EL AMERICANISMO – I PARTE

I. EL MITO AMERICANISTA

¿Qué es el americanismo? Parece que casi nadie se ha interesado por responder a esta pregunta1. Nosotros hemos estado sorprendidos de la abundancia de textos que pueden clasificarse como «americanistas» y de la ausencia casi total de estudios analíticos a su propósito. Hasta donde se sabe, uno de los primeros que intentó definirlo fue el argentino Alfredo Palacios, en una conferencia en la Universidad de Buenos Aires, en julio de 1923.

A nuestro modo de ver, esta conferencia puede ser considerada como una guía inicial para el estudio del americanismo. En ella Palacios nos muestra algunos de los elementos que están en la base y que dieron forma al sentimiento nacionalista. Todo esto puede resumirse en esta cita:

Es argentino el ejército que triunfa en Chile y da libertad al Perú. Es colombiano el vencedor de Ayacucho; venezolano Bolívar, que independiza Ecuador, Colombia y Bolivia. De norte a sur, recuerda el peruano García Calderón, hermosa fraternidad, curioso intercambio de patrias, dan a los campos de batalla espléndida variedad de hombres; la conciencia de antiguos lazos afirmados en estas gloriosas campañas suscita un sentimiento permanente: el americanismo.
Nuestra revolución fue americana. Lo han reconocido todos los historiadores, y Rojas ha podido afirmar que la argentinidad tendía en el alma de los próceres hacia la forma progresiva de americanidad… Pensamos, sólo, en que ha de impulsar a nuestra América un ideal permanente de justicia y que somos todos, hijos de la revolución, cuyas rebeldías fulguraron, lo mismo en Caracas, que en Buenos Aires y la Paz.2

A continuación, Palacios refiere algunos de los elementos que componen la estructura del mito americanista; nombra a los que llama «héroes de la solidaridad continental »: Simón Bolívar, José de San Martín, O’Higgins, Monteagudo, Pueyrredón, etc.; enumera los diversos proyectos de unidad continental que aparecen en 1811 y se continúan hasta 1847; subraya en estos últimos las ideas de «fraternidad», «patria americana», «federación perpetua de los pueblos americanos»; insiste en la incorporación del Brasil, etc.; cita como acontecimientos mayores el Congreso de Panamá de 1826, la Revolución Mexicana y la Reforma Universitaria; y, después de describir los «caracteres comunes» de estos pueblos, concluye:
En 1826, el Congreso de Panamá afirma la unión moral de las repúblicas congregadas, y en 1847, en Lima, se declara que las repúblicas, ligadas por el vínculo de origen, el idioma, las costumbres –por su posición geográfica, por la causa común que han defendido, por la analogía de sus instituciones y, sobre todo, por sus comunes necesidades y recíprocos intereses, no pueden considerarse sino como parte de una misma nación.3
Palacios hace suyas estas opiniones y propone a las «democracias hermanas» «superar nuestro patriotismo» y hacer «de la América nuestra, una entidad colectiva, respetable, aun manteniendo las soberanías particulares»; asimismo, se sumaba a las diversas voces que, desde la Independencia hasta esos años, pugnaban por «ampliar la patria hasta hacerla americana» y crear así la «ciudadanía continental»4.
Estas últimas observaciones tenían directa relación con el segundo tema: el imperialismo yanqui. Es muy sintomático que Palacios dedicara más de la mitad de su conferencia a hablar del imperialismo yanqui. Esto es una muestra inequívoca de que la actitud antiimperialista es uno de los aspectos más remarcables del americanismo. En efecto, el conferencista lanza duras críticas al «panamericanismo», que, según decía, es la «política imperialista del capitalismo yanqui»5. En seguida hace una revisión histórica de las diversas invasiones de Estados Unidos de Norteamérica a los países latinoamericanos, de la política de empréstitos que les imponía, del petróleo y los recursos naturales que absorbía, del armamentismo, etc. Asimismo, desarrolla otros temas de carácter antiimperialista: habla de la plutocracia yanqui, critica la doctrina Monroe, el panamericanismo y el darwinismo social que enarbolaba el imperialismo6; opone la América europea a la América autóctona de los incas, mayas y aztecas; afirma que los límites de América Latina o Ibera se encuentran «entre el Río Grande y la Tierra de Fuego»7.
Finalmente, critica la «apropiación» del nombre de América por los del norte y sostiene que «los representantes verdaderos de América» «somos nosotros», los aborígenes y los que se mezclaron en ellos8.
He aquí los ideales y las fuentes históricas que nutren y dan forma al mito americanista.
Según Palacios, todo esto explica «esa emoción americana que es una especie de patriotismo agrandado»9. Aquí quedan bosquejadas algunas de las más importantes características del universo temático del nacionalismo continental latinoamericano.

