado por Claude JULIEN en L’Empire Américain. Reproducido por Eduardo GALEANO: Las venas abiertas de América Latina, op. cit., pp. 164-165.
71 Estas palabras de Manuel UGARTE dan la prueba de lo dicho: «Yo imaginaba que la ambición de esta gran nación se limitaba a levantar dentro de sus fronteras la más alta torre de poderío, deseo legítimo y encomiable de todos los pueblos, y nunca había pasado por mi mente la idea de que ese esplendor nacional pudiera resultar peligroso para mi patria o para las naciones que, por la sangre y el origen, son hermanas de mi patria, dentro de la política del continente. Al confesar esto, confieso que no me había detenido nunca a meditar sobre la marcha de los imperialismos en la historia. Pero leyendo un libro sobre la política del país, encontré un día citada la frase del senador Preston: La bandera estrellada flotará sobre toda la América Latina, hasta la Tierra de Fuego, único límite que reconoce la ambición de nuestra raza. La sorpresa fue tan grande que vacilé. Aquello no era posible… Cuando tras el primer movimiento de incredulidad, recurrí a las fuentes, pude comprobar a la vez dos hechos amargos: que la afirmación era exacta y que los políticos de la América Latina la habían dejado pasar en silencio, deslumbrados por sus míseras reyertas internas, por sus pueriles pleitos de fronteras…». El destino de un continente, op. cit., pp. 7-8.
72 Jorge BASADRE: Historia de la República del Perú, op. cit., tomo VII, pp. 96-97. En total, Estados Unidos ofreció cinco veces a España comprarle Cuba. La primera, en 1848 y bajo la administración de Polk, ofreció 100 millones de dólares. La última fue en 1898, dos meses antes de declararle la guerra a España; en esa oportunidad, la administración de MacKinley, ofreció 300 millones de dólares. Sobre esto último ver Paul ESTRADE: José Martí, op. cit., tomo II, p. 364 y tomo III, nota 55.
73 José MARTÍ: «La conferencia americana», 11 de diciembre de 1889; en Obras completas. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 65.
74 José MARTÍ: «Patria», 18 de junio de 1892. Citado por Paul Estrade en su tesis de doctorado: José Martí, op. cit., p. 559.
75 José MARTÍ: «Congreso Internacional de Washington», 2 de noviembre de 1889; en Obras completas, op. cit., tomo I, pp. 46-47.
76 José MARTÍ: «Nuestra América»; en Obras completas, tomo VI, op. cit., p. 15.
77 José MARTÍ: «Discurso», en la velada artístico-literaria de la sociedad literaria hispano-americana, el 19 de diciembre de 1889. En Obras completas, tomo IV, p. 140. Sobre el análisis de ésta y otras metáforas orgánicas de Martí, consultar Paul ESTRADE op. cit., pp. 340, 561-571.
78 José MARTÍ: «La Conferencia de Washington», en op. cit., p. 79.
79 «El gran diseño político de Napoleón III, aconsejado por el economista Michel Chevalier, antiguo discípulo de Saint Simon, fue proponer la afirmación de un movimiento panlatinista susceptible de hacer aparecer la Francia como la heredera de las naciones latino europeas… Esta unión imaginada por Michel Chevalier, hundía en las fuentes mismas de la antigüedad greco-romana, sus orígenes culturales y reintroducía el catolicismo como cimiento de la unidad espiritual reencontrada; ella se oponía, al mismo tiempo, a las tentativas hegemónicas del capitalismo mundial anglosajón y norteamericano, así como a la emergencia agresiva del pangermanismo bismarckiano. Muchos criollos latinoamericanos fueron seducidos por esta perspectiva geopolítica, ellos adoptaron rápidamente esa noción de latinidad y le dieron las dimensiones del Nuevo Mundo… Una de las primeras obras que meten lado a lado América y latina fue la obra de Charles Calvo… Traité de diplomatie sur l’Amérique Latine fue publicado en París en 1862… el mismo año de la intervención militar de Napoleón III a México». Guy Martinière: «L’invention de la latinité de l’Amérique». En Unité et diversité de l’Amérique latine. Ed. Université de Bordeaux III C.N.R.S. Setiembre 1982. pp. 24-25.
80 José MARTÍ: «Nuestra América»; en Obras completas, op. cit., tomo VI, pp.16 y 19. Paul Estrade: José Martí, op. cit., p. 563.
81 Sobre esto ver Paul ESTRADE: José Martí, op. cit., p. 562.
82 Idem. pp. 564, 567 y 615-616.
83 José MARTÍ: «Congreso Internacional de Washington»; en Obras completas, op. cit., tomo I, p.50.
84 Idem. p. 61 y «La conferencia de Washington», en Obras completas, op. cit., tomo II, p. 83.
85 Idem. p. 81.
86 José MARTÍ: «Congreso Internacional de Washington», en Obras completas, op. cit., tomo I, pp. 62-63.
87 Paul ESTRADE: «José Martí», op.cit., tomo II, pp. 562-564 y 568. Ver también Denis LARA: «Cuba», en Encyclopaedia Universalis, tomo V, p. 840.
88 Sobre estas migraciones consultar Marcello CARMAGNANI: «Las inmigraciones europeas en su área de origen», pp. 148-155. También Luis Alberto ROMERO y Lilia Ana BERTONI: «Movimientos migratorios en el Cono Sur: 1810-1930», pp.184-187. Ambos en Europa, Asia y África en América Latina y el Caribe. Ed. Siglo XXI / Unesco. México, 1989.
89 Luis Alberto ROMERO y Lilia BERTONI, op. cit., p. 188.
90 Sobre esto ver los artículos de Luis Alberto ROMERO y Lilia Ana BERTONI: «Movimientos migratorios en el Cono Sur: 1810-1930»; y Adela PELLEGRINO: «Inmigración y movimientos internos de población en América Latina y el Caribe en los siglos XIX y XX». Ambos en Europa, Asia y África en América y el Caribe, op. cit.
91 Sobre esto ver Carlos RAMA: Utopismo socialista (1830-1893), op. cit.; José ROSAS RIBEYRO: Anarchisme et anarchosyndicalisme dans les mouvements sociaux: Mexico 1861-1929. Mémoire d’histoire. París III (IHEAL), 1983. El anarquismo y el movimiento obrero en Argentina. Ed. Siglo XXI; y Jacy ALVES DE SEIXAS: Mémoire et Oubli: syndicalisme révolutionnaire au Brésil. Ed. Maison des sciences de l’homme, París, 1992.
92 Un buen resumen y análisis testimonial de la generación del 900 fue escrito por Manuel UGARTE en «Los escritores iberoamericanos del 900», en su libro La nación latinoamericana. Ed. Biblioteca Ayacucho.
Venezuela s/f, pp. 295-300.
