AGUSTÍN ARTURO, PRAT CHACÓN AGENTE SECRETO EN BUENOS AIRES

 

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En medio de las tensiones bélicas surgidas entre Chile y Argentina en 1878 sobre la posesión de la Patagonia, surge la figura de Arturo Prat: un joven capitán de fragata que es enviado a Buenos Aires y Montevideo a realizar labores de espionaje.

 

¿Cuál fue la verdadera participación del posterior héroe en este episodio en que el peligro de un enfrentamiento era inminente?

 

Esta, es una de las interrogantes que se responden en un trabajo de investigación de 2 historiadores, y que se plasma en el libro “Prat, agente secreto en Buenos Aires”.

Por primera vez dos historiadores, uno chileno y otro argentino, se unen para dilucidar un momento de gran tensión en la historia de estos dos países… la guerra que estuvo a punto de estallar por la posesión de la Patagonia.

El historiador argentino, y uno de los autores de “Prat: agente secreto en Buenos Aires”, Diego Lascano, explicó cuál era el panorama político que estaban viviendo los dos países.

Fue a fines de 1878 cuando el Gobierno chileno, a cargo del Presidente Aníbal Pinto, designó a Arturo Prat para viajar de agente encubierto e investigar las instalaciones militares y los buques de guerra en Buenos Aires.

Ocultando su condición de marino, Prat viaja al otro lado de la cordillera donde prepara sus incursiones y se entrevista con personajes de la elite, para obtener información sobre las intenciones argentinas.

Lascano destacó que Prat era la persona ideal para enviar a Buenos Aires, ya que era un joven capitán de fragata con una trayectoria intachable, abogado, con mucho criterio, conocimiento geopolítico, con claridad y máxima discreción.

 

Tres meses desempeñó su difícil y arriesgada misión, entregando informes regulares a las autoridades chilenas sobre movimiento de buques, percepción de la ciudadanía argentina, posición de los altos funcionarios, de la prensa y de los organismos influyentes, en circunstancias que las respectivas flotas, compuestas de unas pocas naves, se movilizaban hacia la zona sur.

 

Arturo Prat, un capitán de fragata reputado dentro de la Armada, que ostentaba además su título de abogado y una personalidad bastante responsable y moderada, parecía ser el hombre ideal para auscultar el panorama en la agitada Buenos Aires.

 

Agente secreto, pero no espía, pues viajó con su nombre sin ocultar su nacionalidad, pero sin revelar que era oficial de marina, presentándose como abogado. Y además se dedicó a un trabajo de inteligencia y de análisis, sin utilizar ningún medio ilícito, que es lo que hace hoy cualquier diplomático en el mundo.

 

IMPARCIALIDAD Y RIGOR

 

Algunos pueden pensar que esta misión, que concluyó sólo cinco meses antes de que diera su vida por la patria en la rada de Iquique, transformándose en el principal héroe de la Armada Nacional y venerado por todo el país, pudiera empañar su figura. Pero este trabajo, difícil y acatado con disciplina y lealtad, más bien lo engrandece.

 

Así lo estiman los autores del libro Prat. Agente secreto en Buenos Aires. 1878: la guerra que no fue, del periodista e investigador histórico porteño, Piero Castagneto y del investigador argentino y docente universitario, Diego Lascano.

 

Una feliz coincidencia reunió a estos dos investigadores para afrontar un trabajo conjunto, que ha garantizado la más absoluta imparcialidad y el rigor histórico de los hechos, a través de cartas documentos, libros, trabajos y de la prensa de la época.

 

 

TACTO, CRITERIO Y RESERVA

 

¿Por qué este capitán de fragata recibe este difícil encargo del propio Presidente de la República? Al decir de un autor, citado en el libro, Canis Venatici, porque demostraba “poseer tres cualidades difíciles de hallar simultáneamente en una persona: tacto, criterio y reserva”.

 

En las instrucciones recibidas de parte del ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Fierro, se le indica que su presencia será Montevideo “mas podrá trasladarse a Buenos Aires por el tiempo y las ocasiones que su presencia sea allá necesaria para el cumplimiento de la misión que se encomiende”.

