FRANCISCO, GARCIA CALDERÓN LANDA

Fue desterrado y recluido en una cárcel chilena por no entregar territorios peruanos

Presidente del Perú, Francisco García Calderón Landa: Héroe civil de la Guerra del Pacífico

Jorge Basadre Ayulo

Después de la ocupación sangrienta de Lima por los chilenos, los representantes de todas las clases sociales peruanas, artesanos, profesores, capitalistas, literatos, profesores, políticos, hombres a pie, acordaron formar un Gobierno Provisional, unipersonal, conforme a la Constitución Política entonces vigente de 1860, bajo la presidencia del ilustre jurista doctor Francisco García Calderón Landa, hombre probo, de trabajo y de bien, luchador en la Batalla de Miraflores, bajo el mando del coronel Juan Recabarren.

A tal efecto, para aceptar la vida jurídica de este Gobierno Provisional, los chilenos impusieron un cupo de un millón de pesos que debían pagar cincuenta personas designadas en el término de ocho días, bajo apercibimiento de destrucción de sus bienes hasta por el valor de esta imposición, y el pago de un impuesto tres veces mayor y apremio corporal. Entonces, Francisco García Calderón Landa asumió como Presidente, la responsabilidad de esta prestación y entregó a cuenta de ella 200,000 pesos.
Además de dinero, los chilenos pretendían la cesión territorial de zonas del sur en el Perú desde la Quebrada de Camarones hasta Tacna, y el absurdo pedido corría hasta la exigencia del pago de millones adicionales de pesos por gastos de guerra, además de las garantías para su cancelación. En el siglo XX, ni en la Primera Guerra Mundial ni en la posterior existieron, tan exigentes prestaciones. Los chilenos son auténticos zopilotes de doble cara, cuervos, y buitres devoradores.

El Gobierno Provisional de Francisco García Calderón Landa fue primero instalado por los chilenos en la antigua Escuela de Clases, en Chorrillos, uno de los pocos inmuebles no incendiados por los chilenos, después de la borrachera descomunal armada por la soldadesca que constituyó una sublimación de los rotos al culto a Baco. Lo importante para el Perú era negociar la paz y que los invasores abyectos dejaran el país que se encontraba en ruinas sólo por entonces. Como ave Fénix, resucitamos después de estas circunstancias y vencimos en los Andes agrestes en que sonaron los clarines sonoros de Andrés Avelino Cáceres y su tropa colecticia, heroica ante los avatares fatales del destino y en Concepción hicieron “saltar a los invasores como conejitos” antes de cocinarlos en la olla hirviente.

Rotundo NO
A García Calderón Landa, la tropa de Lynch, con pantalones de olor a trapo viejo y orinados de miedo ante Cáceres y la altura de los Andes, lo amenazaron aun de muerte si no aceptaba sus pretensiones: la cesión territorial y el pago de una cuantiosa suma dineraria por “botín de guerra” que paradójicamente los chilenos iniciaron con fines geopolíticos. El Presidente provisorio peruano rechazó de plano tal exigencia con un rotundo: NO. Entonces el invasor desconoció al Gobierno Provisorio y procedió a embargar todos los fondos peruanos existentes en la Caja Fiscal y los existentes en el Banco de Londres.

Acto seguido, Lynch dispuso, bajo indicaciones de La Moneda, la detención de Francisco García Calderón Landa y otros miembros de su gobierno en un papelote insípido. Inmediatamente fue conducido al buque “Almirante Cochrane” rumbo a Pisco para luego enrumbar a Valparaíso. En este puerto, los peruanos detenidos fueron trasladados a un bajel de carga “Chile”, ya que a juicio del gobierno de Santa María, los secuestrados peruanos “no merecían viajar en un buque de guerra”, por lo que utilizaron un navío de carga, un carcamal de barco. Los chilenos alegaban que los prisioneros “no eran dignos de ir a Chile sino en un transporte con chilenos condenados por diversos delitos cometidos en Lima”. (Francisco García Calderón. Memorias del cautiverio. Lima, 1949. p. 19).