93 HAYA DE LA TORRE: «Problemas e imperativos de la unidad continental», en Testimonios y mensajes. Obras completas, Ed. Juan Mejía Baca. Lima, 1997, tomo I, p. 387.
94 Manuel Ugarte: «La patria única»; en La nación latinoamericana, op. cit., p. 18.
95 Idem. p. 295.
96 A inicios de siglo existieron los centros culturales Ariel en el Perú, Colombia, Uruguay, Chile, Argentina,
Bolivia, Cuba, Ecuador, etc. Sobre las lecturas de este libro ver el testimonio de Luis Alberto SÁNCHEZ en «El estudiante, el ciudadano, el intelectual y la reforma universitaria americana». Reproducido en La reforma universitaria, op. cit., tomo III, p. 212.
97 José Enrique RODÓ: Ariel. Ed. Novaro; México, 1957, p. 24.
98 Idem. p. 124.
99 En una carta, fechada el 13 de junio de 1908, Ricardo Flores Magón decía a su hermano Enrique y a su amigo Praxides Guerrero: «Todo se reduce a una cuestión de táctica. Si desde un principio nos hubiéramos llamado anarquistas, nadie, a no ser unos cuantos, nos hubieran escuchado. Sin llamarnos anarquistas hemos prendido en los cerebros ideas de odio contra la clase poseedora y contra la casta gubernamental.
Ningún partido liberal en el mundo tiene las tendencias anticapitalistas del que está próximo a revolucionar México, y eso se ha conseguido sin decir que somos anarquistas, y no lo habríamos logrado ni aunque nos hubiéramos titulado ya no anarquistas como somos, sino simplemente socialistas». Epistolario y textos de Ricardo Flores Magón, p. 203. Reproducida por Armando Bartra en Regeneración 1900-1918. Ed. Era; México, 1977, p. 19.
100 Sobre esto ver José ROSAS RIBEYRO: Anarchisme et anarchosyndicalisme dans les mouvements sociaux: México 1861-1929, op. cit., p. 84 y siguientes.
101 Citado por José ROSAS RIBEYRO. Idem. pp. 109-110.
102 Sobre esto ver Gonzalo AGUIRRE BELTRÁN: «El indigenismo y su contribución al desarrollo de la idea de nacionalidad»; en Raíces y características del nacionalismo en América Latina. Ed. Instituto Indigenista Interamericano. De la revista América Indígena Nº 2, vol. XXIX, abril de 1969, p. 401.
103 En 1910, poco más de ochocientos latifundistas extranjeros poseían casi la totalidad del territorio mexicano. De los 15 millones de habitantes, 12 millones trabajaban en las haciendas en condiciones de asalariados, cuyos jornales eran pagados en especies en los almacenes de las haciendas. Estas relaciones salariales que en realidad escondían su verdadero carácter servil y semiesclavo, eran practicadas en las plantaciones de azúcar, café, madera, tabaco, frutas, etc. El escritor norteamericano John Kenneth Turner afirmaba en 1911 que «los Estados Unidos ha convertido virtualmente a Porfirio Díaz en su vasallo político y, en consecuencia, ha transformado a México en una colonia esclava». Sobre esto ver Eduardo GALEANO: Las venas abiertas de América Latina, op. cit., pp. 185-186.
104 Sobre la relación entre magonistas y zapatistas consultar la introducción de Armando BARTRA a Regeneración (1900-1918), op. cit., p. 31.
105 José Carlos MARIÁTEGUI: «La unidad de la América indo-española»; publicado en Variedades, Lima 6 de diciembre de 1924. Reproducido en Temas de nuestra América. Obras Completas, tomo 12. Ed.
Amauta, Lima 1980, p. 17.
106 Detalles interesantes sobre el origen de estos vocablos y la bandera pueden encontrarse en Luis Alberto
SÁNCHEZ: Haya de la Torre y el Apra. Ed. Universo, Lima 1980; y en el artículo de John H. HADDOX: «La influencia de José Vasconcelos sobre Víctor Raúl Haya de la Torre», en El Apra: de la ideología a la praxis. Ed. Nuevo Mundo, Lima 1989.
107 David A. BRADING: «Manuel Gamio y el indigenismo oficial en México»; en Revista de Sociología, año II, Nº 2, abril/junio de 1989, p. 289.
108 Sobre esto ver «En favor de los comunistas de Méjico»; en La Protesta, año I, Nº 7, agosto de 1911, p.
2; y Manuel Caracciolo LÉVANO: «Salud! Rebeldes Mejicanos!»; en La Protesta, año III, Nº 21, del 1 de mayo de 1923, p. 3.
109 Nosotros hemos tomado el concepto de situación generacional de Mannheim. Este autor afirma que «el asiento real de las nuevas impulsaciones es la situación ‘generacional’». Luego dice: «la situación generacional contiene solamente las potencialidades, que se manifiestan, son rechazadas, o que, integradas a otras fuerzas sociales activas, pueden, modificadas ejercer influencia». Para participar en ese «destino común» hay que ser nacido en el mismo «espacio histórico-social –en la misma comunidad de vida histórica– en el mismo tiempo para relevar de esta situación, para poder compartir pasivamente los obstáculos y las oportunidades, pero también para poder utilizarlas activamente». Karl MANNHEIM: Le problème des générations. Ed. Nathan, París 1990, pp. 65-58.
110 Julio V. GONZÁLEZ: Vigencia y actualidad de la Reforma Universitaria. Universidad del Litoral. Rosario,
1941, p. 10.
111 «La Juventud Argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América» (Manifiesto Liminar, 21 de junio de 1918). Reproducido en Gabriel DEL MAZO (compilador): La Reforma Universitaria, op.cit., tomo I, p. 1.
112 Idem. pp. 1-5.
113 Gérard MENDEL: La Révolte contre le Père. Ed. Payot, París 1968.
114 Idem. pp. 380 y 387.
115 Idem. p. 384.
116 Idem. p. 397.
117 Juan Carlos PORTANTIERO: Estudiantes y política: el proceso de la Reforma Universitaria. Ed. Siglo XXI, México 1978, p. 56. 118 Idem. p. 42.
119 Idem.
120 Idem. p. 53.
121 MENDEL: La Révolte contre le père, op.cit., p. 380.
122 Juan Carlos PORTANTIERO: Estudiantes y política: el proceso de la Reforma Universitaria, op. cit., p. 54.
123 Idem.
124 En mi tesis, a partir de aquí estudio a la generación del Centenario. Recientemente he publicado un artículo que intenta resumirla. No obstante, a diferencia de mi tesis, en este artículo analizo ese movimiento generacional desde la perspectiva de la sociología de la juventud. El título es «La revolución de los espíritus. La juventud reformista de los años veinte en América Latina», publicado en Debates en Sociología N° 23-24, PUCP, Lima, diciembre de 1999.