Don Arturo se embarca en este puerto en el vapor inglés “Valparaíso”, que recala en Montevideo el 18 de noviembre.

Desembarcó como un civil. Nadie sospechó que era oficial de la Armada de Chile, ni menos que era agente secreto. Seis meses antes de morir en la Guerra del Pacífico, filtró los secretos argentinos para evitar una guerra en la Patagonia y propuso a La Moneda destituir a los cónsules en Montevideo y Buenos Aires. Un libro reciente profundiza en uno de los capítulos más desconocidos de la vida de Prat.

 

Cuando Arturo Prat Chacón llegó a Buenos Aires por primera vez, no lo hizo en calidad de marino. No llevaba el uniforme y nadie le rindió honores. El 28 de noviembre de 1878, quien al año siguiente se convertiría en “el héroe de Iquique” pisó suelo argentino con una sola misión: espiar los movimientos militares de Argentina.

Su primer informe lo remite el 25 de noviembre. Puntualiza en parte que “aquí (en Montevideo), lo mismo que en la República Argentina, nadie duda que ella vendrá (la guerra), no sólo como una medida necesaria de política interna, sino, también, como único medio, a falta de títulos, de enseñorearse de ese desierto llamado la Patagonia, que con sus depósitos de guano y salitre, a que dan quizás desmesurada importancia, tienta la codicia de los argentinos”.

 

IMPORTANTES ANTECEDENTES

 

El 28 de noviembre, Prat emprende su primera visita a Buenos Aires. Instalado en el Hotel de la Paz, toma un vaporcito para visitar el monitor argentino “Los Andes”.

 

Los autores reflexionan: “Una vez a bordo, conversa incluso con algunos de sus oficiales, llevando adelante una maniobra riesgosa, sobre todo, si no oculta su condición de chileno. Por otra parte, que un buque de guerra argentino se encuentre abierto a las visitas civiles en un momento de tensión con un país vecino, trasluce cierta ingenuidad, propia de una época en la que aún no existen sistemas de espionaje elaborados. Candor al que, por cierto, Chile tampoco está ajeno”.

 

Posteriormente visitará el monitor “El Plata”, y en un informe al almirante Williams Rebolledo le proporciona interesantes detalles de las características de este buque, que es ampliado con un segundo informe dirigido al ministro de Relaciones Exteriores.

 

En esa carta, entrega antecedentes sobre el Ejército argentino, con 7 mil hombres de línea, poder de fuego, mandos y conocimiento del terreno.

 

EL PACTO FIERRO SARRATEA

 

El pacto de paz firmado en Santiago el 6 de diciembre de 1878, entre el ministro de Relaciones Exteriores chileno Alejandro Fierro y el representante argentino ante La Moneda Mariano Sarratea, fue muy bien recibido en la nación vecina. En el libro se cita parte del comentario del influyente diario “La Nación”, alegrándose anticipadamente por la futura libre navegación del Estrecho de Magallanes y asegurando que en “en lo sucesivo Chile no enviará ningún buque de guerra a las costas del Atlántico, y la República Argentina, por su parte, no lo hará en aguas del estrecho”.

 

Prat, entre tanto, desconfiaba de las buenas intenciones trasandinas, pensando que sólo se trataba de ganar tiempo. La prensa chilena en general rechaza el acuerdo. El Mercurio de Valparaíso condena el pacto por ser “una humillación para el país”.

 

Entre tanto, los buques argentinos se mantenían a la entrada del patagónico Río Santa Cruz, y los chilenos en Lota, lo que significaba un peligro de ataque a Punta Arenas, que se encontraba sin defensa naval.

 

En el ámbito privado, Prat se muestra confiando en que en una guerra Chile sería ampliamente victorioso. Los autores sostienen que junto con el irreductible ex canciller Adolfo Ibáñez Gutiérrez, pasa a integrar las filas de la minoría de chilenos que no ve la Patagonia con indiferencia y considera que vale la pena defenderla, incluso, con las armas, siendo un costo relativamente bajo a pagar.