García Calderón, ante esta cobardía chilena llegó a exclamar: “Esta medida ha sido dictada contra mí por la energía con que se ha defendido la integridad del territorio y la soberanía de la nación, y añadió “voy al extranjero con la satisfacción del deber cumplido” y “hoy tengo más fe en los destinos de mi patria” (Francisco García Calderón, op. cit., p. 20).

En el destierro
Compartió las amarguras del destierro con su bella esposa doña Carmen Rey y Basadre, y el hijo por nacer después, al que se le destinó por los chilenos después de nacido como cuna una caja de madera usada de fruta. Al arribar al puerto de Valparaíso los prisioneros tuvieron (incluyendo a su cónyuge en avanzado estado de preñez), varados en el mar sin que autoridad política de este puerto los recibiese.

García Calderón sostuvo que los tribunales de Chile no eran competentes para juzgarlo. Fue acusado del supuesto delito de emisión fraudulenta de billetes fiscales ¡Qué tales “juriscojudos”! la de los magistrados chilenos, quienes ignoraron a sabiendas que este supuesto delito sobre la emisión de billetes “era un acto administrativo que no constituye delito” y que en su calidad de Presidente, sólo podía ser juzgado por la Corte Suprema del Perú, inactiva en esos momentos”.

Al fin triunfó la tesis de García Calderón, cuando la Corte Suprema de Chile declaró procedente la excepción de falta de jurisdicción para conocer esta causa. Sobre el otro extremo de la acusación por un delito no cometido, existió desistimiento del gobierno de Chile, pese a la cual su abogado chileno Ambrosio Matta, inconsultivamente, cobró 2,000 pesos de honorarios, jamás pactados por supuestos servicios profesionales no prestados (Francisco García Calderón, op. cit. p. 24).

Títere a la vista
Al prisionero y su familia se le instalaron con capricho en Quillota y Rancagua, “situación que pacientemente toleró, siempre vigilado con ostensión irritante, y muchas veces expuesto a la ira de un soez populacho, instigado por las autoridades políticas de Valparaíso, quienes seguían como ciegos los insultos de la desbordada prensa chilena”. (José Antonio Miró Quesada. Francisco García Calderón en el día de su muerte. “El Comercio”. Edición de la mañana del 22 de septiembre del 1905).

García Calderón, expresó: “Quien secunda las pretensiones de los chilenos, tenía todas las virtudes; y el que las combatía, estaba plagado de todos los vicios” (Francisco García Calderón, op. cit. 87). Con nobleza añadió: “la esperanza que el país sureño no reitere los hechos y no los repita”. Tal vaticinio nunca fue cumplido.

Francisco García Calderón Landa no fue un hombre débil. Chile, luego de vejar al ilustre peruano, entró en tratos con el coronel Miguel Iglesias para conseguir sus fines de la cesión territorial y pagos indemnizatorios. A tal efecto, liberaron al fervoroso partidario de Iglesias, José Antonio de Lavalle para constituir el gabinete títere de Iglesias, lo liberaron, y trasladaron en un buque de guerra y no en un simple bajel a Lima.

Mientras continuaba la detención arbitraria de la familia García Calderón, los chilenos formaron un gobierno de fantoches liderados por Iglesias, y celebraron el ominoso Tratado de Ancón. Los ciudadanos peruanos adictos a Iglesias, prisioneros en Chile fueron liberados y volvieron a la patria, salvo a García Calderón y su familia, cuya libertad la obtuvo recién en mayo de 1884, luego de ponérsele como condición draconiana que no volviera al Perú.

Obtuvo para él y su familia las visas para viajar a Buenos Aires y luego a Europa donde recibió muestras públicas de reconocimiento y afecto. Nuestro héroe civil recién arribó a Lima en junio de 1886. Un gentío dióle la bienvenida en la rada del Callao, incluyendo personajes distinguidos del Poder Judicial, Congreso, Universidad de San Marcos, miembros del clero y peruanos probos sin distinción alguna de credos u oficios.