II. ¿EXISTE AMÉRICA LATINA?

Como podrá observarse, ahí hay una serie de afirmaciones que, por deformar la realidad, deben ser clasificadas como concepciones ideológicas. El análisis crítico de ellas debe permitirnos dilucidar la trama histórica del americanismo. La más importante es la afirmación siguiente: «América es una nación».
En principio es necesario hacer algunas precisiones conceptuales. La idea de nación ha sido una de las apropiaciones más inútiles y artificiales que ha hecho América de Europa. Como se sabe, este concepto aparece como un nuevo proyecto comunitario con la Revolución Francesa de 1789. Ésta atacó a las corporaciones, las comunas y todo lo que implicara realidades comunitarias; simultáneamente se creó un nuevo Estado centralista y unitario que se asentó en una nueva «comunidad imaginaria »: la nación. Ella pronto se convirtió en la nueva y englobante referencia comunitaria.
Así los revolucionarios lograron implantar, con la ayuda del Estado, esta nueva dimensión societaria, con el objetivo de llenar el «vacío afectivo» dejado por las desaparecidas o abatidas «comunidades reales». De esta manera se inicia una época en que «el principio de las nacionalidades» modifica la carta de Europa (1830-1880).
Al respecto, según Hobsbawm, en ese proceso de creación de naciones, los europeos se planteaban dos preguntas:
1) ¿cuáles eran, entre las numerosas poblaciones de Europa, las susceptibles de ser clasificadas en la categoría de «nacionalidades», y por ende, las que podrían obtener un Estado?;
2) ¿cuáles eran, entre los numerosos estados existentes, los que tenían verdaderas características de una nación? Evidentemente, concluye Hobsbawm, «no todos los estados coincidían con las naciones, ni a la inversa»10.
Nada de esto sucedió en América. La idea de nación no tenía aquí pueblos o comunidades históricas diferenciables en el campo social, cultural ni político; en esas condiciones, el debate sobre «el principio de las nacionalidades», tal y como se planteó en Europa, no existió ya que la realidad de este continente era totalmente diferente.
En todo caso, preguntamos: ¿qué criterios «nacionales» podrían argumentarse para justificar la división de los estados andinos o centroamericanos?, ¿eran naciones diferentes?
Y lo que es grave: ¿eran naciones? Fácil es pues constatar que la idea de nación no tuvo asiento real ni ideológico en estas tierras.
En esa época, como lo es ahora, América Latina era un continente social, cultural y políticamente mucho más homogéneo que Europa, Asia, África e incluso Estados Unidos de Norteamérica. Aquí el gran debate se hizo sobre la idea de la soberanía, lo que en algunos casos se confundió con la idea de nación. Pero lo que debe quedar claro es que esta última era un sentimiento de pertenencia regional o local, cuyo origen se encuentra en las antiguas unidades administrativas coloniales: los virreinatos, capitanías generales, audiencias y en última instancia la ciudad-provincia11.
En esas condiciones, el sentimiento de pertenencia a una comunidad, región o provincia era fundamentalmente territorial, localista y a lo más político. En realidad, el llamado «sentimiento nacional» se forma tardíamente y está vinculado a las guerras civiles, los proyectos de construcción de los estados nacionales y finalmente a la enseñanza de las historias patrias en los colegios, fundamentalmente hacia fines del siglo XIX.
La extensa bibliografía existente sobre la Independencia nos muestra que lo que estaba en juego no era la formación de naciones sino de patrias12. En el caso peruano,
Jorge Basadre ha demostrado que antes y después de la independencia, lo primero que aparece en este continente como «conciencia de sí» fue la idea de patria. Aquí, como en otros países de América, los revolucionarios se llamaban «patriotas» y la mayor parte de los grupos independentistas se autodenominaban «sociedades patrióticas »; además, durante muchos años, en el Perú todo acto oficial comenzaba con un rotundo «¡Viva la Patria!»13. Esto es importante remarcarlo porque entre una y otra noción hay diferencias importantes. La noción de patria es más antigua que la de nación, pero ambas tienden a superponerse y confundirse a partir de la Revolución Francesa14. En términos generales, la patria evoca las ideas de pueblo, territorio, ley, padres fundadores, libertad, acción política y Estado; es la civitas, la comunidad organizada políticamente. La nación alude más a una comunidad afectiva, a su espacio e identidad cultural. En este sentido, mientras patria nos remonta a la idea del «patriarca», del padre común y del Estado15, la nación nos lleva a la comunidad, la hermandad y la madre nutricia 16. Es cierto que ambas nociones se interceptan en la «tierra», pero mientras la patria se refiere a ella como condición o espacio ocupado, la nación la evoca como situación o espacio vivido17.
Aunque América Latina es un continente bastante homogéneo, la existencia de rasgos «comunes» no es suficiente para mostrar la existencia de una comunidad nacional.
En efecto, la llamada «nación continental» tuvo dos grandes obstáculos para su realización: primero, los sentimientos patrióticos o «nacionalismos particulares»; y segundo, las separaciones administrativas así como la falta de comunicación que permitiera a sus miembros un mínimo de cohesión y consenso con respecto a un proyecto societario común18. Es así que después de tres siglos de dominación colonial, España dejó a este continente en una situación paradójica: primero, la relativa homogeneización de esa misma población en el campo de la religión, la lengua, la tradición y la mezcla racial; segundo, la división administrativa colonial que separaba las poblaciones en virreinatos, capitanías generales y audiencias, que propició la formación de unidades políticas regionales distintas y muchas veces en conflicto. Esto último fue favorecido por el aislamiento derivado de las políticas comerciales monopólicas de la metrópoli, los conflictos raciales y culturales, así como la extensa y difícil geografía del continente19.
Es sobre la base de lo primero que se forma el americanismo y sobre lo segundo que se consolidan los nacionalismos particulares.
Con la desaparición del Estado colonial sobreviene la época del nacionalismo iberoamericano, que se extiende entre 1810 y 1844. En esta época estallan guerras civiles, la mayoría de ellas auspiciada por las oligarquías regionales, que convertidas en clases dominantes en las antiguas unidades administrativas coloniales, impulsaron el nacimiento a los nuevos estados. En realidad, las clases dominantes criollas fueron los verdaderos soportes de la independencia. Ellas dieron sus fortunas e incluso ofrendaron las vidas de sus hijos.
Entre 1808 y 1828, un gran número de familias aristocráticas criollas se arruinaron; al respecto, basta recordar que entre 1814 y 1816, cuando se produce la contraofensiva española, «más de dos tercios de las grandes familias terratenientes sufrieron pesadas confiscaciones» y casi el mismo porcentaje dieron sus vidas por esa causa20.