 

El Congreso chileno estaba receloso a ratificar el acuerdo, mientras se mantuviera la flota argentina en el río Santa Cruz. El Gobierno chileno decide enviar, en paralelo con los informes de Prat, al teniente coronel Diego Dublé Almeyda a la zona del río Santa Cruz.

“El Mercurio” afirma que el pacto Fierro-Sarratea debe “ser quemado, y arrojadas al viento sus cenizas” y que la escuadra chilena debe partir “para espantar esas cuatro cáscaras”.

 

1879, AÑO CLAVE

 

La crisis con Bolivia, que decidió gravar el salitre, se hacía cada vez más fuerte, por lo que el Gobierno decidió enviar al norte al acorazado “Blanco Encalada”.

 

En Montevideo, Arturo Prat envía su último informe el 18 de enero de 1879, y el 4 de febrero, emprende el viaje de regreso a bordo del mismo vapor “Valparaíso”. Cuando recalan en Coronel, se entera que se ha producido la toma de posesión del puerto de Antofagasta.

 

Ya en Valparaíso, Prat fue destinado como ayudante del Intendente de Valparaíso y comandante general de Marina Eulogio Altamirano. El 29 de marzo es enviado al norte como secretario de Rafael Sotomayor Baeza, delegado del Gobierno ante el Ejército de Chile en el Norte.

 

El 2 de abril Chile declara la guerra al Perú y es Prat quien notifica en tierra, sin ninguna escolta, el bloqueo del puerto de Iquique, a las autoridades peruanas. De regreso a Valparaíso, es destinado como comandante de la “Covadonga” y zarpa al norte quedando desde el 10 de mayo junto con la “Esmeralda” en el bloqueo. Al día siguiente, recibe el mando de este último buque, con el que diez días después pasará a la historia como el héroe naval más importante de Chile.

 

La imprecisión en los tratados de fronteras de la Patagonia que rigen en 1878 genera fuertes diferencias entre Chile y Argentina. Por lo tanto, las relaciones entre estos países ganan en tensión y desconfianza mutua día a día.

 

El Gobierno de Chile resuelve que es imperativo indagar en las intenciones del país fronterizo. Es entonces cuando Arturo Prat, en la plenitud de su carrera, es encomendado a una misión tan importante como desconocida hasta la actualidad: cumplir el rol de agente secreto en Buenos Aires.

 

El futuro héroe es por entonces un joven con la experiencia de un veterano de guerra y posee un amplio apetito intelectual. Además, cuenta con las virtudes esenciales para tan delicada tarea: buen tacto, criterio, reserva y un fuerte deseo de servir a su patria.

 

Es así como, ocultando su condición de marino pero no su verdadera identidad, viaja a Montevideo, donde prepara sus arriesgadas incursiones a Buenos Aires. Una vez allí, estudia las instalaciones militares e investiga sus buques de guerra y su potencial bélico. También se entrevista con encumbrados personajes de la vida social, política y militar de Argentina, a fin de obtener información estratégica para Chile.

En este libro se reúne por primera vez documentación inédita de este significativo episodio en la vida Prat. Asimismo, las citas de la prensa de la época dan testimonio del ambiente reinante en ambos países ante un posible enfrentamiento bélico. Se incluyen, además, las cartas escritas a su esposa, Carmela Carvajal de Prat, en esos días de soledad y peligro que revelan la dimensión humana y amorosa del héroe nacional.

 

Sin embargo, el estudio comparado de las flotas argentina y chilena y la reconstrucción hipotética de cómo se hubiera desarrollado una guerra naval entre ambos países son los que ayudan a comprender la real dimensión del cometido de Prat.

Ciento treinta años después de aquellos eventos, un historiador chileno y uno argentino se unen para dilucidar uno de los momentos de mayor tensión en la historia de estas naciones: la guerra que estuvo a punto de estallar sin que se diera el paso decisivo y fatal.

 

ARTURO PRAT, PERFECTAMENTE VESTIDO DE CIVIL, ERA UN AGENTE SECRETO.