Símbolo
Después de ser ultrajado por el poco sesudo Santa María, y sus subalternos, García Calderón regresó al Congreso del Perú, como Senador por Arequipa y luego por Puno. En 1887 fue presidente del Senado y miembro de la Real Académica de la Lengua compuesto por doce personalidades. Resultó elegido Rector de la Universidad de San Marcos para los periodos de 1887 a 1891, reelegido por el periodo 1895 a 1899, y otra vez para los periodos de 1899-1903 así como para el de 1903-1907. No aceptó las tentativas realizadas para aspirar a la Presidencia de la República. Falleció en el ejercicio de su profesión. En el sepelio del distinguido jurista arequipeño, en el Cementerio General de Lima, don José de la Riva Agüero y Osma pronunció bellas palabras de dolor y respeto que parece todavía escuchamos en el Cementerio de Lima:

“Los jóvenes lo veíamos como una viviente personificación del pasado; como un ser tutelar; como una imagen de la experiencia y del sano consejo. Y para concluir por convertirlo, como sucede siempre con las grandes ancianidades, en una especie de símbolo querido y sagrado, concurrían en él las preseas del talento, no amenguado ni debilitado por el tiempo y el inmenso prestigio de una vida inmaculada. Y, como una aureola espiritual y radiosa, coronaba sus ilustres canas la veneración del Perú entero”. (José de la Riva Agüero y Osma. “El Comercio” de Lima, 23 de septiembre de 1905).

Voluntad férrea
¡Qué distancia tremenda entre García Calderón y Lynch. El primero fue estudiante modelo, profesor universitario y Rector de la Universidad de San Marcos, hombre de letras, abogado notable, escribió páginas monumentales, respetado por toda la ciudadanía. La guerra no exterminó su patriotismo. Resistió con voluntad férrea a las baladronadas chilenas. Sirvió al país con catadura moral. Supo a tiempo que el poder político es perecedero y nunca fue servil ante nadie. Siendo Ministro de Hacienda en el periodo de José Balta, con honradez cristalina, negóse a suscribir un libramiento a favor de una empresa por haber sido anteriormente abogado de ésta y prefirió que lo ejecutara otro ministro. Fue profesionista probo sin la tentación de poder político, sin ingresar al pantano turbio de la corrupción existente en la política y en el Poder Judicial. En su vida no aparecieron sosias o espectros.

http://www.larazon.com.pe/online/indice.asp?tfi=LREspecial01&td=28&tm=06&ta=2008

¡¡¡ LA HISTORIA ENSEÑA !!!

FRATERNALMENTE. DR. LUIS ANTONIO,ROMERO YAHUACHI

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PERUANO HEROE EN AFGANISTAN

EE UU declara a peruano héroe en guerra contra terrorismo en Afganistán

Se enfrentó a talibanes cuando atacaban patrulla norteamericana
Armando Alcázar
El peruano Pablo A. Huldisch, fue condecorado con la medalla del valor en ceremonia oficial y nombrado “héroe de guerra”, por el gobierno de Estados Unidos, ante su destacada participación, como piloto, en la operación Paz Duradera, realizada en Afganistán, contra las fuerzas terroristas talibanes.

Pablo Huldisch, quien cambió su nombre a Pavao (Pablo en Croata) para honrar la memoria de su abuelo, fue nombrado héroe de guerra por su participación en el vuelo aéreo como piloto de un avión F/A-18C, asignado a Strike Fighter Squadron Cuatro Seis Uno, a bordo del porta aviones USS John C. Stennis (CVN 74) como comandante de la Quinta Flota de apoyo a la Operación Libertad Duradera.
Defensa de coalición
El Comandante Huldisch voló como apoyo aéreo de una patrulla de las fuerzas de la coalición de tierra, cerca de Musa Qal’eh, Afganistán.