AÑO VIII N° 12, pp. 167-200 [UNMSM / IIHS, Lima, 2004]

http://sisbib.unmsm.edu.pe/BibVirtualData/publicaciones/inv_sociales/N12_2004/a07.pdf

NACIONALISMO Y CONFLICTO EN AMÉRICA LATINA – SEGUNDA PARTE

EL CASO DE CUBA Y OTROS SIMILARES

La Revolución Cubana triunfante el 1o. de enero de 1959, ha dado lugar a una manifestación de auténtico nacionalismo latinoamericano, expresado más por los pueblos que por los gobiernos.
En efecto, esta célebre Revolución apareció dentro del contexto continental de la guerra fría y cuando el poder imperial de la potencia continental se expresaba con la mayor dureza pues acababa de liquidar, en 1954, el esfuerzo progresista habido en Guatemala. Tal poder imperial ejercitó, pues, todas sus presiones para lograr en Punta del Este y luego en Costa Rica decisiones de los gobiernos débiles de América Latina en contra de la hermana República de Cuba.
Pero si esa conducta fue de los gobiernos, con algunas excepciones, fueron muy distintos los sentimientos de los pueblos de la América Latina, que brotaron de modo constante y reiterado para dar su apoyo a la causa del pueblo cubano.
Han sido tan fuertes estos sentimientos de verdadera expresión de solidaridad latinoamericana, cumplida en las bases mismas de las poblaciones, que ni las poderosas campañas de los medios de publicidad, hábilmente manejados, ni la represión desatada en muchos casos, pudo impedir que las organizaciones populares de nuestros países dieran rienda suelta a su fervor por lo que estaba pasando en la pequeña isla del Caribe, a muy poca distancia del coloso del norte. Se dijo muchas veces que esto recordaba el caso bíblico de David y Goliat y es razonable la comparación.
Y a pesar de las intensas campañas por la vinculación y alianza del gobierno cubano con la Unión Soviética, el caso es que no ha disminuido este sentimiento popular de solidaridad en toda la región latinoamericana. Y llegó a los propios gobiernos cuando, entre 1970 y 1975, se impuso en la propia OEA el concepto del pluralismo ideológico en una acción internacional en la que tuvo figuración especial el entonces Gobierno Revolucionario del Perú de Velasco Alvarado, reanudándose las relaciones de Cuba con muchos de los países latinoamericanos que las habían roto a partir de las reuniones de Punta del Este y de Costa Rica.
¿Cómo debe explicarse la expresión de estos sentimientos a pesar de las decisiones de los gobiernos anteriores a 1970 y de las poderosas campañas diplomáticas, financieras, económicas y de publicidad para desprestigiar el proceso cubano?
En verdad resulta esta explicación fundada en los sentimientos de este nuevo nacionalismo llamado latinoamericano, que se expresa cuando cualquiera de nuestras naciones ingresa a estos trances de liberación. Y lo que se dice de Cuba, puede también afirmarse respecto de Nicaragua en estos momentos de dura lucha, de Panamá en su reivindicación canalera, de Guatemala de 1954 y del Perú durante la Revolución de 1968 a 1975, sin olvidar tampoco los casos de Bolivia; y de Chile durante el gobierno de Allende.
En tales instantes históricos se plantean las más radicales contradicciones entre pueblos y gobiernos. Estos, sometidos o débiles para resistir las presiones del poder imperial del dinero; y aquellos, los pueblos, por el contrario, erguidos en una fraterna solidaridad con el pueblo hermano que en un momento histórico decide emprender su liberación.
Fenómeno similar ocurrió con el nacionalismo peronista argentino. En todos estos casos surge, de inmediato, la posibilidad del conflicto, sobre todo con algún vecino o varios o con casi toda la región, porque la acción imperialista mueve sus resortes ante los gobiernos dóciles o débiles, con el claro objetivo de amagar las ansias de liberación, de independencia y de autonomía de la nación que ha decidido liberarse.
Sobre este particular es verdad que, desde antiguo, se han movido los intereses de los consorcios internacionales, como lo relata el libro La Diplomacia del Dólar de Nearing y Freeman, libro que apareciera después de 1920 y que impresionara muy favorablemente a todos los políticos progresistas de América Latina.
Otras voces de pensadores latinoamericanos se han hecho escuchar en distintas ocasiones. José Carlos Mariátegui analizó el fenómeno en una célebre conferencia sobre Internacionalismo y Nacionalismo pronunciada el 2 de noviembre de 1923 en Lima (Historia de la Crisis Mundial. J.C. Mariátegui. Ed. Amauta, 1959, Págs.
156 a 165). Haya de la Torre, que expresa otro sector del pensamiento peruano, dice en su libro más importante El antiimperialismo y el Apra (Editorial Ercilla, 2a. Edición, 1936, pág. 36): “como el problema es común a todos los países latinoamericanos, en los que las clases gobernantes son aliadas del imperialismo y explotan unidos a nuestras clases trabajadoras no se trata, pues, de una aislada cuestión nacional sino de un gran problema internacional para todas las repúblicas de América Latina. Sin embargo, la política de las clases gobernantes que coopera en todos los planes imperialistas de los Estados Unidos, agita los pequeños nacionalismos, mantiene divididos o alejados a nuestros países de otros y evita la posibilidad de la unión política de la América Latina” (el subrayado es nuestro). Y agrega:”Las clases gobernantes cumplen muy bien los planes divisionistas del imperialismo” y ejemplifica con los incidentes creados entre varios países de América Latina (Colombia, Chile, Ecuador, Perú).
El argentino Arturo Frondizi, ex presidente de su país, dice en su libro Petróleo y Política (Editorial Raigal, Buenos Aires, 1954, pág. L), refiriéndose al imperialismo y su acción en América Latina y a la necesidad de una orientación independiente: “Tan necesaria es esta orientación independiente de los grupos imperialistas que sus rozamientos han tenido consecuencia en países latinoamericanos, preparándolos para una posible contienda, tal como ocurre entre Perú y Ecuador, o llevándolos directamente a la guerra como sucedió con el conflicto bélico entre Paraguay y Bolivia (Guerra del Chaco). No puede dejar de mencionarse las fricciones que en distintas épocas de la historia se han producido entre Argentina y
Brasil. Estas fricciones, que en el pasado respondieron a la política de los centros coloniales, posteriormente fueron alentadas por las potencias imperialistas, que luchan entre sí por el predominio. El enfrentamiento y los malos entendidos entre los países de América Latina, han sido uno de los más grandes males que hemos sufrido, pues solamente la unidad de nuestros pueblos permitirá una acción emancipadora. Dividir para reinar, es el principio que ha guiado la acción imperialista”.
No escapa al más miope observador que el nacionalismo deformante es caldo de cultivo muy útil para cualquier propósito imperialista o de las interferencias de las empresas transnacionales que han penetrado honda y peligrosamente en la América Latina, interfiriendo en la soberanía de los Estados (Sobre la interferencia ver Dictamen del Comité Jurídico Interamericano de 13 de febrero de 1976; CJI/OEA-Ser. Q/IV.12, CJI. 17).
En México el propio Presidente Lázaro Cárdenas en 1938, y el que fuera sindicalista
Lombardo Toledano (Nacionalizar es Descolonizar . Ed. El Combatiente, México, 1978) y muchos más denunciaron las operaciones de consorcios penetrantes.
Celso Furtado, de Brasil, también lo ha hecho; y puede decirse que no hay país latinoamericano en el cual no hayan existido o existan voces responsables que hacen notar la nefasta acción divisionista del poder del dinero y la utilización, en veces, de sentimientos nacionalistas para derivar en tensiones y hasta conflictos entre países de la región.

EL CASO PERUANO

En 1968 se produjo en el Perú una honda conmoción política, luego que el gobierno de entonces celebró unos arreglos con International Petroleum Company, sobre yacimientos de petróleo, arreglos que fueron materia de una crítica muy severa de las instituciones y del pueblo. Asumió el gobierno, la Fuerza Armada institucionalmente y, lo que parecía ser un golpe más en el país y en América Latina, se convirtió en el inicio de una verdadera transformación estructural. No sólo los documentos, como un manifiesto, el Estatuto y luego un plan de gobierno, sino sobre todo las acciones asumidas y ejecutadas por el Gobierno Revolucionario fueron una demostración palpable de que algo diferente estaba ocurriendo en el Perú. Se recuperaron los yacimientos del petróleo, se recuperaron minas ya sea por la vía de la nacionalización u otras modalidades jurídicas, fueron nacionalizadas empresas pesqueras, refinerías; se planeó y ejecutó una Reforma Agraria profunda, que dio alrededor de 10 millones de hectáreas al campesinado despojado desde la época de la Conquista; se avanzó una Reforma de la Educación elogiada por la UNESCO; reformas en la Empresa, surgimiento de la Propiedad Social y ascenso y presencia de las organizaciones populares. La Fuerza Armada reconoció que en el pasado había servido a los intereses de la oligarquía y del capital foráneo, pero que ahora asumía su responsabilidad histórica para adelantar una transformación profunda de las estructuras, que debía terminar con la participación plena del pueblo en el poder.
El fenómeno peruano fue de una clara posición nacionalista, asentada en los foros internacionales puesto que la posición internacional del Perú, que habían seguido las reglas y pautas e intereses de la potencia continental, pasó a definirse como independiente y autónoma, pero a la vez a concertarse con los países de la América
Latina y del Tercer Mundo y a tomar parte activa en la dirección del Movimiento de los Países No Alineados.
Todo esto creó la mayor preocupación en los centros del poder imperial y del dinero.
Se presentaba un nuevo estado de cosas, que no asumía una posición marxista, que se definía por las pautas del nacionalismo y de la participación en aras de construir una democracia integral, política, social y económica. Y como esto tenía no sólo el respaldo sino la dirección de la Fuerza Armada y enorme calor popular, los intereses imperialistas temían, más que a lo que perdieron en el Perú con ese proceso revolucionario, al ejemplo que esto podía significar para otros ejércitos e instituciones armadas de la región.
Por eso, el poder imperial desató una política que puede llamarse de cerco financiero; y también en lo político con base en influir a los gobiernos de otros países de la región e, inclusive, a contribuir a la desestabilización de gobiernos vecinos que seguían también una corriente revolucionaria. Esas presiones y las desestabilizaciones producidas, naturalmente, fueron creando una situación tensa. Los medios de comunicación, dominados por el poder transnacional como lo reconoce J.K. Galbraith (El nuevo estado industrial, Editorial Ariel, Barcelona, 6a. Edición, septiembre de 1974, pág. 32), llegaron a desatar campañas mediante las cuales se creaba un clima bélico entre el Perú y vecinos.
En agosto de 1975 se produce un cambio en el gobierno, cesando el general Velasco Alvarado que había dirigido el proceso revolucionario y asumiendo el mandato el general Morales Bermúdez, que continuó el proceso sujeto a las mismas presiones; empero, cuando a mediados de 1976, Morales Bermúdez y su nuevo equipo cambian la política para ceñirse a las reglas del Fondo Monetario Internacional y conciliar con el poder transnacional en desmedro de la línea nacionalista que se había estado siguiendo, las campañas en contra y las presiones van cediendo, así como las tensiones con algunos países vecinos.
Se ve pues claro cómo el poder transnacional y el gobierno que lo cubre, utilizan nacionalismos opuestos para crear o desaparecer conflictos o tensiones entre países de América Latina y, sobre todo, para impedir los procesos de realización autónoma de algunos de nuestros países.
En estos casos se produce la ecuación nacionalismo-conflicto, por la acción extraña de aquellos intereses que, por evitar que prosperen las políticas del nacionalismo, crean las tensiones, las desestabilizaciones e inclusive provocan los conflictos entre países de la región.