Veintiún días antes de su llegada a la capital argentina, el presidente Aníbal Pinto, le había enviado un telegrama ordenándole trasladarse a la brevedad desde Valparaíso a Santiago. Así lo hizo. El gobernante lo recibió en La Moneda y Prat escuchó atentamente las instrucciones: recolectar la mayor cantidad de información sobre la marina y el ejército argentino, tal como el número de buques, tripulación y armamento militar y, al mismo tiempo, verificar si Argentina tenía propósitos hostiles hacia Chile debido a las tensiones bélicas entre ambos países por la posesión de la Patagonia.

Así, se inició uno de los pasajes más desconocidos de la vida de Prat, que ha sido documentado por historiadores como Gonzalo Vial. Los autores Piero Castagneto y Diego M. Lascano entregan detalles inéditos de este episodio en su libro Prat. Agente secreto en Buenos Aires. 1878: la guerra que no fue, de Piero Castagneto y Diego Lascano, publicado en septiembre último. Los investigadores, uno chileno y el otro argentino, analizan a través de cartas y documentos de la época la vida de Prat como “espía”.

 

MONTEVIDEO, CENTRO DE OPERACIONES

 

Tacto. Criterio. Reserva. Ésas eran las tres cualidades que poseía Prat y que pesaron a la hora de asignarle la misión. Además, influyó el hecho de que el joven fuera el primer oficial naval en obtener el título de abogado. Es así como, ocultando su condición de marino, pero no su verdadero nombre, viaja en el vapor Valparaíso a Montevideo. La ciudad sería centro de operaciones para preparar sus arriesgadas incursiones a Buenos Aires.

 

El 18 de noviembre llegó a alojar al Hotel Oriental de Montevideo. Sin conocer a nadie, comenzó su tarea leyendo los periódicos locales (desconocidos en Chile) para fijar los primeros “puntos de referencia” y comenzar a construir una red de contactos. Una semana más tarde envió el primer informe a sus superiores en Santiago. Aunque aún no llegaba a Buenos Aires, ya tenía una visión del ambiente que se respiraba en la capital argentina: “En cuanto a la opinión dominante en el pueblo argentino (…) parece exacto que apoyan la guerra”. Y agrega: “En la República Argentina nadie duda que ella vendrá como único medio, a falta de títulos, de enseñorearse de ese desierto llamado la Patagonia…”.

 

En este mismo informe es drástico respecto de los representantes diplomáticos de Chile en la región. En su última reunión en La Moneda también le habían encargado espiarlos. Prat no tuvo dudas: propuso remover a José María Castellanos, cónsul en Montevideo, por ser de nacionalidad uruguaya con relaciones familiares en Argentina, y al cónsul en Buenos Aires Mariano Baudrix, por su avanzada edad y mal estado de salud.

 

La soledad del marino se interrumpió cuando conoce a sus primeros contactos en Montevideo, que más tarde lo ayudaron a obtener valiosa información. Las primeras relaciones las hizo gracias a un compañero de viaje, “el súbdito británico J. Hamilton”, empleado de la casa comercial Weird, Scout & Cía. Más tarde, algunas de sus amistades fueron personalidades de importancia, como Federico Nin, jefe del Partido Blanco uruguayo, y el senador de la provincia de Buenos Aires, Gregorio Torres. También se hizo amigo de Francisco Javier Hurtado Barrios, ex empleado de la legación chilena en la capital argentina, quien fue su guía en los recorridos por la cuidad y su contacto con personajes influyentes de la política local.

 

ENTRADA EN BUENOS AIRES

 

La noche del 28 de noviembre, Prat se embarcó rumbo a Buenos Aires para realizar observaciones más cercanas de la flota argentina. Una vez instalado en el Hotel de la Paz, decidió visitar el monitor Los Andes. El buque de guerra argentino estaba abierto a las visitas civiles, por lo que Prat, incluso, conversó con algunos de sus oficiales como si fuese turista. De su primera visita a Buenos Aires, Prat dio su testimonio en un informe enviado al contraalmirante Williams Rebolledo, en el que entregó información general sobre las naves argentinas.

 

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En su segunda carta fue más preciso sobre el poderío naval argentino. Se la escribió al ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Fierro. Y entregó datos técnicos de las naves de guerra. Tras una larga descripción, concluye: “Estos datos, aunque deficientes, dejan ver que el poder marítimo de la República Argentina es notablemente inferior al de Chile”, afirmaba Prat. Y añadía: “En cuanto a su ejército, que alcanza a 7 mil hombres de línea, se me asegura que adolece de grandes defectos en su organización”.