La patrulla estaba bajo un fuerte ataque con cohetes y disparos de otras armas desde numerosas posiciones talibanes. A pesar de incesantes fuego de armas, granadas y cohetes antiaéreos el comandante Huldisch realizó varios vuelos a baja altura y atacó las posiciones enemigas.

Su madurez y excelente ejecución salvó la vida de los miembros de las fuerzas de la coalición. Su disciplina aeronáutica, agresividad y devoción al deber en condiciones peligrosas de vuelo, según documentos oficiales, lo hizo merecedor de la ‘Medalla al Valor’ y nombrado ‘Héroe de Guerra’ por la Aviators’ Post No. 743/American Legion, organización que al año selecciona un piloto por su acción en la guerra, a recomendación de la Marina de los Estados Unidos.

El inicio
Pablo A. Huldisch nació en Lima, Perú, donde creció y estudió en el colegio María Reina. Viajó a Estados Unidos con su madre, Neti Luscombe, en setiembre de 1989, y continuó sus estudios en Hunter Collage. Una vez que recibió su ciudadanía ingresó a la Officers’ Training School (escuela para entrenamiento de oficiales).

Por las exigencias de su capacitación, se mudó a Oklahoma para entrenar con los pilotos de las fuerzas aéreas en jets. Allí conoció a su esposa con quien tiene 4 hijos. Una vez que termino su entrenamiento, fue enviado a Pensacola en Florida para recibir entrenamiento en helicópteros.

Al finalizar su capacitación, tuvo la oportunidad de elegir en qué tipo de helicóptero quería volar y eligió el más grande, el HC-53 ‘Sea Stallion’ y fue enviado a Siganello, Sicilia, para apoyar las operaciones en el Mediterráneo. Por su labor recibió su primera condecoración.

Después de esta operación, tuvo la oportunidad de entrenar de nuevo con los jets y fue enviado a Kingsville, Texas. Con esta capacitación, fue enviado a su base en Lemoore, California y desde allí viajó a su misión en Afganistán.

http://www.larazon.com.pe/online/indice.asp?tfi=LRInternacional01&td=15&tm=06&ta=2008

DR. LUIS ANTONIO, ROMERO YAHUACHI

CHILE BUSCA INCIDENTE ARMADO

Carlos Linares

El jurista Juan Vicente Ugarte del Pino, uno de los miembros del equipo que defiende al Perú ante la Corte de La Haya en el diferendo marítimo que sostiene con Chile, advirtió que la visita de los diputados sureños al Hito 1 marca el inicio de una serie de actos de provocación orientados a generar un incidente armado bilateral que interrumpa el proceso jurídico.
Explicó que de acuerdo a los estatutos de la instancia supranacional resulta incompatible su participación en la resolución de conflictos cuando hay una acción bélica.
“Si se produce un incidente armado, la Corte inmediatamente tendría que abstenerse de resolver este caso porque es incompatible su función con cualquier tipo de acción violenta. Y es a esa situación a la que apuntan algunos políticos chilenos”, aseveró.

Indicó que la carencia de argumentos jurídicos e históricos para que La Moneda sustente su postura ha provocado la desesperación de algunos de sus sectores políticos y “la visita de estos diputados es una muestra de la provocación que quieren generar para que pisemos el palito y pueda producirse una situación en que las armas entren a tallar”.

Respecto al recorrido marítimo que realizaron los representantes de las Comisiones de Relaciones Exteriores y Defensa de la cámara de diputados mapocho en la frontera con el Perú, a bordo de una patrullera perteneciente a la marina chilena, refirió que “antes que un acto de provocación, es un acto de agresión contra el Perú”.

Ugarte del Pino sustentó su postura afirmando que el recorrido marítimo de los diputados quiere hacer notar, falsamente, que esa zona les pertenece.

“Ellos recorren la zona cercana a la frontera en una patrullera como si los 35 mil kilómetros que Perú reclama fueran suyos, pero no es así. Quieren desconocer la existencia del Punto Concordia como inicio de la frontera marítima, y eso es un absurdo porque su existencia se encuentra consagrada en el Tratado de 1929”, manifestó.

