PESTE BUBÓNICA O PESTE NEGRA

 

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La pandemia más destructiva en la historia de Europa fue ¡la peste bubónica que asoló al Viejo Continente entre los años 1348 y 1361, ya la que se dio el nombre de “muerte negra”. Continuaremos llamando así a esta epidemia, reservando el nombre de plaga para otras pestes, tales como la de Londres de 1665.

 

Como dijimos, la palabra “bubónica” se refiere al característico bubón o agrandamiento de los ganglios linfáticos. Esta plaga es propia de los roedores y pasa de rata en rata a través de las pulgas: la pulga pica a una rata infectada y engulle el bacilo junto con la sangre; este bacilo puede quedar en el intestino del animal durante tres semanas y cuando pica a otro animal o a una persona, lo regurgita e infecta.

 

En el caso de la verdadera peste bubónica, los humanos sólo se contagian por la picadura de la pulga, nunca por contacto directo con un enfermo o a través de la respiración.

 

El transmisor más común de esta infección es la rata negra (Raltus rattus). Este animal es amigable con el hombre, tiene aspecto agradable y está cubierto de una piel negra y brillante. A diferencia de la rata marrón que habita en las cloacas o establos, ésta tiende a vivir en casas o barcos. La cercanía con el hombre favoreció la traslación de las pulgas entre ratas y humanos, y así se propagó la peste. La enfermedad, ya fuera en el caso de las ratas o de los humanos, tenía una altísima tasa de mortandad, y en algunas epidemias alcanzó el 90 por ciento de los casos, siendo considerado “normal” un índice de fallecimiento promedio del 60 por ciento.

 

La bacteria infecciosa Pasteurella pestis, conocida ahora como Yersinia, se multiplica rápidamente en la corriente sanguínea, produciendo altas temperaturas y muerte por septicemia. Pero esto no ocurre a menudo en epidemias de verdadera peste bubónica, pues para ello se requiere una altísima transmisión de la infección a través de las pulgas. En ciertos casos, por razones desconocidas, la infección puede adquirir la forma de una neumonía, y no necesita de la picadura de pulgas sino que se transmite de persona a persona, por contacto o a través de la respiración. En una gran pandemia existen ambas; no obstante, la del tipo neumónica se expande más rápido y más extensivamente, con una mayor incidencia de casos y una mortandad superior, puesto que la neumonía, la mayoría de las veces, es letal.

 

A lo largo de la historia, las plagas de peste bubónica han sido escasas. Se conocen cuatro grandes pandemias: la de Justiniano (540-590 d.C.), que puede haber llegado hasta Inglaterra; la “muerte negra” (1346-1361); la “Gran Plaga” en la década de ¡660, y una pandemia que comenzó en Asia en 1855 y causó muchas muertes en Cantón, Hong Kong y Rusia, llegando a Gran Bretaña en 1900, donde produjo decesos en Glasgow, Cardiff y Liverpool. En la última pandemia, Ogata Masanori notó tal cantidad de ratas muertas que ¡a denominó “la peste de las ratas”. En China y Rusia prevaleció la epidemia del tipo neumónica, y en Europa se propagó la del contagio por picadura de pulgas a ratas infectadas.

 

La plaga de Justiniano y la Gran Plaga comenzaron en la costa y se propagaron tierra adentro. La gente que atendía a los enfermos no corría más riesgo de contagio que aquella que no lo hacía. En Constantinopla al principio las muertes no fueron muchas, pero al poco tiempo los decesos aumentaron de tal manera que a los cuerpos no se les podía dar adecuada sepultura.

 

En la plaga de Londres de ¡665 se observó el mismo patrón: el 7 de junio Samuel Pepys notó sólo dos o tres casas con la cruz roja pintada en la localidad de Drury Lane; en cambio, desde la primera semana de junio hasta comienzos de julio, la lista de muertes fue aumentando de 100 a 300, y luego a 450 casos. Finalmente creció hasta ¡legar a los 2.000 en la última semana de julio, a 6.500 a fines de agosto y a 7.000 casos en la tercera semana de septiembre, el pico más alto.

 

La población de Londres en 1665 se calculaba en 460 mil personas y rara vez la ciudad estaba completamente libre de la plaga. El aumento de 200 a 300 casos se puede atribuir al contagio a través de las ratas, pero la mortandad de miles de personas indica un contagio de persona a persona. En consecuencia, esta plaga, que comenzó como una verdadera peste bubónica, evolucionó hacia el tipo neumónico. Sucedió algo parecido en la de Justiniano, y debió haber sido igual en el caso de la muerte negra.

 

Desde Oriente: La muerte negra, se presume, comenzó en Mongolia. De allí, una horda de tártaros —un pueblo de origen turco que invadió Asia Central— la llevó al istmo de Crimea, donde sitiaron a un grupo de mercaderes italianos en un puesto de trueque llamado Caffa (Teodosia en la actualidad). De acuerdo con una versión, la plaga apareció en Caffa en el invierno de 1346, sin duda contagiada por las ratas. Otra versión la atribuye a que los tártaros arrojaron cadáveres infectados por encima de los muros. En ambos lados hubo muchos muertos y por esa razón el sitio fue levantado. La horda se dispersó y diseminó la plaga alrededor del mar Caspio y desde allí, por el norte llegó a Rusia y por el este a la India y a China en 1352.