EL NACIONALISMO LATINOAMERICANO

Al inicio de este análisis se advirtió el nuevo estilo de nacionalismo regional en la América Latina, distinto del fenómeno ocurrido en Europa en el siglo XIX y entrando al actual siglo XX.
Ahora bien, ¿cuáles son los caracteres reales y concretos de este nacionalismo latinoamericano?
En primer término, una toma de conciencia categórica de haber sido sujetos de las distintas formas de imperialismo operantes en la región: el español, el portugués, el británico y el norteamericano, sucesivamente. Empero, fueron estos dos últimos, el imperialismo británico y el imperialismo norteamericano, los que utilizaron no muy emboscadamente la política de dividir para reinar. Y para ello excitaron todos los nacionalismos. Ya se ha hablado de los casos concretos de la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, porque este último, nacionalísticamente, cerraba la penetración británica.
En la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana y en la Guerra del Pacífico de 1879-1883 hubo fuerte presencia británica en la agresión contra el Perú, a punto tal que el Secretario de Estado de Estados Unidos señor Blaine llegó a decir, a fines del siglo pasado, que la guerra fue Perú contra Inglaterra, porque además una docena de jefes militares o marinos británicos participaron del lado de Chile. Sobre la Guerra del Chaco y las tensiones del Ecuador con Perú, así como entre Brasil y Argentina, ya se ha citado la importante opinión del Ex-Presidente argentino Arturo Frondizi que, en tales casos, la excitación de fuerzas extrañas, imperialistas, agitaron nacionalismos y provocaron conflictos. Por eso es que en América Latina se ha tomado unánime conciencia (excepto las fuerzas plutocráticas que no ven sino el interés del dinero) acerca de que un nuevo nacionalismo, de corte regional, es indispensable para evitar los pequeños nacionalismos que nos han enfrentado por muchos años al impulso de intereses imperiales extranjeros.
Al tomar conciencia de tal situación real continental se ha dado el primer gran paso.
Pero, ¿cómo puede darse el fenómeno regional dentro de múltiples estados pequeños, discrepantes muchas veces por los estímulos ya indicados?
La segunda toma de conciencia sobre este particular ha sido la necesidad de integrar la América Latina, de unirla de lado a lado, incluyendo México, los Estados del Caribe, Centroamérica y Sudamérica hasta el Cabo de Hornos, habida cuenta además de orígenes comunes, lengua similar con excepciones que confirman la regla, sentimientos religiosos concomitantes, tradiciones, historia, instituciones y, sobre todo, ser sujetos comunitarios de la injusticia y explotación de un estado de subdesarrollo aprovechado por el poder del dinero foráneo.
Grandes líderes y visionarios de América Latina han visto esta necesidad. Bernardo de Monteagudo y José Cecilio del Valle, argentino y hondureño; el gran Bolívar; Santa Cruz; Martí; Antenor Orrego con su tesis Pueblo Continente ; el nombre de Indoamérica utilizado por Luis Valcárcel, Mariátegui, Haya de la Torre y otros. El ilustre brasileño Euclídes Da Cunha (A margem da historia, Editora Lello brasileira, 1967, pág. 119), manifiesta iguales impulsos de la unión latinoamericana, citando al ministro boliviano Ignacio Calderón que muy a comienzos del siglo, se dirige a la Sociedad Geográfica de Washington y, a pesar de las reservas de su cargo diplomático, “fríamente, profesoralmente, advierte la hipótesis de la formación de lo que él propuso llamar Estados Unidos de la América del Sur o sea la Confederación política del Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay”.
Federaciones, Ligas Estados Unidos de América del Sur y aún Belgrano, a comienzos del siglo pasado, proponiendo un Imperio Inca en América del Sur, aparecen, pues, todos estos visionarios; porque en aquellas épocas muchas cosas tendían a dividir, pero ya esos grandes líderes, de amplio horizonte, tomaban conciencia de la única solución válida para el ascenso de la región e inclusive para su efectiva defensa cabal. Hoy en día ya en los pueblos es unánime (salvo la excepción anotada) este sentimiento de integración; y, concretamente, el Pacto Andino viene a ser algo semejante a lo que proponía el ministro boliviano Calderón; y el SELA una expresión eficaz de unión latinoamericana para la promoción económica y social, en acciones conjuntas, que eviten los conflictos.
Hay otro elemento, que puede llamarse negativo, en la naturaleza real del nacionalismo latinoamericano. Negativo, no porque sea malo; sino, por el contrario, porque repudia, resueltamente, los caracteres de predestinación metafísica, de predestinación biológica, los conceptos belicistas de la vieja geopolítica, que el nacionalismo europeo presentó sobre todo a fines del siglo pasado. Recusa, igualmente, toda forma de racismo, que todavía perdura en algunos puntos del mundo; y así también no admite la actual deformación seguritista del concepto desarrollo- seguridad cultivado por dirigencias militares de la América Latina actual.
Pero hay otra característica de suma importancia. Todos los sectores progresistas y humanistas de América Latina claman por la defensa esencial de la persona humana y de su dignidad y, por tanto, de los derechos humanos tanto políticos como cívicos, económicos, sociales y culturales; derechos que corresponden a la persona, a las familias, a las colectividades humanas, a las poblaciones, a los pueblos.
Estos deben ser sujetos fundamentales en cualquier organización y así también para las categorías del Derecho, sea interno, comunitario o internacional. En América Latina esta noción es de suma importancia por cuanto el hecho real es que inmensas mayorías viven despojadas de derechos que, sin embargo, se declaran en las Constituciones y en los Pactos internacionales, sin que se hagan efectivos.
Por ende, el nacionalismo latinoamericano tiene que exigir que la noción fundamental de la integración y de las acciones de defensa nacionalista regional y de las medidas para evitar los conflictos, tenga en cuenta que el sujeto principal de todas esas políticas y organizaciones y de las categorías jurídicas es la persona, la familia, los grupos humanos de todos los niveles y las poblaciones, es decir los pueblos. Esto exige el ascenso de las poblaciones a los bienes, servicios, y ejercicio de derechos. En cada nación habrá de ser requisito previo, para que pueda forjarse una unidad de pueblos; y no de intereses mezquinos, que daría lugar a muchas formas de conflictos.
También se destaca en la conducta del nacionalismo latinoamericano el esfuerzo constante y tenaz en la defensa de los recursos naturales, porque esto tiene que hacer, de modo importante, con las causas de conflictos, como ya se ha visto con varias opiniones distinguidas. En la última década la defensa de los recursos naturales ha tomado cuerpo en acciones internacionales a nivel de América Latina, del Tercer Mundo, de los No Alineados, de algunos órganos de la OEA y de las Naciones Unidas. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en la reunión habida en Panamá en marzo de 1973, Perú, Panamá y otros estados presentaron un proyecto, que luego fue aprobado como Resolución 330, de defensa de la soberanía permanente sobre los recursos naturales, que además contiene una llamada de atención a aquellos consorcios que interfieren en las políticas de los estados y que, como ya se ha visto, causan conflictos. La Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, promovida por América Latina y en especial por México y aprobada con Resolución 3281 (XXIX), el 12 de diciembre de 1974, contiene normas relativas a la defensa de los recursos naturales muy categóricas que son expresión de este elemento del nacionalismo latinoamericano, ya visto también con el ejemplo concreto del SELA. E igualmente en el caso del nuevo Derecho del Mar, es América Latina la que actúa conjuntamente, estando a la cabeza, Perú, Ecuador y Chile, para lograr fórmulas de avance del nacionalismo regional.
Sin embargo, tal vez la más trascendente característica del nuevo concepto de nacionalismo latinoamericano, sea que no ha pretendido nunca encerrarse ni siquiera en las fronteras de toda región de América Morena. Surge como defensa frente al imperialismo, como necesidad urgente de cohesión, coordinación, cooperación, interdependencia de iguales para cumplir transformaciones estructurales que comporten el ascenso de los pueblos y la participación efectiva de éstos en los bienes, servicios, derechos y por tanto en el poder. Empero, desde ahora y de inmediato, reconoce la necesidad de un entendimiento y relación equilibrada, libre de presiones, con todos los países del mundo, sin distinción de doctrinas o sistemas políticos. Por eso mismo es que en América Latina se ha intensificado el movimiento por el pluralismo ideológico, a partir de 1970 sobre todo, dirigido por el Perú, que logró imponerse en la cerrada y en algo discriminante OEA que padece todavía los rezagos de la guerra fría. Esto no es sino el producto de una poderosa influencia de la filosofía humanista en la mayoría de los sectores dirigentes de América Latina pero, sobre todo, en el alma de sus pueblos. Estos luchan por ascender, para luego constituir una nueva potencia sin prepotencia.
El nacionalismo latinoamericano, pues, se internacionalizará en la medida en que, satisfechos los requisitos previos – asegurada la defensa de la persona y de los pueblos frente al exterior y el ascenso interno de los mismos en las respectivas jurisdicciones – pueda hacer llegar su mensaje humanista; y, recíprocamente, seguir captando el de todos los demás pueblos del mundo.