Estrecho vínculo

Además, acotó, el uso de un transporte perteneciente a su marina evidencia “el estrecho vínculo existente entre los políticos y los militares chilenos sobre este punto. Aquí hay una intencionalidad que persistirá hasta lograr una situación de conflicto, pero Perú se mantiene y seguirá manteniéndose inconmovible ante este tipo de situaciones”.

Comentó que “los chilenos nunca se imaginaron que Perú iba a reclamar sus derechos, por lo que estaban seguros que nunca iríamos a La Haya, cuando lo hicimos se sorprendieron y adujeron actos hostiles y ahora impulsan una estrategia de provocación. Todas estas acciones los han puesto a flote porque saben que van a perder”.

EL TRATADO DE 1929

Soldados chilenos en Lima, hicieron lo que quisieron con una política hipócrita y doble careta.
Jorge Basadre Ayulo
Ríos de tinta han corrido, tanto en Chile como en Perú, sobre la conveniencia o inconveniencia del Tratado de 1929. Así de los aproximadamente 24,000 kilómetros cuadrados en áspero y odioso litigio por el incumplimiento de Chile al denominado Tratado de Ancón, logramos recuperar a tiempo 8,600 kilómetros cuadrados, a la que debe ser adicionada la provincia de Tarata, indebidamente retenida por Chile.
La devolución de ésta ocurrió en 1925. También quedó fijada la línea divisoria de los dos contrincantes, que empezaría diez kilómetros al norte del puente sobre el río Lluta y continuaba paralela al vetusto ferrocarril de Arica–La Paz. Los chilenos volvieron a mañosear en cuanto a los linderos para sacar provecho del penoso entuerto. Recuerdo las palabras sobre el asunto, escuchadas de niño, de boca de mi tío carnal, ingeniero Carlos Basadre Grohmann, vertidas en su casa entonces ubicada en La Colmena.
Pese a los años transcurridos, zumban como avispas en mis oídos su aguda aseveración: “Si no es por las injerencias y capacidad de los ingenieros peruanos, Chile habría distorsionado los linderos fijados en el Tratado de 1929, en perjuicio del Perú”.

Esas palabras aún las recuerdo pese al transcurso del tiempo y desde esos momentos supe compulsar la política de algunos chilenos, siempre hipócritas, con doble careta, inescrutables con la palabra adulona al poderoso y desprecio al hombre de la calle, que expide su insensibilidad y egoísmo.

Pese a que Chile obtuvo Arica, que no estaba previsto en el Tratado de Ancón, este puerto estaba perdido para Perú en 1929. La gente de esa zona no tenía lazos de amistad con el Perú. Aun obteniendo Perú un triunfo en el plebiscito, hubiera sido imposible revertir Arica a nuestro territorio, no obstante que Tacna y Arica constituyen un cordón umbilical inseparable entre sí. Chile con su negro rostro lo cortó y faltó a su sagrada palabra. Con la política posterior, el país sureño trató de impulsar este puerto libre declarándolo “libre”, que en el fondo constituyó un envite al contrabando y a la larga constituyó un medio de transporte de la coca boliviana a Chile.

En este tema, tanto las opiniones doctas como las populares quedan divididas. Lamentablemente, los peruanos formamos una Nación de atolondrados. A la caída de Leguía, lo acusan de todos los posibles crímenes, inclusive el de lesa patria no obstante arreglar los límites del sur. Fue expulsado como asociado de una importante asociación social limeña por adeudar cuotas mensuales devengadas que no podía pagar porque estaba preso y no compulsaron el hecho de que Leguía fue el mayor benefactor del nuevo local de esta institución, construido durante su periodo presidencial. Después de la adulación, lo tildaron de ladrón, traidor, tirano, vende patria y utilizaron cualquier diatriba imaginable para dañar su imagen.