 

Los italianos supervivientes escaparon por mar hacia Génova y, según el cronista Gabriel de Mussis, durante el viaje no hubo ningún caso. Después que el barco atracó, al primero o segundo día la plaga se desató de forma devastadora. Mussis dejó constancia de que se trató de una infección rata-pulga-hombre’, clásica de la peste bubónica. Desde Génova, la plaga se extendió en semicírculo a través de Italia, Francia, Alemania y Escandinavia, llegando a Moscú en 1352. Los historiadores calculan que la cantidad de muertos alcanzó los 24 millones alrededor de un cuarto de la población de Europa y Asia.

 

En la historia escandinava, esta plaga tuvo un impacto mucho mayor que cualquier otro acontecimiento. Los barcos trasladaron la infección a los asentamientos de Groenlandia, fundados originariamente por Erik el Rojo en el año 936. Estas colonias se debilitaron de tal manera por la plaga y la falta de abastecimientos provenientes de Noruega que fueron borradas del mapa al sufrir el ataque de los inuits. Los últimos pobladores vikingos desaparecieron de la zona en el siglo XIV y desde entonces Groenlandia fue una región desconocida, hasta que John Davis la redescubrió en 1585. Se cree que los pobladores vikingos tenían contacto con Vinland, en las costas de Canadá, de manera que la muerte negra debe haber alterado también la historia del poblamiento de América del Norte.

 

En Inglaterra: La muerte negra llegó a Inglaterra alrededor del 24 de junio de 1348 probablemente a bordo de un barco que provenía de Gasconia y atracó en el pequeño puerto de Melcombe, en el condado de Dorset. La infección allí se mantuvo bajo la forma de peste bubónica hasta principios de agoste Desde Melcombe, la plaga viajó por tierra y por mar, en barcos costeros que llevaban la infección a los puertos del sudoeste y a lo largo del canal de Bristol. Luego se extendió tierra adentro, a través de Dorset y Somerset, llegando al gran puerto de Bristol alrededor del 15 de agosto. Los habitante de Gloucester, atentos a la situación imperante en Bristol, decidieron protegerse y cortaron toda comunicación con esa ciudad, pero todo fue en vano. De Gloucester, la plaga pasó a Oxford y a Londres, donde se constantó s aparición el 1ro. de noviembre. Hacia el oeste, la epidemia avanzó más lentamente, ya que los condados de Devon y Cornxvall eran poco poblados, y n llegó a Bodmin, en el centro de Cornwall, hasta la Navidad. Para ese entonces las diócesis de Bath y Gales, que cubrían todo Dorset y Somerset, habían sido infectadas.

El 4 de enero de 1349, el obispo escribió acerca de una gran mortandad, observando que muchas parroquias quedaban sin sacerdote para administrar los sacramentos.

 

Luego, durante los meses de invierno, cuando ratas, pulgas y humanos tienden a ser menos activos, sobrevino un pequeño alivio. La ciudad de Oxford, que había sido infectada antes de noviembre de 1348, no alcanzó el pico más alto hasta el verano siguiente, en mayo de 1349. Londres sufrió pocas muertes durante el invierno, pero en marzo aumentaron en gran cantidad, llegando a su punto máximo en abril y mayo, para luego declinar en forma gradual.

 

Desde Londres partía la ruta principal hacia los condados del este, densamente poblados, que también se contagiaron; en Norwick la plaga apareció en marzo y en York, hacia fines de mayo de 1349. En ese momento, todo el sur, el este y el interior de Inglaterra habían sido presa de la epidemia. En los lugares menos poblados, como el norte y el extremo oeste, la expansión fue más lenta. Irlanda se contagió por vía marítima en 1349, y Gales y Escocia un año después.

 

Escocia podría haber escapado de la plaga, pero quiso aprovechar la difícil situación de los ingleses y los invadió en el otoño de 1349; por entonces, en los condados del norte la mortandad estaba en el nivel más alto. Así, la infección irrumpió en el ejército escocés cerca de Selkirk y cuando los soldados volvieron a sus hogares se dispersó por todo el país.

 

Dos años trágicos: No se sabe cuántos murieron en los terribles años de 1348 a 1349, ya que no hay estadísticas de mortalidad ni censos, como en la plaga de 1665. Nadie en el siglo XIV podía estimar la mortalidad en números, dada la poca confiabilidad de los datos. La situación se complicó más por el hecho de que la muerte negra no apareció en una sola visita. Hubo epidemias recurrentes en cuatro o cinco ocasiones antes de fines del siglo XIV. La peor de ellas infectó en 1361 a Inglaterra, Francia y Polonia, entre otros países.

 

El nombre de Peslis puerorum dado a esta enfermedad podría ser el primer indicio que sugiere la presencia de un gran porcentaje de niños infectados en 1361, como habría sido el caso si todos los grupos de distintas edades hubieran sufrido una inusual tasa de mortandad trece años antes.

 

Otro indicio lo proporciona el Poll tax, un impuesto vigente en Inglaterra en 1377, de donde surge que la población era de alrededor de 2,5 a 3 millones de personas. Las mejores estimaciones de 1347 indican entre 4,5 y 6 millones de habitantes, por lo que el número parece haber decaído súbitamente en 2 millones en esos treinta años. La población había crecido a ritmo constante entre la conquista normanda y el año 1300, con un incremento continuo a fines del siglo XIV, hasta llegar a 3 millones en Inglaterra y Gales.