En términos generales, pocos años después de iniciarse el proceso de la independencia, la euforia unionista disminuye y surgen los conflictos entre caudillos, familias oligárquicas y otros grupos de poder. Así se iniciaba la segmentación de este continente, hasta ese entonces dominada y gobernada unitariamente por el imperio español. En 1811, Paraguay se independiza de Buenos Aires; en 1821, Brasil se anexa el Uruguay; en 1825, Bolivia se separa del Perú y Brasil entra en conflicto con Buenos Aires; en 1828, Uruguay se separa del Brasil; en 1830, se divide la Gran Colombia y nacen Venezuela, Colombia y Ecuador; en 1832, Colombia declara la guerra al Ecuador; en 1835, San Salvador se subleva contra la República de América Central, México sufre una guerra civil y Texas se declara República Autónoma, se crea la Confederación Peruano-Boliviana, que intentó reunir a ambos pueblos; en 1836, Chile declara la guerra a la Confederación Peruano-Boliviana y esta última se disuelve; en 1838, se divide la República de América Central y aparecen Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica; en 1844, se separa la República de Santo Domingo de Haití.
Los estados latinoamericanos fueron, pues, construidos sobre dos dimensiones: a) la antigua división administrativa de la colonia; y b) los intereses políticos y oligárquicos de familias y otros poderosos grupos locales. Lo primero generó el sentimiento de arraigo local, y legitimó luego, en la independencia, el principio del uti possidetis, que convertía esas divisiones en el armazón territorial de los nuevos estados. Lo segundo consolida el arraigo local, enerva los conflictos territoriales y genera las primeros grupos dominantes locales, salidos esta vez de las huestes criollas. Como se observa, la lógica de construcción de los estados no obedecía a diferencias históricas, sociales o culturales entre estos pueblos, sino a divisiones administrativas, intereses locales de índole político e incluso familiares. En oposición, en Europa los países se construyeron casi siempre sobre espacios ocupados por comunidades con historias y características socioculturales diferenciables. Esto es comparativamente muy importante. En efecto, George Burdeau afirma que en países antiguos como los europeos «es la nación la que hizo el Estado».21 En América Latina, al contrario, eran estos los que intentaban formar naciones. En ese sentido, estos nuevos estados eran estrictu sensu, «estados sin naciones».22
Precisamente por ser «estados sin naciones», el discurso nacionalista de los grupos dominantes mostró todas las características de una prédica patriótica: se basaban fundamentalmente en el Estado (como expresión territorial y político-administrativa) y no sobre la comunidad histórica (dimensión social y cultural de la nación). Esto se nota más claramente a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando se inicia la era del imperialismo. Las relaciones con éste fueron de tipo vertical y no horizontal: alianza y subordinación al imperialismo yanqui e inglés; conflicto y competencia con los estados vecinos. Tanto las alianzas como los conflictos se hicieron a partir del Estado y no de la sociedad, es decir, a partir de las diferencias y no de las semejanzas. En síntesis, los nacionalismos particulares se muestran externamente dependientes, lo que al final de cuentas es la negación misma del nacionalismo; e internamente, al fundarse en el Estado-territorial, antes que en la nación (que como realidad no existía ni podían reivindicar), aparecen como patriotas y no como nacionalistas.
Contrariamente a estos últimos, los americanistas, y particularmente Simón Bolívar, José Martí y Manuel Ugarte,23 sostenían la existencia de la nación americana tomando como base la lengua, la raza, la religión, la tradición «comunes», y sobre estas características elaboraban metáforas que hablaban de América como una madre y de sus miembros como hermanos.24 Esto es muy usual en la retórica de los criollos americanistas.
Aquello es particularmente revelador porque el criterio de unidad, inicialmente elaborado por los independentistas, era de carácter étnico. En efecto, ellos hacían referencia a lo criollo no solo por una cuestión de poder, sino porque, objetivamente, este grupo étnico-social era el único que podía ofrecer un criterio de unidad continental. En los territorios de la antigua colonia española había un gran número de lenguas, razas, culturas, de las cuales los criollos y la cultura colonial eran minoritarios. No obstante, estos últimos eran los más ilustrados, los únicos que tenían comunicación regional e interregional, poseían una identidad cultural y étnica, tenían similares intereses económicos y una voluntad de poder que no tenían los otros grupos sociales.
Esto demuestra por qué en las zonas de control político-administrativo español, donde se habían formado las aristocracias terratenientes criollas, surgieron las primeras campañas independentistas. Asimismo, explica por qué, pasada la independencia, el romanticismo del primer americanismo sucumbió rápidamente ante los intereses oligárquicos. Las proclamas que se dieron en quechua y aymara, el reconocimiento de la ciudadanía a los indios y de su rol fundamental en la construcción de la nación, la abolición de los tributos y la servidumbre, la entrega de tierras, etc., se convirtieron al poco tiempo en letra muerta.25 Como se sabe, la República fue incapaz de mejorar la condición del indio, debido a que propició la consolidación del feudalismo, prolongó el racismo colonial y convirtió a los criollos en la nueva raza clase dominante. La «hermandad americana», enarbolada por los independentistas, fue pues de origen e identidad criolla, y justamente sobre esta base étnico-cultural se pensaba la nación continental.
En conclusión, la nación americana es un mito y no una realidad. Además, el ideal americanista fue originariamente criollo y fueron ellos quienes levantaron ese proyecto y construyeron ese mito. América meridional tenía múltiples rasgos comunes, pero como proyecto nacional sucumbió al aislamiento de sus miembros, a los intereses y a la segmentación forzada que impusieron los grupos dominantes. No obstante, y a pesar de no serlo, ella tiene todas las características que la identifican como una nación inconclusa. En efecto, uno de los más importantes elementos que confirman la existencia real o potencial de una nación es el nacionalismo.26 En nuestro caso, la prueba de esto es precisamente la perviviencia del americanismo.
Si esto es cierto, entonces, ¿qué es el americanismo? El americanismo es un tipo de nacionalismo, pero de dimensiones y referentes continentales; es más, por sus diversas expresiones y características, aparece en la historia social latinoamericana como la corriente ideopolítica más parecida al nacionalismo europeo. Este es un sentimiento de pertenencia a una comunidad, cuyos límites no son los marcados por los estados que en ella existen, sino por la historia compartida y las semejanzas sociales y culturales de sus pueblos. Esto parece dar sentido real a la llamada «gran hermandad» y a los enunciados de identidad e intereses comunes entre esos pueblos. Así, cuando los nacionalistas americanos hablan de la Patria Grande, hacen referencia a esa comunidad histórica y continental que convive en este territorio. El americanismo es, pues, un sentimiento de pertenencia nacional-continental que se asienta en el pasado compartido, el mismo que proyecta a sus miembros hacia el futuro por el tácito o expreso deseo de vivir juntos.27