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad Nº 40 Enero-
Febrero de 1979, ISSN: 0251-3552, .

NUEVA SOCIEDAD NRO. 40 ENERO-FEBRERO 1979, PP. 5-18

http://www.nuso.org/upload/articulos/503_1.pdf

NACIONALISMO Y CONFLICTO EN AMÉRICA LATINA – PRIMERA PARTE.

NACIONALISMO Y CONFLICTO EN AMÉRICA LATINA

Alberto Ruiz-Eldredge

Es preciso, en primer término, diferenciar, en cuanto a América Latina se refiere, el concepto de nacionalismo que se está formando en la región muy distinto del generado en Europa en el siglo XIX y aún entrando el siglo XX, que dio lugar a tan funestas luchas y disputas que han retardado el progreso de la humanidad. Por eso, la experiencia europea en esto – en cuanto la experiencia es también historia de errores – ha sido y tiene que ser todavía muy útil para que los pueblos de Latinoamérica se alejen del monstruo que comporta la deformación del nacionalismo.
Y no es que en Latinoamérica el fenómeno deformante haya terminado. Por el contrario, subsisten todavía modalidades que, dentro de una perspectiva optimista, comportan algo así como los estertores de una etapa muy negativa como el canto de un negro cisne agonizante.
Se puede, por ende, hablar de un nacionalismo negativo; y de un nacionalismo afirmativo, progresista, que paradójicamente se internacionaliza: y, tomando un nuevo nombre: Nacionalismo Latinoamericano no descarta tampoco las distintas vertientes humanistas que impulsan al entendimiento universal, a la cooperación, a una interdependencia de pares (iguales no sólo jurídicamente sino en las condiciones de vida digna para el desarrollo).
Algunos nacionalismos europeos se basaron en una especie de predestinación metafísica (Fichte, Hegel, Michelet, Barrès, Maurras) que se vincula a la defensa de una herencia histórica que se considera urgen mantener, proyectar e imponer como un deber trascendente: fenómeno de algunos sectores de Israel, distintos de la filosofía humanista de Martín Buber; los defensores, en épocas anteriores, del culto a Federico II en Alemania y al prestigio del Santo Imperio; el pensamiento y la acción anglosajona basados en la interpretación calvinista del buen éxito, del fuerte, del que progresa; los seguidores de cualquier tendencia del fascismo.
Otro ingrediente del nacionalismo negativo es la predestinación biológica de cuya noción surgen todas las formas de racismo que han operado y aún operan en varios países de Europa, en los Estados Unidos, en el Asia; y que no deja de tener algunos herederos y albaceas en la América Latina. El darwinismo social, pensando en la supervivencia de los más fuertes que se supone aporta la biología (lo que es científicamente discutible), ha alimentado sin duda alguna aquello de la predestinación biológica.
Tienen que agregarse, asimismo, los conceptos geopolíticos, según los cuales “la geografía determina la historia”. El sueco Kjellen, el general Haoushofer que jefatura una escuela sobre la materia y Rätzel en su Geografía política , alimentan decisivamente la deformación nacionalista porque se vinculan dichos conceptos geopolíticos al racismo, a éxitos históricos casi siempre guerreros, a objetivos expansionistas, a tradiciones de ejercicio de la fuerza emanadas de la etapa medioeval que llevan hasta el elogio de lo bélico, idealizándolo, convirtiéndolo en valor, como el libro: La Guerra, Ensayo de Política Evolucionista (Klaus Wagner). El nacionalismo de tales raíces, lo deforma todo: el amor a la patria, pues lo convierte en xenofobia; el ser social, que deviene en culto del yo hasta el superhombre y en egoísmo seudo triunfante; el deber del presente, cambiado por excesivo culto al pasado, a los muertos; el ideal democrático, que se sustituye por imposiciones, absorción de poder, centralismo, maniqueísmo, antiprogresismo, dureza política y social (Charles Maurras odiaba las tres erres: Reforma, Revolución y Romanticismo).
Pocos son, en ese entonces, los que de la hoguera nacionalista de tal estirpe pueden conservarse inmunes. Tal vez el más antiguo, dentro de este orden de cosas: Mazzini que, a pesar de los anhelos de su patria, cultiva un nacionalismo literario y romántico que busca el reinado de la justicia y la paz y rechaza el mercantilismo, que cree en el progreso de la humanidad, en la fraternidad, en la fusión de clases y en la unidad del pueblo. Por felicidad, en la segunda mitad de este siglo es evidente que en todos los pueblos europeos ha habido una poderosa y progresista reacción contra el nacionalismo deformante y xenófobo, en particular en los grandes sectores de opinión y de organizaciones imbuidos ya sea de la filosofía cristiana o de la filosofía marxista o de cualquiera de las vertientes humanistas y socialistas.
(Sobre estos antecedentes, puede verse un mayor análisis en el texto Historia de las Ideas Políticas de Jean Touchard, Ed. Tecnos Madrid – 3a. edición. Segunda reimpresión, 1972).
El cisne negro del nacionalismo deformado y deformante está, pues, ya en el mundo europeo felizmente en agonía; y, antes bien, las formas político-jurídico económicas de las comunidades de acercamiento, cooperación, interdependencia, servicios e infraestructuras de la energía, del transporte, de las finanzas y, hasta el turismo, vinculan cada vez más a los pueblos de esa región, a pesar y por encima de discrepancias ideológicas. Y a este amanecer se han agregado, recientemente, naciones hasta hace poco sumidas en nacionalismo de tipo fascista como España y Portugal.