Así es la vida de los políticos: sublimados cuando detentan el poder político, resultan satanizados cuando son derrocados. Una crítica independiente debe juzgar a Leguía “con los guantes de hielo” que pregonaba el gran historiador Leopold von Ranke (1795-1886). Si no fuera por el valor y coraje de Leguía, los chilenos se hubieran quedado con Tacna y esta llaga quedaría hendida en los corazones de los auténticos peruanos.

Debemos formular un resumen o esbozo como “alegato de bien probado” sobre el referido Tratado de 1929, con sus pros y contras. Entre sus bondades hay que mencionar:

I) El arreglo diplomático constituyó un triunfo peruano después del holocausto del 79. Zanjamos, por ahora, la cuestión espinosa de los límites en el sur, que tuvieron un punto final, aunque no definitivo. Las ambiciones chilenas que execró el Tratado de Ancón violaron la palabra empeñada por Chile, anatemizaron el plebiscito expresamente pactado y pulverizaron la buena fe peruana. El problema estaba pendiente desde 1894, como pérfido botín de guerra amasado por los chilenos.

II) Si el arreglo hubiera demorado tres o cinco años más, Tacna seguiría en el dominio chileno. Ni Sánchez Cerro, ni Benavides lo hubieran logrado. El conflicto peruano–chileno, después de 1894, tuvo una solución pacífica.

III) El Perú recuperó la provincia de Tarata, indebidamente retenida por Chile bajo el pretexto de haber incurrido en “error geográfico”. Para apropiarse de lo ajeno Chile no comete errores. Este país sostuvo con notoria mala fe que el río Sama (frontera norte) incluía esta provincia de Tarata dentro del territorio cedido temporalmente al país del sur, que llegó a convertirla en tierra suya, por ambición.

IV) El Tratado de 1929 constituyó un triunfo de la habilidad diplomática para el Perú, acostumbrado a incurrir en discusiones banales por las cuestiones limítrofes, como sucedió después en 1934.

V) Chile destruyó el principio geográfico de que el valle de Tacna estaba íntimamente conectado con el puerto de Arica. La realidad impedía su separación, pero más pudo el apetito de Chile, propio de la figura mitológica de un voraz Sardanápolo que nunca se sacia con nada y su gula no tiene límites.

No obstante ello, en el pleno siglo XXI existe una comunidad más o menos fraterna entre tacneños y ariqueños e incesante tráfico mercantil y que ha roto el esquema geográfico.

VI) En la solución limítrofe no corrió una sola gota de sangre peruana, salvo la de los heroicos tacneños y ariqueños auténticos en la fase plebiscitaria, derramada a raudales antes del Tratado de 1929 y que coadyuvó en el arreglo definitivo (¿?)

VII) Quedó rota la lanza bastarda de los civilistas peruanos que tildaron el arreglo de 1929 como “Tratado infausto” (Manuel A. Capuñay. Leguía. Lima, 1951. pp. 238, 239).

De un lado opuesto, el Tratado de 1929 contuvo crasos vacíos.

Este instrumento de derecho público zanjó, al menos por un tiempo, el grave problema diplomático de Tacna y Arica. Como obra humana, tiene defectos que no pudieron ser corregidos en esta lucha de Leguía contra el tiempo. Podemos anotar los más saltantes:

I) Mi padre no estuvo nunca de acuerdo con el Tratado de 1929. Expresó, como testigo presencial de este “conflicto de pasiones” que éste “fue inconveniente en relación con los derechos y los intereses del Perú“. (Jorge Basadre Grohmann. Apertura. Lima, 1978, p. 51). En aras de la verdad que debe prevalecer, sobre todas las cosas, nunca mostró complacencia con el libro sobre este tema escrito por quien en vida fuera don Conrado Ríos Gallardo, ni éste le sirvió de inspiración.