III. LA HISTORIA COMPARTIDA

Muchos estudiosos de los fenómenos nacionalistas sostienen que «la historia compartida» es una de las fuentes de inspiración más importantes del nacionalismo. Esto se da en el americanismo.28 En principio, este discurso nacionalista aparece como un estado de «conciencia» que presenta, aunque en forma rudimentaria, una ideología explicativa del pasado, del presente y del porvenir de la sociedad americana.29 En ese sentido, cuando Palacios afirma: «somos todos hijos de la revolución»,30 ubica la independencia como el pasado compartido por todos y el punto de partida del nacionalismo continental. A continuación veamos los aspectos más saltantes de esa historia compartida, y con ello, de la evolución del americanismo.
a) En el inicio, realidades y utopías
La historia de la independencia y del nacionalismo continental americano comienza con la «Carta a los españoles americanos», redactada en 1792 por el jesuita peruano Juan Pablo Vizcardo y Guzmán.31 Esta carta fue escrita en Francia, en plena revolución, y publicada en Londres en 1801. Es considerada como la primera proclama de la revolución americana. Su importancia no solo estriba en el hecho de haber sido leída clandestinamente por un gran número de cenáculos revolucionarios, sino también porque muestra dos elementos claves de la empresa independentista: 1) la ruptura con España; y 2) el deseo de redescubrir y restituir América a la realidad mundial.
Al comenzar su carta, Vizcardo y Guzmán afirma: «El nuevo mundo es nuestra patria».32 Esta identificación de los criollos con esta tierra se hacía en oposición a España y a los españoles. En efecto, al enunciar el monopolio político y comercial de ese imperio, decía: «España nos destierra de todo el mundo», «nos han creado como en una ciudad sitiada»:33 Luego sostiene que el pacto de justicia y protección entre el Rey y sus súbditos, no había sido respetado en América. A continuación entra en una asociación «edipiana», donde este continente aparece en «estado de infancia» y el imperio español aparece simbolizando la imagen «paternal»:34 Así, haciendo analogía con esta relación filial, afirma que «el hijo» debe emanciparse del padre y redescubrirse para provecho de la humanidad. Al final esboza esta visión utópica de América:
¡Cuando a los horrores de la opresión y de la crueldad suceda el reino de la razón, de la justicia, de la humanidad […] cuando sean echados por tierra los odios obstáculos que el egoísmo más insensato, opone al bienestar de todo el género humano, sacrificando sus verdaderos intereses al placer bárbaro de impedir el bien ajeno, que agradable y sensible espectáculo presentarán las costas de América, cubiertas de hombres de todas las naciones, cambiando las producciones de sus países por las nuestras! Cuántos huyendo de la opresión o de la miseria, vendrán a enriquecernos con su industria, con sus conocimientos y a reparan nuestra población debilitada. De esta manera la América reunirá las extremidades de la tierra, y sus habitantes serán atados por el interés común de una gran familia de hermanos.35
En esta cita se percibe uno de los aspectos más importantes del americanismo: su vocación universalista. Vizcardo y Guzmán plantea a los americanistas que vendrán luego, una de las tareas más arduas y formidables: la restitución de América al mundo, para el bienestar de la Humanidad.
Ahora bien, Vizcardo y Guzmán intenta persuadir al gobierno inglés para que participe en la independencia, pero no lo consigue. Este ilustre peruano murió en Londres en febrero de 1798. Esta carta y otros documentos llegaron a las manos del venezolano Francisco de Miranda, quien traduce parte de ellos al francés.36 Este último, que es uno de los más connotados precursores políticos de la independencia americana, incorpora en sus proyectos la herencia ideológica de Vizcardo y Guzmán.
Con Francisco de Miranda aparece por primera vez el mito del Estado Continental, propio del americanismo. Como veremos en este trabajo, esa idea se presenta como una especie de arquetipo o «imago» colectivo que orienta política e ideológicamente a muchos americanistas. Inicialmente, este mito aparece como la búsqueda del «Estado histórico».37 En efecto, parece que los criollos, en su deseo de independencia, rechazaron su desventurada identidad hispana y buscaron en lo indígena la base de la nación. Es así que se adherían romántica y episódicamente a una raza y una tradición que era precisamente opuesta a lo hispano y colonial. Además, en el pasado indígena había algo que ellos buscaban: el Estado histórico, unificador y poderoso, que actuando como criterio de unidad sobre la conciencia popular, sirviera de base para la construcción de la proyectada Patria continental.