EL LASTRE DEL NACIONALISMO DEFORMANTE

Es preciso admitir que, lamentablemente, todavía hay en América Latina ingredientes del nacionalismo clásico, al viejo estilo del siglo pasado o de las primeras décadas del actual.
Nacidas las naciones latinoamericanas de una larga y dura insurgencia contra el imperio español (más pacíficamente Brasil contra Portugal) y lograda la independencia política, aparecen de inmediato las pugnas fronterizas que devienen en contiendas bélicas, excitantes del nacionalismo xenófobo. La división se acentúa porque la acción de Inglaterra, que penetra económicamente en el nuevo mundo liberado, impulsa el fraccionalismo: “dividir para reinar” es el lema que se impone como política, heredada luego por el imperialismo del dinero que hoy en día reside en Wall Street.
El nuevo estado de cosas en el siglo XIX, que es el siglo de la independencia política, impone al Perú guerras con todos sus vecinos, excepto con el Brasil; empero sufre pérdidas territoriales importantes pues, por encima de las contiendas favorables o no, la agresión constante y la presión internacional de los sucesivos imperios mundiales, disminuye las fronteras en el caso peruano y lógicamente excita el nacionalismo, los unos por adquirir y el otro por no perder. Se ejemplifica con el Perú por haber sido un Estado organizado y autónomo en el pre Incanato, sea con los Mochicas o el Chimú y más durante el Incanato en que adquiere una trascendencia organizativa exaltada por Toynbee; y por ende, tenía que despertar celos y pretensiones de nacionalidades en formación. Inclusive, en la etapa colonial, el Virreinato de Lima adquiere el carácter de centro principal; y, es por esto, que después de todas las rebeliones autónomas del siglo XVIII habidas en el Perú
(John Rowe las relata en El Movimiento Nacional Inca del siglo XVIII), que culminan con el alzamiento famoso de Túpac Amaru II, es necesario que confluyan todas las fuerzas insurrectas: San Martín desde el sur y Bolívar desde el norte, para culminar la independencia en las batallas de Junín y Ayacucho del 6 de junio y del 9 de diciembre de 1824. Y aún todavía en 1866, cuando el Imperio Español pretende retornar enviando una escuadra, el Perú organiza una entente Latino-Americana de resistencia que, después de varios combates importantes, culmina con el triunfo definitivo latinoamericano de El Callao, puerto principal del Perú, el 2 de mayo de 1866.
Empero, habiendo sido el Perú el tronco durante tantos siglos, resulta explicable que las luchas por expansión de fronteras, impulsadas inclusive por los intereses británicos, se esmeraran por desmembrar lo que había sido el imperio peruano y lo que fue el centro colonial y el enorme territorio de las primeras décadas de la independencia política.
Por otras razones otra nación, el Paraguay, que resistía nacionalísticamente a la penetración británica, padeció la guerra de mediados del siglo pasado, llamada la guerra de la Triple Alianza, postrándose así el desarrollo y progreso del pueblo paraguayo.
También puede recordarse el episodio de la Gran Colombia, cuya última separación ocurrió en 1903, con el surgimiento de Panamá, hecho impulsado por Estados
Unidos con el objetivo del Canal.
Los intentos de cohesión, como la Confederación Peruano-Boliviana en la primera mitad del siglo XIX, fueron rápidamente combatidos por toda clase de nacionalismos deformantes de esa época: a la visión de Santa Cruz, heredada de Bolívar, se opusieron tanto chilenos, como el Gobierno Argentino de Rosas, e inclusive peruanos y bolivianos por recíprocas imputaciones de supuesto hegemonismo; en cambio San Martín, algunos líderes peruanos y O’Higgins, avalaron a la Confederación que debió ser el núcleo o raíz del neo-nacionalismo latinoamericano.
Hoy en día, el Grupo Andino surgido del Pacto de Cartagena de 1969, debería merecer el más grande apoyo no sólo de la región, sino de las potencias que miren con ojo realmente avizor el futuro de la humanidad. Este futuro exige la integración (dentro del respeto a la igualdad jurídica y real) de los estados y de los pueblos que viven dentro de condiciones culturales, económicas, sociales, territoriales, de gran similitud. Pocas regiones pueden presentar tantos motivos de unión, como Latinoamérica. ¿Qué es lo que lo impide? De un lado la subsistencia de nacionalismos deformantes; de otro lado, el juego de los intereses del imperialismo del dinero y del poder económico-financiero transnacional.
Empezando por lo primero, es decir, los rezagos de nacionalismos deformantes, debe seguirse cierto método en procura de un mejor orden en el análisis.
Dentro de este criterio habrá que comprobar o, mejor dicho, cotejar la subsistencia de aquellos caracteres que deformaron el nacionalismo europeo del siglo XIX y comienzos del actual. Si se tratara de herencia histórica, son las naciones mexicana, guatemalteca, ecuatoriana, peruana y boliviana las que más podrían aferrarse a un nacionalismo de tal especie, por la existencia de muy antiguas culturas. Por ejemplo ya se ha dicho el alto nivel que a las organizaciones andinas les concede Arnold Toynbee, que alcanzaron verdadero nivel de Estado. Económicamente se desarrollaron con autonomía y llegaron a sistemas sociales en los cuales no existía la desocupación ni el hambre, dentro de un régimen de propiedad colectiva y de familia extensa, conformando grupos humanos solidarios. Su defecto fue lo imperial, lo teocrático, el centralismo absorbente y la división de clases muy definidas y separadas. No podemos negar que en nuestros países hay algunas corrientes indigenistas poderosas; pero también es cierto que más lo fueron en las épocas posteriores a la Primera Guerra Mundial hasta los comienzos de 1930 y años siguientes.
En México se cultivó siempre una afirmación que defendía a la Cultura Azteca y Maya aún por encima, en varios aspectos, del mensaje europeo a través de España. Este nacionalismo mexicano fue útil y lo es para defender sus formas culturales, su modo de vida, frente a su vecina gran potencia del norte; a punto tal que tal vez son más penetrantes en el sur de los Estados Unidos (que por otra parte fue antiguamente mexicano) las modalidades y costumbres de su vecino del sur, que las de aquel en éste.
En el caso mexicano su nacionalismo no es conflictivo. Es meramente afirmativo frente al norte; y en cuanto al sur, con Guatemala no existe tensión mayor, salvo la subsistencia de una reivindicación mexicana en Belice para el caso de que no fuera independizada y se incorporara a la República de Guatemala.
En lo que atañe a la herencia histórica como carácter del nacionalismo, no debe descartarse el caso de Brasil, como sucesora del legado lusitano, en sus polémicas y rivalidades de los tiempos del Imperio Portugués y del Imperio Español. Para Brasil es muy importante su Imperio, con Pedro I y Pedro II, cuya organización cohesionó a los americanos-lusitanos e impidió su dispersión, conformando una gran unidad en el continente latinoamericano. Este hecho histórico del siglo pasado y su intervención en la política internacional, que ha sido y es trascendente hasta en los conflictos mundiales, le da pues un carácter señero a tal legado histórico brasileño.