 

Ambos casos el aumento sólo pudo haber ocurrido porque el porcentaje de nacimientos fue mayor que el de muertes. Enfermedades comunes —incluidos los brotes epidémicos— causaron muchas defunciones en el período que va de 1066 a 1550, aunque sin interrupción de los procesos normales de muerte y nacimiento. La disminución de la población en cerca de 2 millones durante los treinta años que van de la muerte negra al Poll tax señala, en cambio, un altísimo grado de mortandad, que determinó la escasez de individuos en edad de procrear y, consecuentemente, la disminución de los nacimientos. Se estima así que el mayor índice de mortandad ocurrió a comienzos de este último período.

 

Es necesario enfatizar estos datos aparentemente tediosos, ya que la tendencia actual es considerar a la muerte negra como ‘cualquier otra epidemia”, que causa en la población al menos la muerte de uno de cada diez individuos. En sí mismo, este dato no es suficiente para producir un cambio social, pero sí para tomarlo como un patrón específico de la mortalidad que causó un gran cataclismo en el Viejo Continente a fines del siglo XIV.

La evidencia de las estadísticas es poco confiable, sin embargo, la cantidad de muertos fue suficientemente elevada como para generar cambios que produjeron un levantamiento social.

 

Unos pocos monasterios consignaron los números de sus propios muertos: la Iglesia de Cristo en Canterbury sufrió sólo cuatro muertes de entre ochenta clérigos, relacionadas quizá con otras enfermedades sin vinculación con la plaga. La Gran Abadía de Crowland también eludió la peste, aunque el mantenimiento de sus propiedades se vio afectado. En el otro extremo, en Luffield Priory, murieron todos los monjes y novicias, así como en St. Mary Magdalen, en Sandon; y en un convento en Wolthorpe sólo sobrevivió una monja. Entre estos dos extremos hay once casas, el grupo mayor de una serie que perdió más del 75 por ciento de sus miembros; nueve de ellas con índices cercanos al 50 y 75 por ciento, y dos únicamente que registran un número de víctimas de la plaga menor al 50 por ciento.

 

Si bien esta evidencia no es, suficiente, se podría suponer que existió una semejanza entre la proporción de muertes en los monasterios y en la población. Este modelo coincide con el conocido comportamiento y las características de la forma neumónica de esta plaga. Había una considerable variación en la transmisión de la infección y. por lo tanto, de la mortalidad en Inglaterra y Europa. Los pueblos, abarrotados y cercados, sufrían un riesgo mayor. La densidad de la población y la facilidad de las comunicaciones ayudaban a propagar la enfermedad. En los populosos condados del este de Inglaterra.

NOSTRADAMUS Y LA PESTE NEGRA

 

 

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Michel de Notre-Dame nació el 14 de diciembre de 1503 en Saint-Réiny, un pequeño pueblo del sur de Francia. Fue el primogénito de los dieciocho hijos que habría de tener el matrimonio formado por Rcyiére de Saint-Rémy y Jaumet de Notre-Dame. Aunque la familia Notre-Dame era católica y temerosa de Dios como sus vecinos del pueblo, por cierto es que los bisabuelos del joven Michel habían sido judíos, convertidos al cristianismo para evitar las persecuciones impuestas por la Inquisición.

 

Se trataba de su abuelo materno, Jean de Saint-Rémy, quien en aquel momento se desempeñaba como médico personal del rey Renato y su hijo, el Duque de Calabria. En su abuelo Saint-Rémy, Michel encontró la compañía amistosa y la comprensión intelectual que no podían brindarle sus padres y hermanos. De esta forma, pronto comenzó a acompañar a su abuelo en los quehaceres profesionales, mientras lo interrogaba lúcidamente sobre los secretos y teorías de su trabajo.

 

Plegarias, discursos y castigos se mezclaban con sangrías y ungüentos en su inefectivo intento por combatir la epidemia llegada de Medio Oriente, que diezmaba sistemáticamente a la población sin diferenciación de clases sociales. En ese momento sólo había una verdad indiscutible frente a la enfermedad, la Peste Negra desaparecía cuando ya no quedara nadie a quién matar, para volver implacablemente en cuanto los pueblos se recuperaban. Frente a esa desoladora realidad, Nostradamus se dedicó a observar el comportamiento de esta enfermedad devastadora. Así advirtió que los pacientes enfermaban en forma súbita y caían como fulminados. Su examen revelaba manchas oscuras en pecho y abdomen, como también ganglios dolorosamente inflamados en axilas e ingles, llamados bubones.

 

El curso del mal era rápido y doloroso: fiebre altísima, delirio, vómitos, diarrea y, por último, convulsiones seguidas de muerte. Los cadáveres, a menudo contorsionados en posturas grotescas, con los ojos desorbitados y las lenguas hinchadas, se ponían negros con increíble velocidad. Conociendo lo irreversible del mal, los vecinos y parientes solían abandonar a los enfermos a su suerte, tapiándolos en sus hogares a menudo con sus familias si éstas no escapaban a tiempo. Las poblaciones se cerraban a los viajeros, las precarias comunicaciones se interrumpían, el comercio se paralizaba y las ciudades y los reinos entraban en el caos, mientras falsos profetas y predicadores florecían y medraban a la sombra de la desesperación general. En ese marco fue que, recordando las ideas de su abuelo Saint-Rémy y aplicando los resultados de sus propias investigaciones, Nostradamus se dedicó a combatir la enfermedad de raíz.