Los personajes que expresan con mayor claridad este aspecto mítico del americanismo fueron dos. El primero es el prócer Francisco de Miranda, quien al concebir la colonia española como una gran nación, buscó en su historia un Estado continental que la abarcó y encontró el imperio del Tawantinsuyo. Es así que en 1801 propone la creación de un «Estado imperial americano», con sede en el istmo de Panamá. El Poder Legislativo se llamaría «Dieta Imperial», los representantes municipales y provinciales llevarían el título de «curacas» y los dos presidentes, elegidos por «los ciudadanos del Imperio», tendrían el «título de Incas, nombre venerado en este país.38 Como se observa, en su inicio (y continuará siéndolo por mucho tiempo después) el proyecto de construcción del mítico Estado continental se levantaba sobre la imagen arquetípica del Imperio de los incas.
El mismo proyecto del Estado continental lo encontramos en Bolívar, aunque en él no aparece como una propuesta política, sino como adaptación a los mitos andinos. En efecto, en el Cusco los indígenas lo recibieron de la misma manera en «que sus antepasados recibían a sus emperadores».39 Pero esta confusión o asimilación de la figura de Bolívar con la del inca o el rey comprometía a muchos grupos sociales e incluso a varios países.
Como veremos, los ejemplos son muchos. Lo importante aquí es que Bolívar, sensible a esta necesidad mítica, comenzó a evolucionar del régimen liberal republicano hacia una República Federativa con un presidente vitalicio, cargo que sería ejercido por él. Este proyecto quedó plasmado en la Constitución de Bolivia de 1826, esbozado en la «Confederación de los Andes» y en el tratado la «Federación Boliviana». Como se sabe, este tratado, en el que se mezclaba republicanismo y monarquía, debía extenderse a otros países.40
En realidad, el presidente vitalicio tenía todas las características de un Inca y la Federación Americana se parecía a un Imperio. Este «sueño imperial» o incásico lo expresa claramente Bolívar en su discurso al Congreso Constituyente de Bolivia, el 25 de mayo de 1925. Ahí, al hablar del presidente vitalicio, decía que era «como el Sol que, firme en el centro, da vida al Universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita, más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos, los hombres y las cosas».41
¿Bolívar quiso coronarse rey o inca de América? No hay ningún documento donde él o alguna persona cercana a él lo confirmen. Esto es cierto, pero también lo es que muchos quisieron que lo fuera. En efecto, Carlos A. Villanueva ha demostrado que hubo varios proyectos para coronarlo e incluso le ofrecieron la corona de Emperador en Caracas, Bogotá, Quito, Lima y Chuquisaca.42 En todas partes le rendían pleitesía, como si fuera un emperador. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en el Perú. Jorge Basadre afirma que aquí en muchas misas se cantaba: «De ti vino lo bueno, señor; nos diste a Bolívar, gloria a ti, gran Dios»; asimismo, cita esta reveladora décima satírica del clérigo José Joaquín de Larriva: «Cuando de España las trabas/ en Ayacucho rompimos/ otra más no hicimos/ que cambiar mocos por babas/ del poder de don Fernando/ al poder de don Simón»;43 Alberto Flores Galindo afirma que por esos años el pintor cusqueño Santiago Suárez pintó un lienzo donde hace confluir el Imperio del Tawantinsuyo como la República, y coloca a Bolívar como el continuador de los incas.44 Hermes Tovar comenta que en la Gran Colombia la figura de Bolívar había «despertado entusiasmo y había sido comparado con personajes bíblicos y aun con Jesucristo, lo cual legitimaba más la República».45 Uno de los ejemplos más reveladores lo da en 1824 el poeta ecuatoriano José Joaquín Olmedo, quien escribió un poema sobre la Batalla de Junín, donde Bolívar encarnaba al Inca Huayna Cápac dirigiendo a los Hijos del Sol a la victoria.46
Lo importante no es si Bolívar quiso o no quiso ser rey, sino que muchos querían y esperaban que lo fuera. Esto puede explicarse por la enorme influencia de este héroe continental, pero es fundamentalmente debido a que en aquella época los hispanoamericanos no conocían otro régimen que el monárquico. Lógico era pues que buscaran un rey o inca que llenara el vacío de poder dejado por el rey de España y pare la anarquía que los caudillos habían desatado en el continente. Esto explica que en muchos países de esta región existieran constituciones o proyectos monárquicos y que muchos caudillos fueran gobernantes absolutos, mucho más poderosos que los mismos reyes europeos.47 Lo cierto es que muchos buscan ser proclamados reyes, aunque solo Iturbide lo logra en México; que varios se proclamaran dictatores supremos, aunque solo dos lograron avanzar hasta el final de sus objetivos: en Paraguay, José Gaspar de Francia fue nombrado «Dictador perpetuo», y en Guatemala, Rafael Carrera logró ser proclamado «Presidente vitalicio». Parece que no hay dudas: los hispanoamericanos, sorprendidos por la inesperada independencia, buscaban naturalmente un nuevo rey. Bolívar no quiso serlo, pero ese deseo insatisfecho pervivirá, con algunos simulacros, largo tiempo en estas tierras, muy a pesar de las improvisadas repúblicas que se instalaron en los nacientes estados-nación.