RACISMO

En cuanto a lo que se llama predestinación biológica, de innegable herencia racista, parece absurdo considerarla siquiera en una América Latina que es mestiza y que hasta se le llama poéticamente la “América Morena”. Hasta los estudios geogénicos demuestran la unidad geográfica, hace millones de años con lo que ahora es el África; y el famoso brasileño Euclídes D’Acunha, tiene preciosos apuntes al respecto (A Margen da Historia. Ed. Lello Brasília, 1967, Págs. 11 y siguientes).
Las únicas formas de racismo (que también serían absurdas) que podrían argüirse son las del recuerdo de pueblos y culturas que alcanzaron altos niveles de organización, como los quechuas, mayas, aymarás, aztecas, cuyos núcleos poblacionales han podido mantener, con inteligencia y valor, sus costumbres, tradiciones, lengua, instituciones y otras expresiones culturales, a pesar de todas las formas de agresión que en la Conquista y hasta en la época Republicana padecieron y padecen.
No obstante, en algunos sectores minoritarios de La Plata se ha oído decir: “La única república blanca de América”; y “el único indio bueno es el indio muerto”.
En casi todas las otras repúblicas de América Latina se hipertrofió la separación entre algunas minorías blancas o semiblancas y las grandes masas de poblaciones serranas, negras, de fuerte mestizaje, que quedaron discriminadas, explotadas u olvidadas. Y esto se justificaba con la “superioridad” de la raza, con la “incultura” de las masas campesinas o con cualquier otra forma de cinismo racista. Esto no ha desaparecido del todo pues las corrientes fascistas, sobre todo en el Cono Sur, no dejan de pretender ese llamado estilo de predestinación biológica. En las pugnas fronterizas reaparece esta pretensión, que inclusive adopta formas del más puro europeísmo trasnochado. Se ha leído en un reportaje publicado recientemente en Lima (Revista “Caretas” No. 550, de 16/11/78, págs. 70 a 72, reportaje de Nicholas
Asheshov), a marinos de Chile, llamar a sus vecinos argentinos, dentro del actual problema del mar del Beagle, “los italianos”; afirmándose ellos como “británicos”.
Se querría dar así un significado de supuesta superioridad basada en el acontecer histórico de la Segunda Guerra Mundial; y no sería raro que, a la inversa, se autotitularan del otro lado “los romanos” para calificar a sus vecinos de “fenicios” o
“cartagineses”.
No dejan pues de subsistir estas pretensiones, que aparecen muy fuertes en determinados sectores de la alta burguesía, creándose en ellos recíprocos complejos que oscilan, intermitentemente, entre el de superioridad y el de inferioridad.

LOS GEOPOLÍTICOS

La geopolítica ha hecho similarmente, un poderoso impacto, sobre todo en los sectores militares de América Latina. En Brasil hay varios libros importantes como: Projeçao Continental do Brasil de Mario Travassos, Edición de 1938; Brasil, Geopolítica y Destino del general Meira Mattos, edición de 1975; y la Geopolítica do Brasil del general Golbery do Couto e Silva de 1967. El pensamiento de Comte influyó mucho también en estas cosas. Empero, las nuevas corrientes del pensamiento brasileño y hasta rectificaciones, como en el caso del general Golbery do Couto e Silva, ponen de manifiesto que la geopolítica del viejo estilo, que se dio también en Argentina, puede ser superada. En el Perú, el general Edgardo Mercado
Jarrín y el Profesor Emilio Castañón han desarrollado conceptos que dan una nueva versión a la geopolítica apartando de su tesis todo elemento de racismo o de factores geográficos en función de agresividad belicista, para sustituirla por el estudio de los núcleos geográficos que resulten indispensables para el desarrollo pacífico de los pueblos.
En cambio, en el Cono Sur subsisten dos tendencias sumamente peligrosas: la del general Pinochet con sus conceptos geopolíticos que preocupan a todos sus vecinos; y la de ciertos sectores argentinos que, alimentados además por una visión de guerra fría ya trasnochada y con más el ingrediente geopolítico, no dejan reconstituir también preocupaciones.

EL SEGURITISMO

No debe olvidarse tampoco, el nuevo concepto desarrollo-seguridad, cultivado sobre todo por dirigencias militares en América Latina y que, cuando se le deforma, plantea por un lado exageraciones y, por otro lado, contradicciones. En cuanto a lo primero, la razón de seguridad parece convertirse, en varias ocasiones, en un nuevo estilo de razón de Estado, deformándose la seguridad en seguritismo que lesiona a las poblaciones y viola los derechos humanos; y en cuanto a las contradicciones, no se compadece el concepto positivo de seguridad-desarrollo con el hecho político real de permitir un estado de cosas que internacionalmente tolera la intervención: ya sea de las empresas transnacionales ya sea del Fondo Monetario
Internacional, ya sea, inclusive, de gestiones diplomáticas o presiones del poder imperial. Esto no sólo afecta la seguridad sino que, inclusive, al propio desarrollo; y, sobre todo, a la libre determinación de los pueblos y al goce efectivo por éstos de los derechos humanos políticos, cívicos, económicos, sociales y culturales.
El seguritismo comporta así severidad y represión en lo interno; debilidad y sumisión en lo externo. Pero, a la vez, por aquel lenguaje o si se quiere nociones que recuerda muy bien Andrés Nina (“Nueva Sociedad”, No. 27, págs. 33 a 50), por aquel lenguaje decimos de la “sobrevivencia”, “antagonismos y presiones”,
“frente externo”, “fronteras ideológicas”, etc., resulta la deformación del concepto de seguridad alimentando también ciertas condiciones conflictivas entre países de
América Latina. Un ejemplo muy actual se connota cuando el gobierno del general
Pinochet adopta la filosofía de Diego Portales, político y doctrinario chileno de las primeras décadas del siglo pasado, en la cual se asientan las ideas geopolíticas del actual gobierno chileno y su pretensión de seguridad-desarrollo vinculada a la expansión.