 

LOS CONOCIMIENTOS REVOLUCIONARIOS DE NOSTRADAMUS:

 

La conclusión a la que llegó el hombre que habría de profetizar, con magnífica precisión los más grandes acontecimientos ocurridos en los siguientes cuatro siglos era bastante sencilla, pero no por eso menos revolucionaria para el momento. Nostradamus observó que no sólo los remedios empleados eran absolutamente inútiles sino que, además, no se hacía nada para impedir la propagación del mal. La peste bubónica es una enfermedad propia de las ratas, transmitida a los seres humanos por la picadura de las pulgas que plagan a estos roedores y que la inoculan por medio de su saliva. Cuando una colonia de ratas contrae peste, los roedores mueren en grandes cantidades.

 

A medida de que los cadáveres se enfrían, las pulgas los abandonan en busca de sangre caliente y se dispersan, picando y, al mismo tiempo contagiando, a todo ser vivo que encuentran. Las condiciones sanitarias del sigo XVI no estaban muy por encima de las del medioevo y la higiene era aún considerada como signo de vanidad y, por lo tanto, de la influencia del Demonio. Esas costumbres, sumadas a la deficiente nutrición, creaban el campo ideal para que la peste se expandiera en todas las direcciones. Los enfermos morían en malolientes habitaciones cerradas, porque se creía que el aire propagaba las enfermedades. El menor síntoma de enfermedad significaba una sangría que sólo servía para debilitar al paciente y el inútil tratamiento se completaba con purgas destinadas a limpiar el organismo de la enfermedad.

 

Nostradamus descartó estas y otras insensateces y atacó la peste como lo haría cuatro siglos más tarde otro médico francés, Louis Pasteur: con limpieza y aire fresco, reforzados en su caso por el empleo de hierbas medicinales. En aquellos días de muerte y terror, la profesión médica no era bien vista y muchos condenados maldecían a los supuestos encargados de curarlos, que sólo les infligían más y más dolor. La población desconfiaba de los médicos y los rumores hablaban abiertamente sobre influencias satánicas y castigos divinos. El joven doctor Nostradamus no se dejó acobardar por la hostilidad de sus compatriotas y siguió adelante con su revolucionario tratamiento, logrando curas que fueron calificadas de milagrosas.

 

Su batalla contra la peste duró varios años y lo llevó a Narhone, Carcasonne (donde fue médico personal del obispo Amenien de Fays, lo que lo protegió del recelo de sus colegas y las intrigas de la Inquisición) y Toulouse, antes de regresar a Montpellier en 1529 para seguir estudiando. Permaneció en esa ciudad tres años más, enseñando en la misma Universidad en la que se formara como médico antes de regresar a Toulouse, donde estableció su consultorio. En el ínterin, Nostradamus conoció a quien sería su primera esposa, Ana de Cabrejas. En 1534, ya casado y padre de dos hijos, recibió una invitación para radicarse con su familia en la ciudad de Agen, ubicada al norte de Toulouse. Así lo hizo y allí le esperaría su peor batalla contra la peste y aquella en la que la “Muerte Negra” lo habría de derrotar.

 

LA PESTE HOY:

La prevención y el tratamiento de la plaga son relativamente exitosas en la actualidad. El organismo que la causa fue descubierto, casi al mis tiempo, por el japonés Sharamiro Kitasato y el suizo Alexander Yersin. El Bacilo lleva el nombre de este último y la prevención fue posible gracias la inoculación de una vacuna preparada con organismos muertos o por la inyección de una cepa activa pero no virulenta llamada Yersinia.

 

Las drogas antibióticas estreptomicina o tetraciclina han demostrado tener éxito en combatir esta enfermedad en las personas infectadas. Las ratas y las pulgas pueden ser tratadas con pesticidas, pero la plaga, en particular en su forma neumónica, es todavía tan peligrosa que la gente que cuidaba a los enfermos tiene que usar máscaras, trajes protectores y guantes, cual lo hacían —o se aconsejaba hacer— durante la época de la muerte negra o la Gran Plaga de 1665.

 

Nada nos explica cómo se extinguió la Gran Plaga de Europa a fines siglo XVII. Hay varias sugerencias, una de las cuales, la teoría de las rata es la más conocida. Ésta supone que la amigable rata negra de las casas barcos fue perseguida por la más feroz rata marrón noruega que, se dice que apareció por primera vez en Europa en 1720. La rata marrón habitaba en las cloacas y es más comúnmente infectada por una pulga diferente, que rara vez es transmisible a los seres humanos.

 

No obstante, es necesario precisar un par de cuestiones. En primer lugar, la teoría de que la rata marrón mat6 la negra es sólo una presunción. Las dos especies parecen no competir por el espacio ni la comida, y en muchos lugares viven próximas una de la otra respetando cada cual su territorio y alejadas entre sí. Hasta pueden permanecer acostadas una junto a la otra cuando el lugar es lo suficientemente espacioso como para permitir que cada una se sienta satisfecha con sus condiciones. En segundo término, no está probado que la rata negra alguna vez haya desaparecido, pero sí que volvió y desde 1910 ha aumentado su presencia en Europa.