b) La independencia y «el deseo de vivir juntos»

Como hemos dicho, a partir de 1810 las antiguas colonias hispanas se dividen y dan origen a los nuevos países o estados-nación. De esta manera surgen dos realidades o comunidades imaginarias: la primera y más antigua es la criolla, que se asienta en el recuerdo del espacio colonial reconocido como realidad socio-cultural, al que reivindican como nación o patria continental; la segunda, nueva y más programática que imaginaria, es inventada por los intelectuales, caudillos y las oligarquías locales o regionales. La primera, que es la que aquí interesa, muestra inicialmente un vigoroso deseo de mantener unida a las antiguas colonias, en tanto realidad nacional, pero paulatinamente ese deseo se convierte en una propuesta ideológica y política. Esto último es el americanismo, lo que no es otra cosa que el «deseo de vivir juntos». En muchos casos esto lo vemos implícitamente en el accionar de muchas gentes, pero en otros casos lo vemos claramente expresado en acuerdos, artículos, proclamas, congresos, etc. Lo vemos en las proclamas de las Juntas Supremas de Caracas de 1810, de Santiago de Chile y Buenos Aires de 1811, en el Tratado de unión, liga y confederación de 1823, en el Congreso de Panamá de 1826, en el Congreso de Lima de 1847, etc.48
Todo parece indicar que ese «deseo de vivir juntos» comienza su recorrido a partir de la independencia. En realidad, la idea de pertenencia surge y se consolida en ese peregrinaje que fue la independencia. Como ha sido verificado en Europa y otros lugares, la peregrinación crea significados y lazos de pertenencia en las comunidades y particularmente en las llamadas «comunidades imaginadas» o naciones.49 En nuestro caso, los independentistas americanos recorrían los valles, las montañas, los ríos, y es allí donde en ellos brota un sentimiento de posesión de esas tierras, antes dominadas por los que ahora llamaban «extranjeros». Pero al mismo tiempo tenían como compañeros de viaje a personas provenientes de diferentes lugares, unidos en los mismos ideales, comulgando con los mismos intereses, comunicándose en la misma lengua, compartiendo la misma religión. Surge así la idea de lo «nuestro» y el «nosotros».
El proceso de la independencia del Perú dinamizó en gran medida ese peregrinaje americano. Esto fue así porque este país había sido y aún era el centro del poder político y militar del imperio español; además, porque ahí se encontraban los criollos más reacios a la independencia. Era fácil comprender que de la independencia del Perú dependía la independencia de Hispanoamérica. En esas condiciones, miles de individuos y grupos independentistas de diversos países del continente se encaminaron a este lugar. Así, Basadre afirma que al Perú llegaron «los aportes argentinos y chilenos, seguidos de los colombianos (lo que) contribuyó a desarrollar, junto con el nacionalismo propiamente dicho, el nacionalismo continental»:50
Esta enorme peregrinación propició y alentó el experimento americanista, el mismo que duró varios años. Efectivamente, los primeros presidentes del Perú fueron el argentino San Martín, el venezolano Simón Bolívar, el ecuatoriano La Mar y el boliviano
Santa Cruz; además, en el Congreso Constituyente de 1822 a 1825 hubo nueve diputados de Colombia, tres de Argentina, uno de Chile y uno del Alto Perú. Lo mismo se ve en otros países, donde hombres nacidos en otros países fueron políticos y hombres públicos en otros. Como dice Luis Alberto Sánchez, en esa época «no hubo extranjero en nuestras patrias chicas».51 Así, las luchas por la independencia habían creado, en la práctica, la «ciudadanía continental» que había sancionado la Constitución argentina de 1822 y que en 1826 proyectara el Congreso de Panamá.52
El americanismo surge pues de esta historia compartida por miles de criollos independentistas.53 Debido a las luchas se habían desplazado por todo el continente y, al encontrarse hermanados por ellas, compartieron, por muchos años, los mismos ideales americanistas. Al final del combate, después de desperdigarse por todo este territorio, siguieron siendo la «conciencia nacional continental» que sobreviviría todo el siglo XIX y parte del siglo XX, de mal grado los nacionalismos particulares.