EL CONFLICTO

EI conflicto debe afirmarse así: conflicto, en singular. Esto quiere decir o, por lo menos, trata de decir que cualquier conflicto en América del Sur habrá de ser uno solo, pues dañará a todos y a cada uno de tal región. No significa que, necesariamente, estén implicados en el conflicto, si éste es bélico, más de dos naciones. Lo que quiere decir es que sus consecuencias, durante el conflicto supuesto y luego de él, serán negativas para todos y para cada uno.
¿Por qué? Supongamos que el Estado “A” del Pacífico entra en conflicto con el Estado “B” del Atlántico lo que dará lugar a un resultado que lleve al triunfante a la aspiración bioceánica. En este caso la presencia de un nuevo Estado en dos mares habrá de preocupar a los demás. Ejemplos similares pueden darse respecto de los ríos, de las mesetas y de las montañas.
Por otro lado, en sentido más profundo, un conflicto por pequeño y breve que fuere afecta la integración latinoamericana que debe ser y ya es para muchos el gran objetivo de la región.
En este sentido, tanto las guerras contra el proyecto de Confederación Peruano- Boliviana de la primera mitad del siglo pasado, como la Guerra del Pacífico de 1879, afectaron por supuesto a los países implicados en ella; pero además, sin duda alguna, han conspirado gravemente contra la unidad del Pacífico que es requisito indispensable para un adecuado equilibrio en la región, propicio a la necesaria e indispensable integración de la América Latina. Por eso a cualquier conflicto en Sudamérica, hay que considerarlo dentro del tal contexto.
La situación enclaustrada de Bolivia es, además del caso del Mar del Beagle, motivo de fricciones que han motivado, por segunda vez, la ruptura de relaciones entre Bolivia y Chile. En este caso y en lo que respecta a Arica como solución, las informaciones deleznables de cierto periodismo han oscurecido el problema. Hay un Tratado de 3 de junio de 1929, entre el Perú y Chile, en el cual se establece, en resumen: Arica queda en poder de Chile sin que pueda disponer de esa provincia, salvo un acuerdo previo con el Perú; y sobre Arica pesan (en virtud del mismo Tratado) múltiples servidumbres perpetuas en favor del Perú que puede utilizar canales, aguas, caminos, vías férreas, almacenes, puerto libre, etc., puesto que hay una real y poderosa interrelación entre la provincia de Arica con la de Tacna, que no se puede quebrar porque el propio Tratado, en su letra y en su espíritu, lo está reconociendo. Sin embargo las fuerzas nacionalistas, si son deformantes, pueden cargar un combustible inconveniente a este problema. ¿Cómo puede determinarse el llamado nacionalismo deformante para este y otros casos?. Es suficiente interrogar a la educación de un país. ¿Qué piensan los maestros, los profesores, los educadores?. ¿Qué piensan los estudiantes de todos los niveles, las juventudes?. Estudiantes, juventudes, profesores, maestros y educadores han sido, por lo general, en nuestros países imbuidos de una formación de acercamiento, de unidad de integración. Esto parece alterarse o detenerse cuando algún gobierno retorna a las fuentes nacionalistas del siglo pasado, de cualquiera de las llamadas predestinaciones o de pretensiones expansivas; y se genera así una grave causa de conflicto.
Entre Argentina, Brasil y Paraguay hay una cuestión muy diferente y de menor tensión, como son los proyectos de centrales hidroeléctricas mediante el uso de las aguas de ríos internacionales. Pero esto no parece ser más que un problema científico y técnico; salvo que un error político en el trato internacional pudiera multiplicar el grado de esta cuestión por otros intereses en juego.
El caso de El Salvador y Honduras que dio lugar a la llamada “guerra del fútbol”, parece estar en vía de solución con la fructífera labor del jurista peruano Bustamante Rivero, llamado por los gobiernos de esos dos países hermanos.
¿Y la Amazonia? El problema esencial allí es la defensa de la soberanía para los que realmente están en esa zona, frente a las pretensiones de internacionalización o de penetración internacionalizante sorda. Por eso, la razón del conflicto puede ser en este caso el que un vecino pretendiera reclamarle a otro por la penetración extranjera alrededor del río mar. No es esto una alucinación si se recuerda que en el siglo pasado Brasil reclamó a Bolivia por la formación del “Bolivian Syndicate”, en Nueva York, para explotar El Acre. De allí surgió un problema que terminó con la cesión de El Acre a Brasil por el Tratado de Petrópolis de 17 de junio de 1903. El conocido experto brasileño Arthur Cezar Ferreira Reis sentencia que este Tratado puso “fin al litigio manteniendo El Acre, en definitiva, en las manos del Brasil”; y que significó igualmente que “el peligro de la presencia del capital extranjero, por medios tan imprudentes y la aspiración tan irresponsable de los que lo habían manipulado, en aquella aventura tan singular, con todo el cortejo de consecuencias dañosas, fatales, estaba superado” (A Amazónia e a Cobica Internacional, 3ra. edición, Gráfica Record Editora, 1968, pág. 156). El mismo Ferreira Reis relata (págs. 227 a 234) cómo el geógrafo Edward C. Higbee escribió un artículo para “Geographical Review”, Volumen XLI, No. 3, de julio de 1951, titulado
El Hombre y la Amazonia en que planteaba la formación de un Estado independiente de la Amazonia; y agrega que el bolsista de la Fundación Nuffield publicó, en 1952, un libro llamado Pueblos hambrientos y tierras despobladas en el cual sostenía que era un crimen mantener tierras de poca población “no utilizadas por motivos políticos, raciales o imperialistas” ante una situación socio-económico-demográfica general y señalaba como tales regiones a la Amazonia, Australia, Argentina y Canadá. El historiador Walter Prescott Webb no escapa a la tentación de pretender, dentro de un análisis de un concepto norteamericano de nuevas fronteras, grandes inversiones en la Amazonia.
Otro amazonólogo brasileño, Genival Rabelo (A Amazónia Brasilera em Foco, julio y diciembre de 1971, No. 6, págs. 132 a 134) relata treintidos hechos que revelan la codicia de la Amazonia por el extranjero, dentro de cuyos casos se citan los contrabandos de Henry Winkham, en 1899, “al servicio de la Corona inglesa”. Se precisa que en 1919 durante la reunión de la Liga de Naciones en París el presidente de la delegación de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, en presencia de Epitácio Pessoa, delegado del Brasil, propuso al ministro británico Lloyd George “la internacionalización de la Amazonia”; mientras que en 1923 se crea la Compañía Ford Industrial do Brasil para explotar la riqueza de la Amazonia; en 1928 se hace “intensa propaganda en los Estados Unidos con el objetivo de atenuar el problema racial, transfiriéndose grupos de negros norteamericanos para la Amazonia”; en 1935 Paul Reynaud, ministro de Francia y el representante de Polonia, “ante la exigencia de Hitler para recuperar colonias alemanas, propusieron resolver el problema del espacio vital mediante cesión de tierras de la Amazonia”; durante la Guerra de 1939 a 1945, Nelson Rockefeller “mandó ingenieros norteamericanos a hacer estudios y levantamientos en la Amazonia, sobre todo con miras al aprovechamiento de las riquezas naturales”; en 1967 el “Hudson Institute” “entidad ligada al Pentágono dio publicidad al plan de construcción de grandes lagos en la Amazonia y un año después Herman Kahn, presidente del Hudson Institute, publicó conjuntamente con Antony J. Wirnes, también de aquella organización, el libro El año 2000 en el cual son propuestas administraciones multinacionales en la América del Sur”.
Estos antecedentes crearon una gran inquietud en los amazonólogos sobre todo brasileños, a punto tal que el Convenio de la Hylea Amazónica de 1948 fue materia de críticas que obligaron a su modificación y, posteriormente, a que el Convenio no avanzara. Por eso y teniendo en cuenta lo ocurrido en diferentes ocasiones y las amenazas de penetración que se han relatado, es que hay que examinar el Tratado de Cooperación Amazónica de 3 de julio de 1978 entre Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, en lo que se refiere al análisis de este estudio, nacionalismo y conflicto.
El nacionalismo brasileño ya ha sido relatado esquemáticamente y hasta impidió el Convenio de la Hylea Amazónica de 1948. Colombia, Brasil y Perú tienen un entendimiento definitivo. Venezuela y Brasil, si es que alimentaran ideas hegemónicas en algún momento, podrían dar lugar a cierta problemática en la zona y no sólo en ella; mientras que el Ecuador no hace uso del derecho que el Tratado con el Perú le otorga, en el Art. VI del Protocolo de Río de Janeiro, para la navegación amazónica. Perú y Ecuador han desarrollado proyectos de integración sumamente importantes como la Irrigación Puyango-Tumbes. Hoy en día sectores de nacionalismo deformante agitan en el país hermano ciertas tensiones que, en el mes de enero de 1977, dieron lugar a incidentes felizmente superados. En este sentido el Pacto Amazónico de 3 de julio de 1978 puede ser positivo.
Empero, el Pacto en referencia no lo es en lo que atañe a la defensa contra la penetración del poder transnacional. Es un asunto que toca y corresponde a cada Estado, soberanamente. Esto es una verdad inobjetable. Sin embargo, también es otra verdad inobjetable el poder de las empresas transnacionales que se le ha llamado: gigantismo, porque lo es en lo económico, en lo financiero, en lo territorial; y hasta interfiere y penetra constantemente en las políticas de nuestros países. Y si la historia, como fue el caso de Bolivia con Brasil presenta una causa de conflicto por una transnacional y si hay los propósitos penetrantes e internacionalizantes, sin duda alguna que ninguno de los países amazónicos, aisladamente, puede combatir con éxito esas penetraciones; y es necesario por tanto concertarse y unirse para impedir que acciones imperialistas creen contradicciones, inclusive excitando los nacionalismos entre los países de la zona para lograr sus propósitos.

Por consecuencia, si la zona austral del Mar del Beagle es gravemente conflictiva en la actualidad, si en menor grado lo es la mediterraneidad de Bolivia o la cuestión de las centrales hidroeléctricas en Argentina, Brasil y Paraguay; en la región amazónica se proyectaría una posible causa de conflictos, alimentados por los nacionalismos de sectores deformantes, si es que no se toman desde ahora acciones defensivas, previsoras, concordantes, de cooperación y hasta de real integración, con absoluta igualdad y respeto de todas las partes implicadas.
No puede dejarse de citar el caso de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, que dio lugar a serias controversias entre estas dos naciones en 1879, 1887, 1894 y 1907; a nuevos graves incidentes desde 1928 hasta 1932 y a un estado de guerra de 1933 hasta el Protocolo de Paz de 12 de julio de 1935, reforzado por el Tratado de Paz, de Amistad y de Fronteras de 21 de julio de 1938. Esta contienda, como otras, parece haber tenido motivaciones recíprocas de acendrado nacionalismo; aunque también, como se verá después tuvo causas relacionadas con las actividades peligrosas de los consorcios internacionales del petróleo. Felizmente, en estos últimos 40 años parecen haberse restañado las heridas que este conflicto dejara.