No requería de esta fuente escrita y tachable escrita por Ríos, pues los hechos los había vivido mi padre, desde su infancia en Tacna. La amistad entre ambas personas nace en Tacna de niños, ya que el padre de Ríos creo que era médico y atendía a peruanos en muchos casos. La amistad siguió con el paso de los años. Pero, al publicar Jorge Basadre Grohmann la primera edición de su libro La Vida y la historia, patrocinada entonces por el Banco Industrial del Perú, el capítulo sobre “el conflicto de pasiones y de intereses en Tacna y Arica (1922-1929)” causó profundo desagrado en la vanidad chilena de Ríos, ya que sintió un descontento con la referida publicación. Cuando años después mi padre viajó a Santiago para ser integrante de un jurado designado para otorgar un premio para seleccionar la obra histórica chilena de más importancia de ese año, en una reunión social con motivo de ese acontecimiento, Ríos Gallardo tuvo una actitud muy fría y distante con mi padre. Sorprendido mi progenitor por esta actitud del ex diplomático chileno, un amigo le expresó que éste se encontraba muy resentido por el contenido del mencionado libro. Al año y pico siguiente mi padre falleció sin que estos amigos de antaño se volvieran a tratar. Ni mi madre, ni el autor de esta columna recibimos carta o tarjeta de condolencia de la familia Ríos Gallardo. Con este sinsabor, el ilustre tacneño bajó a la tumba. He allí la verdad auténtica pero triste, aunque estas remembranzas duelan en lo más hondo de nuestro ser. Al respecto, vuelvo a releer las palabras del escritor mexicano Carlos Fuentes que debemos rememorar: los buenos recuerdos del pasado deben ser almacenados y desterrar los malos. (Carlos Fuentes. Cuentos naturales. Méjico, 2007. p. 94).

En consecuencia, no es cierto que mi padre escribió esta temática inspirado en el libro y recuerdos de Conrado Ríos Gallardo. Aclaro las cosas como son, aunque cada persona tiene el derecho inescrutable de pensar como su intelecto y sabiduría lo dirija. Lamentablemente, tanto mi padre como Ríos Gallardo estaban a las finales de sus vidas distanciados porque el distinguido ex diplomático consideró punitivo “el delito de opinión” que distanció a viejos amigos.

II) El Perú dio visos de legalidad al infausto Tratado de Ancón de 1883, debiendo haber insistido en la manera pactada que “implicara una reafirmación de nuestra superioridad jurídica y moral”. (Jorge Basadre Grohmann. La Vida y la Historia. Lima, 2007. p. 394). Este afirma que tal solución no hubiera tenido éxito, pero lamenta “la falta de energía, la obstinación y la astucia necesarias para no dejarse acorralar”. Nuestra modesta opinión es que Leguía, conocido en años de auge político como “el Titán del Pacífico”, fue más bien sagaz, práctico, realista y abnegado, ejecutó el acuerdo con rapidez, pues de no existir el Tratado de 1929, Chile hubiera convertido todo Tacna en una nueva Arica. Además, la sombra del gobierno de Estados Unidos rodeaba el tenso ambiente, con clara preferencia hacia los chilenos, siempre duchos en las intrigas diplomáticas.

III) Tacna se quedó sin puerto en el océano Pacífico. El lugar frente al mar conocido como La Yarada no era ni es un puerto idóneo tal como lo sugirió Chile y hoy utilizamos el de Ilo. La zona conocida como la Yarada es útil solo para el atraque de embarcaciones de pesca artesanal, sin estructuras de puerto. Por otro lado, el muelle norte en Arica asignado al Perú está colocado en zona fangosa, por lo que Chile ofreció el dragado del mismo a la hora de su entrega. Incurrimos en otro craso error: confiar en la palabra de los chilenos. Estos no tienen buena fe en los actos que realizan si no les conviene a sus intereses. Pueden patentar todo producto como chileno, desde el pisco, la papa, “los suspiros a la limeña” y todo lo que Sigmund Freud denominaba “el tanatos destructivo”, invívito en muchas personas, como comunicación conciente a lo incorrecto.

IV) El Perú no debió aceptar el pago pecuniario de US$ 6000,000 hecho por Chile en el tratado de marras. Este monto dinerario fue notoriamente diminuto y resultó una prestación irreal. Los daños y perjuicios a pagarse al Perú debieron ser tasados por un tribunal internacional europeo, sin la intervención de Inglaterra.