c) El imperialismo y su rol en la formación de la identidad latinoamericana

Es indudable que la presencia amenazante de Estados Unidos sobre estos pueblos ha desempeñado un papel importante en la formación y evolución del americanismo. Como hemos visto, el americanismo expresa una relación emotiva de los hombres hacia su tierra; así, al evocar a ésta y sus límites, su invasión o amenaza provocaba inmediatamente la identificación de los enemigos. El enemigo primigenio fue el imperio colonial de España, pero a medida que se desarrolló la historia de la independencia y la formación de los Estados latinoamericanos, Estados Unidos comenzó a desplazar a España en el rol del enemigo. El origen de este último data de 1817, cuando el presidente de Estados Unidos, James Monroe, apoyó con armamento a los españoles para que arrojaran a las tropas de Bolívar de la isla Amelia. En efecto, éstas ocuparon esa isla e instauraron la República de la Florida. Sorprendentemente, Estados Unidos envió los barcos «El Tigre» y «Libertad» provisto de armamento para que los españoles recuperen sus tierras y arrojen a los «invasores». Los independentistas confiscaron estos buques, lo que marca el inicio de una tensa relación con Estados Unidos. Bolívar acusó a los angloamericanos de haber traicionado los principios de amistad al «dar armas a unos verdugos y para alimentar unos tigres que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana, la sangre de sus propios hermanos».54
El 23 de diciembre de 1817, el presidente Monroe ordenó la invasión de la isla y desalojó a los libertadores. A partir de ese momento, se produjo una serie de incidentes entre unos y otros por la posesión de la isla. El gobierno de Estados Unidos, preocupado por una nueva invasión de los sudamericanos, apresura sus trámites para adquirir La Florida. Ese había sido su verdadero interés. Así, en 1819, Estados Unidos recibió de España La Florida, a cambio de hacerse cargo de un pasivo de cinco millones de dólares.55
El 2 de diciembre de 1823, y cuando la independencia latinoamericana ya era casi total, el presidente James Monroe anunció en el Congreso norteamericano una doctrina que llevaría su propio nombre. Ella se componía de una serie de principios de política extranjera, donde anunciaba su decisión de protección al continente americano hasta el paralelo 51, de toda intervención colonial europea. En esta doctrina, bajo la consigna de «América para los americanos», Estados Unidos planteaba una ambigua relación con sus vecinos: de un lado, anunciaba su participación activa en la protección del continente; y del otro, insinuaba (por lo menos así será interpretada luego), su voluntad de dominación continental.56
A partir de ese momento Bolívar inicia un claro deslinde entre las dos «Repúblicas Americanas»: llama «extranjeros» a los del norte y los excluye de «nuestros arreglos americanos».57 Finalmente, se les opone cuando constata que los norteamericanos, ante la imposibilidad de boicotear el Congreso de Panamá, intentaban convertir a ese país en «jefe» de la Confederación Americana.58 Así fue cómo la obstrucción de los norteamericanos a los avances libertadores y unionistas de los sudamericanos creó, en estos últimos, los primeros signos de diferenciación y oposición político, étnico y cultural entre ambos pueblos.
Luego de estos acontecimientos, vemos aparecer claramente en el imaginario americanista, una suerte de doble visión geopolítica de América en el mundo. La primera surge en oposición a Estados Unidos y contempla, a contrapelo a la realidad geográfica que muestra tres zonas, la división de este continente en dos grandes áreas: América del Norte y del Sur.59 La segunda es la referida al equilibrio del mundo. En ella América Latina, libre y unida, aparece mediando y balanceando el poder que se disputan Europa y Estados Unidos en el mundo.
Esta última visión geopolítica está presente en Bolívar desde muy temprano, pero las contingencias de la guerra y las alianzas que ella implicaba la habían subordinado. Es solo después de conseguida la independencia y previsto el Congreso de Panamá cuando reafirma su propuesta sobre el rol que debería desempeñar América en el mundo. En efecto, Bolívar pensaba que la unión de los pueblos de América debería fundar, con la ayuda de Gran Bretaña, una nueva era en la humanidad. Aquella sería la del nuevo «equilibrio del Universo», formado sobre la base de esa «liga formidable» integrada por los pueblos de México, Perú, Chile, Buenos Aires, Nueva Granada y Venezuela.60 Él estaba convencido de que «la libertad del mundo está dependiente de la salud de América».61 Es en esa perspectiva que, en vísperas del Congreso de Panamá, sostiene que ese «nuevo mundo», impulsado por la Confederación Americana, sería formado por «naciones independientes, ligadas todas por una ley común»; y que de esa manera «un equilibrio perfecto se establecería en este verdadero nuevo orden de cosas».62
El rol de América en el «equilibrio del mundo» será retomado por el chileno Francisco Bilbao en su libro América en peligro (1862). Este fue una de las tantas respuestas americanistas a las invasiones de Santo Domingo por España, de México por Francia y de Estados Unidos a diversos países centroamericanos.63 En este libro, Bilbao retoma las ideas de América Latina como una gran Nación Continental, de la Asociación de las Repúblicas, la ciudadanía continental e inaugura la idea de «amenaza imperialista» de Estados Unidos con respecto a sus vecinos del sur.64 Pero lo que lo convierte en el más universal de los americanistas son sus propuestas para el equilibrio del mundo. Tal es así que después de afirmar que en esta parte del continente se encuentra «el alma primitiva y universal de la humanidad» y que sus hombres eran los llamados a «iniciar la profecía» de fundar «una nueva era», sostiene que el ideal o «el centro del movimiento americano» es la «asociación de las personalidades libres, hombres y pueblos para conseguir la fraternidad universal».65 Y concluye:
Sepamos contemplar a la humanidad doliente, que cual otro Prometeo protesta encadenado en Asia, África y Europa, dormitando bajo el peso de la naturaleza sin la libertad, o bajo la ciencia de la fuerza y el engaño, y que espera quizás la revelación de la justicia por la boca de todo un continente para proclamarse emancipada…
Nuestros padres tuvieron un alma y una palabra para crear naciones; tengamos esa alma para formar la nación americana, la confederación de las Repúblicas del Sur, que puede llegar a ser el acontecimiento del siglo y quizás el hecho precursor inmediato de la era definitiva de la humanidad. Álcese una voz cuyos acentos convoquen a los hombres de los cuatros vientos, para que vengan a revestir la ciudadanía americana. Que del foro grandioso del continente unido, salga una voz: ¡adelante! ¡adelante! en la tierra poblada, surcada, elaborada; adelante con el corazón ensanchado para servir de albergue a los proscritos y emigrados; adelante con la inteligencia para arrancar los tesoros del oro inagotable, depositadas en las montañas de los pueblos libres […] verdaderos intérpretes del Ser, nos ponemos en camino, cargando el testamento de la perfección del género humano.66

6 thoughts on “EL AMERICANISMO – I PARTE

  1. esta pagina esta muy buena y me sirvio mucho para hacer mis apuntes ….pero estaria bueno que le agreguen una imagen del mapa de america en donde esten ubicado los distintos virreinatos y las capitanias generales (osea un mapa historico)muchas gracias y ojala le puedan agregar esa ultima informacion que le falta para que esta pagina sea la mejor de todas………………

  2. They also took seven armored Coach Outlet Onlinepersonnel carriers.Tarhouni said Libya’s new leadership willChanel Bags move their headquarters from Benghazi to Tripoli Chanel Handbagsthis week to begin implementing political plans to Moncler Jacketshape a new future.But for the time being, guns trump government Louis Vuitton Handbagson the streets of the capital.Tripoli has become a city of Coach Outlet Storecheckpoints, weapons and no real authority as the threat ofChanel Handbags Outlet Gadhafi’s loyalists lingers.Jittery and suspicious anti-Gadhafi Moncler Shopfighters blocked a road Saturday where a drive-by shooting occurred North Face Coatsearlier. They collected weapons and registered them at police stations. Moncler Shop OnlineThose who called themselves rebels just a week ago were now working LV Outletwith Tripoli’s law enforcement authorities.With Gadhafi’s armories emptied,Louis Vuitton Outlet guns — always in large supply in Libya — have proliferated on the streets.Louis VuittonThose who want to carry weapons now must be Coach Sunglassesissued identification cards, but the selection process is coach bagsnot centralized — neighborhood councils are making that decision.Coach Outlet StoreA group called the Tripoli Revolutionary Council is trying to coach.comexert control over the city, creating the potential coach factory storefor further conflict with the established National Transitional coach couponCouncil in a volatile situation.Tarhouni announcedcoach bag Saturday the formation of the Supreme Security Committee, which held its first meeting Friday.