 

Este hecho ha sido confirmado por F. E. Loosjes, quien comentó: “Si la plaga de las epidemias realmente desapareció con la rata negra es imperativo hacer un estudio cuidadoso de la especie actual y de su incremento, y, de ser posible exterminada”.

 

Hay un tipo de plaga animal llamada “campestre” o “selvática” que afecta a los roedores, tales como ratas, conejos, liebres y ardillas. La transmisión roedor-pulga-roedor podría llevar la infección a otras especies urbanas y amigables, como las ratas negras, los hámsters y los chanchitos de Guinea. Hay una posibilidad de que éste sea un tipo de plaga que alguna vez fue humana Y se transmitió a un roedor. Nuestros antepasados eran tan observadores como nosotros y ellos no parecen haber notado ningún incremento en la mortalidad de las ratas, un hecho que ha sido destacado en China, la India y Mongolia. A lo mejor la epidemiología es correcta, pero tratada de otra manera.

 

Las grandes plagas pueden haber sido originadas por los seres humanos y luego transmitidas por las pulgas a las ratas. Cualquiera fuese la respuesta a estos enunciados, el reinado de trescientos años de la plaga en Europa culminó por un proceso natural y no por una medida efectiva por parte del hombre. No hubo ningún descubrimiento médico ni científico, ningún avance en la higiene social ni mejoramiento en el nivel de vida que pueda explicarnos esta desaparición.

 

Quien lea estas palabras y crea que el relato de la muerte negra es exagerado, y no está de acuerdo con el conocimiento médico moderno, permítame considerar la evidencia de Francesco Petrarca.

 

El gran poeta y humanista italiano, que conocía esa época porque sobrevivió a la peste en Italia, cuenta que Laura, su misterioso y platónico amor, murió de la plaga en Aviñón el 6 de abril de 1348. Describió las casas vacías, los pueblos y los campos abandonados, los terrenos cubiertos por los muertos, el silencio sepulcral y vasto en todos lados. Recordó que los historiadores se quedaban silenciosos cuando alguien les pedía que describieran desastres similares, de médicos que enloquecían, de filósofos que se encogían de hombros, fruncían el entrecejo y colocaban un dedo sobre los labios silenciándolos

 

Petrarca termina aquel relato con estas palabras sentenciosas: “Es posible que la posteridad pueda creer estas cosas? Porque nosotros, que las hemos vivido casi no podemos creerlas”.

http://www.portalplanetasedna.com.ar/malas01.htm

FRATERNALMENTE

LUIS ROMERO YAHUACHI

blary33@gmail.com

BAGUA: LUCHA IRRACIONAL ENTRE HERMANOS ¿A QUIEN CONVIENE?

BAGUA: NO HAY DIÁLOGO

A un año de la tragedia, el gobierno y los dirigentes nativos solo tratan de obtener provecho político y limpiarse de responsabilidades.

La peor matanza en un asunto de orden público y la peor masacre de policías en la historia del país, sigue en la impunidad un año después.

Solo tres detenidos por la tortura y asesinato a sangre fría de decenas de policías en la Estación Nº 6 de Petroperú y en la Curva del Diablo.

Alberto Pizango, uno de los incitadores del bloqueo y la matanza, de regreso y libre gracias a un acuerdo bajo la mesa con el gobierno.

La inepta y cobarde Mercedes Cabanillas, que atribuyó toda la responsabilidad a la Policía y negó sus evidentes errores, limpia de polvo y paja, aspirando ahora a ocupar otro ministerio.

El individuo que ocupaba la Dirección de la Policía en ese momento, un inútil indigno de vestir el uniforme policial –por eso los apristas lo nombraron en ese cargo–, enviado a Washington disfrutando de un salario de lujo, retribución por su complicidad y silencio.

Y como cereza para coronar el pastel, una ley de consulta previa que otorga derecho a veto a ciertos grupos vagamente definidos, sobre el uso de los recursos de todos los peruanos.

FRACASO TOTAL

La estrategia del gobierno de Alan García para enfrentar la huelga fue un desastre de principio a fin. Consistió simplemente en mecer a los nativos, engañarlos sistemáticamente con la esperanza de que se cansen y se vayan a sus casas.

Y al final, cuando eso no funcionó, una acción violenta mal preparada y peor ejecutada.

Al comienzo el gobierno aparentó firmeza, con el presidente García asegurando que sus decretos no serían derogados de ninguna manera y que el TLC con los Estados Unidos dependía de ellos. Después de la matanza los derogó, sin que el TLC se desmoronara, mostrando que todo había sido una farsa.

Finalmente, 34 muertos, una gran herida abierta, negativas y duraderas consecuencias, por nada. El motivo declarado del gobierno, favorecer la inversión y el desarrollo en la selva, con más obstáculos que nunca.

POLITIQUERÍA

El gobierno acusó a congresistas humalistas y líderes nativos de mentir y hacer demagogia respecto al contenido de los decretos. ¿Y qué esperaba? ¿Que dijeran la verdad, que lo respaldaran?