El referido pago que hizo Chile a Perú fue blanco de chismografía ruin y barata. Los adversarios de Leguía, ante la alevosa e infame información del embajador chileno Figueroa Larraín, sostuvieron que a Leguía más le importaba el dinero que el puerto de Arica”. (Citado por Jorge Basadre Grohmann, op. cit., p. 398).

Esta aseveración de origen chileno recogida por mi padre no es verdad. Los círculos políticos afirmaban en torno a Augusto B. Leguía el calificativo de “yo tirano, yo ladrón”. Pudo haber sido tirano, de hecho lo fue: encarceló a enemigos, clausuró diarios, deportó a sus adversarios, hizo reelecciones ilegales, fue el conductor del Oncenio, periodo largo que desgasta a cualquier político. Empero, debemos aclarar que en nuestro concepto libérrimo, ajeno a pasiones subalternas, Leguía no robó. Entró pobre en bienes materiales a la presidencia por los adversos resultados de sus negocios en Europa, sobre todo después del ascenso político de los bolcheviques en Rusia por sus habilitaciones dinerarias con los zaristas, y murió pobre. Sus hijos tuvieron que hacer frente a los voraces acreedores de Leguía después de su muerte.

El doctor Joaquín Leguía Gálvez, hijo póstumo del ex presidente, solo recibió como herencia la faja presidencial que su padre utilizó por muchos años.

V) Chile no cumplió con construir en el morro de Arica un monumento a la paz. Lo hemos comprobado con náuseas físicas y no literarias. El soldado chileno apunta su rifle al norte como triste presagio y la inscripción en la masa de piedra es vengativa.

Inserto el hombre en el siglo veintiuno, Chile debe aplacar sus ambiciones desmedidas y buscar la prosperidad de sus connacionales. América es una civilización conjunta en la que deben convivir pacíficamente sus habitantes. La riqueza cuprífera de Chile puede extinguirse. Este país no tiene energía, gas, petróleo ni agua, con “una loca geografía”. Debe desterrar el hipócrita carácter que les caracteriza y buscar la amistad de sus vecinos. Vivimos en un mundo globalizado y fraterno por lo que los gobiernos no deben gastar dinero en comprar armamento cuanto éste puede ser utilizado a alfabetizar y dar la mejor solución a las grandes masas que ni siquiera saben leer ni escribir. ¿Para qué comprar fragatas, aviones de guerra, satélites para espiar a los vecinos, tanques, armamento? ¿A quién o a quienes apunta “entrar a su templo de tinieblas, buitres”? (Carlos Fuentes, op. cit., p. 9).

Debemos dejar atrás el siglo anterior calificado como sangriento por Winston Churchill. “Dos nociones trataron de imperar: democracia y mercado para finiquitar un grave problema de desacuerdos… No ha existido la presencia de consentimientos internacionales” (Jorge Basadre Ayulo. Historia del Derecho. Lima, 2001. p. 218. Tercera edición. 3er. Tomo. P. 218). Si los límites de las naciones americanas constituyen un esqueleto viejo y tramposo, ¿por qué luchar tanto por ellos con apetito voraz? Debemos tratar de formar, aunque sea utópico, una América unida como crisol de razas sin objeciones de nacionalismos. Evitemos “los charcos, senderos fugitivos trazados por países medrosos, árboles desnudos más negros que este paisaje después de la batalla” (Carlos Fuentes. Los años con Laura Díaz. Madrid, 2001. p. 15).

El amor y la fraternidad deben caminar del brazo de toda persona bajo un mismo sol. El rastro de destrozos o humo de guerra contienen un chorro de lágrimas que provocan millares de esqueletos al aire y es el juicio final de brazos, tibias y calaveras rotas rumbo a cementerios comunes.
FRATERNALMENTE DR. LUIS ANTONIO, ROMERO YAHUACHI