  3. As Europe grapples with Greece and the U.S.struggles to coach outlet store online create jobs, Australia’s economy is soaring, driving the Australian dollar to historic heights against the U.S. coach outlet online dollar — something unthinkable a decade ago when Sydney hosted the coach factory outlet 2000 Olympics. But a strong Australian dollar has not been good for tourism. coach bags In the past 10 years, tourism revenue has shrunk from 3.4% of Australia’s GDP to 2.6%. The number of people flocking coach handbags to Louis vuitton bags Australian shores has also dropped steadily since the Olympics; according to coach wallets the most recent statistics available, international Louis vuitton outlet arrivals were down 2.5% in July 2011from July 2010. Tourism officials realize they have a problem. louis vuitton In an effort to promote the country last year, a number of government louis vuitton bags and tourism bodies spent nearly $5 million to bring Oprah Down Under to tape her show. It didn’t exactly work. Evidently, even Oprah’s magic touch has its limits.
    But there’s another possible solution a little closer to home: China. coach outlet online The statistics speak for themselves. The Chinese are the fastest-growing tourism group in coach factory outlet the world, with approximately 57.4 million people traveling overseas last year. Louis vuitton bags Chinese tourists are now Australia’s third largest louis vuitton outlet market for inbound visitors, but most importantly, its louis vuitton fastest growing one. Within the last year, the number of visitors from coach outlet online the mainland has surged by 23%, contributing $3.26 billion coach outlet online to the economy.

  4. The bucket <a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.coachsfactory-online.com%2F&quot; title="Coach
    Factory” rel=”nofollow”>Coach Factoryis back because Louis Vuitton reinvented it.
    The bucket hand<a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.louisvuitton.co.cm%2F&quot; title="Louis
    Vuitton Bags” rel=”nofollow”>Louis Vuitton Bags was first used as a shopping bag in
    1968 when fashions were
    mod and everyone used the bucket Coco Chanelfor shopping in the larger
    urban areas.
    In the 80’s it was even adopted to wear in Japan with a Kimono. The
    bucket<a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.mycoachoutletstoreonline.com%2F&quot; title="Coach
    Outlet Online” rel=”nofollow”>Coach Outlet Online
    works wells today because it is a welcome Chanel Outlet Storeto the
    fashion world.
    Women buy Louis Vuitton bucket <a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.coachbags-handbags.net%2F&quot;
    title=”Coach Bags” rel=”nofollow”>Coach Bags because they look smart and hold
    everything
    they need from morning<a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.mycoachfactorystore.com%2F&quot;
    title=”Coach Factory Store” rel=”nofollow”>Coach Factory Storenight and still look
    chic.
    Designers create the trendiest bucketCoach Online Outletthat are on
    the runway this season.
    Besides using their signature logo, Louis Vuitton puts out <a
    href=”http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.coachsfactoryoutlet.org%2F” title=”Coach Factory Outlet
    Online” rel=”nofollow”>Coach Factory Outlet Online,
    prints and colors that change all of the time. The first thing to remember is
    that bucket handbags come in differentCoach Outlet.
    The smallest<a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.louis-vuitton.com.de%2F&quot; title="Louis
    Vuitton Outlet” rel=”nofollow”>Louis Vuitton Outlet handbag is for when you just want
    to carry a wallet and smaller personal items.
    A medium bucket<a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.coachoutletonline-e.com%2F&quot; title="Coach
    Online Outlet” rel=”nofollow”>Coach Online Outlet is great for when you want to go to
    lunch and then go shopping for a few small items.
    Instead of carrying shopping bags you can put everything you buy into a bucket
    Coach
    Outlet
    and keep looking great,
    while you keep everything in the same place. A large bucket <a
    href=”http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.coachs-factoryoutlet.com%2F” title=”Coach Factory Online” rel=”nofollow”>Coach
    Factory Onlinekeeps shopping items,
    personal items and the things that an office executive needs to keep while she
    goes about her<a href="http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.coachoutlete.net%2F&quot; title="Coach Purses
    Outlet” rel=”nofollow”>Coach Purses Outlet day.
    The colors are the next thing to look for in bucket <a
    href=”http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.louisvuittons-outlet.org%2F” title=”Louis Vuitton Outlet
    Online” rel=”nofollow”>Louis Vuitton Outlet Online.
    The colors come out in the fall and the spring and are always<a
    href=”http://nireblog.com/out.php?url=http%3A%2F%2Fwww.coachfactory-storeonline.com%2F” title=”Coach Outlet Store
    Online” rel=”nofollow”>Coach Outlet Store Online

  5. Over the centuries,
    Coach Online Outlet has made classic purses which are Louis Vuitton Outletdistributed in the many stores worldwide.
    Coach Outlet HandbagsThey are designed with creativity Chanel Bagsand innovation to ensure the purses are long lasting and unique.
    Coach Factory Some of the latest
    Cheap Louis Vuitton Bags review is emblematic monogram canvas with graffiti,
    Coach Outlet Store creative turmoil which is loved Coach Outlet Online professionals.
    These Coach Outlet Online are available for Coach Outlet Store Online different occasions you can get them for Burberry Scarf official wear and casual or other functions like dinner and outings.Coach Bags There are larger ones that Louis Vuitton Bags can be used for travel.
    Coach Factory Outlet Online The fashion house offers one of the leading luxury brands of
    Louis Vuitton Outlet in the world.
    TheCoach Factory Outlet are available in colors that you canChanel Handbags choose to match your outfit or accessories.
    Coach Factory Store Online There are plain and printed or embroidered types.Louis Vuitton These are more casual and specific LV Bags to the outfit you blend it with.
    Louis Vuitton Outlet The larger types are good for officialCoach Factory Online use since they can carry the files and equipments you need such as a laptop.
    Coach Factory Online
    This reduces the burden of carrying more than one purse.
    Louis Vuitton Sunglasses
    These Coach Factory Outlet from Pursefocus.
    Burberry Bags com are made of materials that make them stand out from the rest.Louis Vuitton Bag For example there are those made from monogram canvas.
    Authentic Louis VuittonThese are complemented with natural cowhide leather trimmings.Burberry Scarf
    They normally have textile lining that make them unique and long lasting.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s