Era responsabilidad del gobierno y del Apra, que cuentan con muchos recursos, explicar sus puntos de vista, persuadir, convencer. No lo hicieron. Están ocupados en sus negociados y sus disputas internas.

El actual premier, Javier Velásquez Quesquén, era presidente del Congreso y ofreció a los nativos en varias oportunidades discutir la derogatoria de los decretos, dado que había varios proyectos de ley en ese sentido. No lo hizo. Los engañó. Su último ardid lo practicó el jueves 4 de junio, cuando –muy astuto él– nuevamente postergó el debate. Al día siguiente, con los ánimos exaltados, se produjo la matanza.

En suma, politiquería barata, astucia de timadores, picardía de malandrines, muy útil para manejarse con la gavilla de sinvergüenzas que habitan en el Congreso –lo controlan con sobornos y chantajes–, pero inservible para enfrentar asuntos como el de Bagua.

UNA LEY PELIGROSA

Una de las consecuencias del “Baguazo” es la ley de consulta previa para adecuar la legislación al Convenio 169 de la OIT que ha aprobado el Congreso.

En el artículo 3º de esa ley, todavía no promulgada al momento de escribir estas líneas, se otorga derecho a veto “a los pueblos indígenas u originarios” respecto a medidas que les afecten directamente.

El texto dice que se requiere el “acuerdo o consentimiento” de los afectados. Eso excede largamente lo que establece el Convenio 169, que no pretende limitar la autoridad del Estado, sino proteger a los pueblos originarios.

La definición de pueblos originarios es amplísima, e incluye a “comunidades campesinas o andinas y las comunidades nativas y pueblos amazónicos”. Así, las comunidades, muchas de las cuales han sido constituidas en las últimas décadas y están conformadas por mestizos completamente adaptados, pasan a formar parte de los “pueblos originarios”, con un tratamiento especial.

El Convenio 169 está orientado a proteger los derechos de los pueblos indígenas, que han conservado su cultura, tradiciones e identidad, que los hacen diferentes al resto de la nación, y distantes de las instituciones nacionales y el régimen político del país.

Ese puede ser el caso de algunos grupos nativos de la selva, pero en ningún caso de todas las comunidades y de aquellos que se definan a sí mismos como indígenas.

RESUMEN

En suma, la tragedia de Bagua muestra la incompetencia del gobierno, la irresponsabilidad y demagogia de los dirigentes indígenas y sus defensores humalistas, y la impunidad que reina en el país.
Pero primero debemos resaltar lo positivo de toda esta desgracia que podría agruparse en los siguientes puntos:
1.- La imparcialidad de los medios de comunicación televisados.- Hay que reconocer cómo ante esta tragedia, la gran mayoría de canales nacionales de señal abierta y de televisión por cable han dado una amplia cobertura sobre lo sucedido, pero contrariamente a años anteriores, esta vez la información ha sido bastante objetiva, al punto de que en programas tan diversos que van desde el informal “Enemigos íntimos” de Beto Ortiz y Aldo Miyashiro, hasta el cuadriculado programa de “La Hora N” de Jaime de Althaus, la posición tomada ha sido a favor del alto a las hostilidades, la concertación por vía del dialogo y el igual pesar por las víctimas nativas y policiales, dando igual cabida a los testimonios de ambos “bandos” por así decirlo.
2.- La no generalización de la violencia.- Se ha percibido de modo contundente la sensación general en la población peruana de que todo tipo de violencia no puede darse una vez más, por lo que lejos de condenar a nativos y policías, se busca como culpables a los azuzadores y a quienes estuvieron detrás de todo esto para lograr un rédito, que sin duda los hay.
3.- La mayor difusión sobre normatividad forestal y ambiental.- Se ha dado una nueva oportunidad de que la población tenga un mayor conocimiento sobre el modo y forma de cómo se promulga una ley y sus consecuencias en las poblaciones locales, un mayor conocimiento sobre la normatividad ambiental y un mayor conocimiento sobre la realidad en la que viven y se desarrollan los pueblos nativos amazónicos que siempre son los que terminan pagando los platos rotos y cargando con el perro muerto lanzado por sus propios líderes con afanes políticos.
En cuanto a lo negativo, esto podría agruparse en los siguientes puntos:
1.- La presencia y acción totalmente destructiva de algunos miembros de la bancada nacionalista, que lejos de mantener la calma y mantener los canales de comunicación abiertos, optaron por el discurso separatista y reaccionario, muy típico de los fantoches izquierdistas de los setentas y ochentas. En ese grupo se ubica Yaneth Cajahuanca, Marisol Espinoza y Rafael Vásquez.
2.- La testaruda intransigencia por parte del líder de AIDESEP, Alberto Pizango y de la bancada oficialista al cerrarse vehemente en sus posiciones antes de que estalle la violencia. Eso fue un diálogo de sordos y terminamos al guerrazo con todos los muertos a cuestas tan solo porque estos individuos no dieron su brazo a torcer en su debido momento.
3.- La ineficiencia descomunal del gobierno para hacer conocer a las comunidades nativas de los beneficios y bondades del decreto 1090, amén de que no se consultó a éstas, tal como lo estipulan las normas de la OIT aunque también es cierto que éstas aun no están normadas por el legislativo. Nadie les explicó a los habitantes de ésta región en qué consistían los alcances de la 1090 y mucho menos nadie hizo pelea informativa a los radicales que se encargaron de envenenar las mentes de la mayoría -casi siempre en situación de extrema pobreza-, al mejor estilo de los criminales terroristas y su retorcida ideología marxista.
4.- Nunca intervinieron las autoridades elegidas democráticamente durante el conflicto, o sea, no se vio ni en pintura hasta el día de hoy, al presidente regional de Amazonas, Oscar Altamirano ni a las dos congresistas por Amazonas, Fabiola Salazar (APRA) ni a José Maslucán (Partido Nacionalista) siendo al final la AIDESEP la que encabezó las protestas, es decir…
5.- La AIDESEP está demasiado ideologizada, y el gobierno nunca debió concertar con ellos sino con una asamblea de APUS -que sí representan a casi todas las comunidades nativas amazónicas del Perú y no a un grupo reducido de la región San Martín-, teniendo en cuenta que en la AIDESEP también se cocinan muchas habas como las cuentas no tan claras del dinero que reciben del extranjero desde el 2007 para invertirlos en obras de promoción y desarrollo social y que Pizango y compañía se encargaron de hacer humo en un gran acto de magia amazónica. ¿Qué hasta ahora no se aprende la lección de ello?
6.- Nuestros queridísimos y ya conocidos miembros de la CNDDHH y la ONG IDL, que siempre aprovechan estas coyunturas para sacar agua para su molino.
7.- La pésima imagen internacional que ha mostrado el país, exaltado por los mismos peruanos de siempre -lean nomás el diario “La Primera” si quieren violencia radical-, que no ayuda en nada a la imagen de solidez institucional y gobernabilidad que todo pais en vias de desarrollo debe mostrar a la comunidad empresarial extranjera de la que tanto necesitamos sus inversiones.

FRATERNALMENTE
LUIS ROMERO YAHUACHI
http://www.larepublica.pe/controversias/06/06/2010/bagua-lecciones-no-aprendidas
http://elcomercio.pe/noticia/297990/video-gobierno-sobre-sucesos-bagua-polariza-mas-conflicto
IMÁGENES DE LA TRAGEDIA DE BAGUA:
http://catapa.be/es/news/335
http://www.tomasalvira.com/?p=488

TERRORISTA LORI BERENSON LIBRE Y 748 MILITARES SUFREN PRISIÓN ¿DÓNDE ESTAMOS?

TERRORISTA
El Estatuto de Roma es el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional. Fue adoptado en la ciudad de Roma, Italia, el 17 de julio de 1998, durante la “Conferencia Diplomática de plenipotenciarios de las Naciones Unidas sobre el establecimiento de una Corte Penal Internacional”. Entró en vigor el 1 de julio del 2002.
El Estatuto de Roma indica en su Artículo 24 (Irretroactividad ratione personae) “1. Nadie será penalmente responsable de conformidad con el presente Estatuto por una conducta anterior a su entrada en vigor”.
La memoria es frágil, muy pocos recuerdan los hechos demenciales de los terroristas, la forma como asolaban a nuestro país con sus huestes sedientas de sangre. Los coches bomba eran pan de cada día, el derribo de torres de alta tensión una hecho cotidiano. Los asesinatos selectivos de autoridades y dirigentes sindicales se sucedían como una noria. Los secuestros y las cárceles del pueblo horrorizaban a la población.
La mayoría de tiendas tenían un motor eléctrico como parte del panorama comercial. Los ciudadanos salían a sus trabajos sin la seguridad de regresar en la noche a reunirse con su familia. Mientras en la zona andina, columnas de terroristas ingresaban a poblados y realizaban juicios populares, asesinando a humildes campesinos y autoridades.
Así vivía el país entero, en ascuas, con el temor serpenteando la espalda desde la nuca al coxis. Mientras en el poder se sucedían Belaunde, Alan García, luego Fujimori, quien tomó la decisión política de acabar con este flagelo demencial.
Posteriormente el encargado de gobierno Paniagua, creador de la ex CV, organismo que con Toledo devino en CVR. Ambos retrocedieron en la lucha contrasubversiva y son responsables que los remanentes de SL hayan solidificado el matrimonio con el TID en el VRAE:
Los jueces y fiscales no podían cumplir con sus funciones y altas responsabilidades por temor a las amenazas o ser objeto de algún atentado, junto a sus familiares. Innumerables veces liberaron a terroristas apelando a la “falta de pruebas”. Hoy con toda la tranquilidad del mundo, disparan decisiones judiciales contra los miembros de las FFAA que enervan y avergüenzan a propios y extraños.
Los empresarios e industriales pedían al gobierno mano dura. Algunos empresarios fueron secuestrados, chantajeados y pagaron cupos a las organizaciones terroristas. Los que no pagaban, eran asesinados vilmente después de permanecer en las cárceles del pueblo, viles mazmorras que hacían recordar a los campos de exterminio nazi, verdadero genocidio. ¡Ya se olvidaron!
El año 1992 el ex presidente Alberto Fujimori emitió la legislación antiterrorista en ese marco legal, promulgó el Decreto No. 25659 que tipificaba el delito de traición a la patria y determinaba la pena de cadena perpetua y juicio en fuero militar a quienes eran sentenciados bajo este decreto y el decreto No. 25475 tipifica el delito de terrorismo y determina la pena mínima de 20 años y máxima de cadena perpetua a quienes sean sentenciados por este delito.
Sin embargo, pasada la violencia y el caos, y de vuelta a la calma social en el país, en enero del 2003 el Tribunal Constitucional del Perú emitió una sentencia por la cual reforma la Ley antiterrorista. Estas reformas derogan el decreto 25659 y por ende los juicios por terrorismo en fuero militar. Puesto que desde el año 1997 no se utilizaba a los jueces sin rostro.
Así, los presos por terrorismo y que fueron juzgados bajo la legislación anterior, es decir, por el decreto 25659, tuvieron que ser nuevamente juzgados con el decreto 25475. Con penas más benignas no acorde con el daño económico, moral y la destrucción de bienes que ocasionaron a los peruanos. ¿Quién paga todo el daño económico que le hicieron al país?
La Corte Interamericana sentenció en mayo de 1999 que los decretos Nos. 25475 y 25659 son incompatibles con la Convención Americana. Y ordenó al Perú: “Por una parte, la supresión de las normas y prácticas de cualquier naturaleza que entrañen violación a las garantías previstas en la Convención. Por la otra, la expedición de normas y el desarrollo de prácticas conducentes a la efectiva observancia de dichas garantías.”
Frente a estos hechos no podemos perder la brújula ni el rumbo, apreciamos en su real dimensión que el Estado peruano está perdiendo la “Lucha Política” contra los terroristas.
Esta lucha estaría orientada a los siguientes objetivos: Lograr el cierre del Penal Militar de la Base Naval del Callao, la “amnistía general” para su líder Abimael Guzmán, la excarcelación de todos sus detenidos, la captación de nuevos adeptos y el evidente desprestigio de las fuerzas del orden.
La liberación anticipada de la emerretista estadounidense Lori Berenson ha causado gran consternación en el pueblo peruano y un sabor amargo para soldados, policías y ronderos que lucharon contra el flagelo terrorista y hoy continúan entregando sus vidas y derramando su preciada sangre por defender la democracia en la selva del VRAE enfrentando al narcoterrorismo.
El pueblo peruano se pregunta por qué esa plasticidad y laxitud a favor de terroristas, mientras por otro lado se demuestra una inflexibilidad irracional, para denunciar y juzgar a soldados, policías y ronderos, quienes lucharon precisamente para que estos señores hoy estén bien sentados en sus oficinas impartiendo justicia.
Prueba de ello son los innumerables casos judiciales abiertos contra miembros de las fuerzas del orden. Pareciera que esa vieja prédica terrorista “persigue, enjuicia y encarcela a los que lucharon contra la revolución” sigue como una práctica sutil generalizada en el ámbito judicial y está siendo utilizada para intentar minar y debilitar el espíritu de lucha de los soldados que combaten en el VRAE.
Los datos son elocuentes, actualmente son 748 los soldados involucrados en procesos judiciales interminables, por el pecado de haber luchado en zonas declaradas en emergencia, por el gobierno de turno. De los cuales 160 están en actividad y 588 en situación de retiro. Lo más delicado es que 127 oficiales en actividad tienen serios aprietos para desempeñar sus funciones, debido a los procesos judiciales que se les sigue. En cuanto a los retirados esta cifra se triplica, son 364.
El caso denominado Pucará por la ex CVR, estará llegando a su término. Los próximos días el colegiado integrado por los vocales David Loli Bonilla, Enma Benavides Vargas y Rosa Amaya Saldarriaga, dará su sentencia final. Son 41 oficiales y suboficiales del Ejército Peruano (EP) acusados de ejecutar extrajudicialmente a 8 pobladores en el distrito de Pucará, provincia de Huancayo (Junín). Entre los acusados hay 4 generales.
Al respecto podemos hacer notar lo que expresa el analista Víctor Robles Sosa al iniciarse el presente juicio el 2009. “Otra ominosa farsa política denominada “juicio oral por la matanza extrajudicial en el distrito de Pucará-Junín” ha comenzado en la llamada justicia especial de “derechos humanos”, la cual debería denominarse más bien “fiscalías, juzgados y tribunales de condena para ronderos, policías y militares”.
“Para llegar al juicio se ha seguido el mismo trámite de rutina: un fiscal “especial” tomó la versión acusadora del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), como si éste fuese vinculante para el Ministerio Público, la copió casi idéntica en su dictamen, sin verificarla, le dio categoría de “prueba” (¡!), y sobre esa base acusó a los inculpados”.
Nuestro sufrido pueblo peruano tiene la percepción que algunas autoridades del Poder Judicial no asumen realmente sus altas responsabilidades que conllevan a protegerlo de futuras acciones terroristas. Es más, sufren de amnesia colectiva y deciden selectivamente para aplicar todo el peso de la ley si se trata de militares, policías o ronderos o para beneficiar a los denominados “luchadores sociales”.
A este paso muy pronto tendremos en las calles nuevamente paseándose como Pedro por su casa a todos los “luchadores sociales” y en la cárcel a quienes lucharon por proteger al pueblo peruano de esta caracha social, que tanto daño le ha hecho y le sigue haciendo al país. El mundo al revés.
FRATERNALMENTE
LUIS ROMERO YAHUACHI