El 6 de diciembre de 1878 se suscribió en Santiago el pacto Fierro-Sarratea -firmado por los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países-, que acordó, entre otras cosas, el nombramiento de un tribunal mixto para resolver los límites pendientes. La difusión del pacto tardó en Chile y Prat se enteró estando en Montevideo. Le escribió una carta a su esposa Carmela Carvajal: “Ayer tarde circuló un boletín anunciando que la paz se había firmado (como si estuviéramos en guerra) y que la cuestión se había arreglado definitivamente, como si los Presidentes o ministros pudieran hacer algo definitivo prescindiendo del Congreso”.

 

EL ENCUENTRO CASUAL DE PRAT Y EL PRESIDENTE ARGENTINO

 

Su segundo viaje a Buenos Aires lo realizó el 23 de diciembre junto al chileno Francisco Javier Hurtado Barrios. A esas alturas ya se movía con soltura en los salones de la élite bonaerense. Incluso ocurrió un episodio inesperado. Prat se encontró con el Presidente argentino, Nicolás Avellaneda, luego de que un conocido de ambos, el senador Gregorio Torres, los presentó a la salida de la Casa Rosada. Avellaneda se comportó muy gentil con Prat.

 

De vuelta en Montevideo envió su último informe (el 18 de enero de 1879) al canciller Alejandro Fierro. A los ojos de Prat, un conflicto armado con Argentina era cuestión de tiempo. Pero su misión se ve bruscamente interrumpida: el 28 de enero, Prat recibió órdenes del gobierno chileno para volver al país. Cuando parecía que los conflictos con Argentina amainaban, Prat se llevó otra sorpresa. Al llegar a Lota, la primera parada de su barco, le informaron que Chile estaba en guerra contra Bolivia y Perú. Prontamente se le daría el mando de la cañonera Covadonga y de la Esmeralda. Hasta que llegó el 21 de mayo, y su nombre pasó a la historia.

 

Cuando el almirante peruano Miguel Grau hizo el gesto de devolver las pertenencias de Prat a su esposa, entre ellas apareció una vieja libreta que el marino llevaba en su último combate. En ella aún se conservaban anotaciones y claves de su misión como agente secreto.

 

DE PUÑO Y LETRA DE ARTURO PRAT

 

Alrededor de cinco informes envió Arturo Prat a sus superiores en Santiago dando cuenta de la situación en Argentina. En su primer informe escrito en noviembre de 1878 desde Montevideo, dice lo siguiente: “En cuanto a los hijos de este país, que en general tienen pocas afecciones por los argentinos, serán extraviados en sus juicios por la prensa que, asalariada por éstos, se limita a transcribir cuanto puede desprestigiar a nuestro país y a nuestra causa, y siempre que tocan estos puntos lo hacen en un sentido desfavorable hacia Chile”. De su primera visita a Buenos Aires, Prat da testimonio en una correspondencia al contraalmirante Williams Rebolledo: “La semana pasada estuve en Buenos Aires y visité el Plata, que se encontraba en el puerto. Siendo conocidas de Ud. y de nuestros oficiales las condiciones de esas naves, sólo agregaré que son de doble hélice…”. En el tercer informe al gobierno, Prat expresa su escepticismo respecto del Pacto Fierro-Sarratea: “Entre tanto, es un hecho que (…) las cosas permanecerán en statu quo hasta que se reúnan, creo que en mayo del año entrante, las cámaras argentinas, donde, sin ser pesimista, puede predecirse que serán rechazados los tratados”. El 18 de enero de 1879 manda el último informe al canciller Alejandro Fierro: “Si en mayo el tratado fuera rechazado por el Congreso argentino, ya tendrían estudiada la pampa y un cuerpo de ejército al pie de los Andes, ya sea dispuesto a invadir o a rechazar una invasión.”

 

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¿QUÉ ES LA GNOSIS?

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La Gnosis es un complejo sistema que mediante la adquisición y puesta en práctica de ciertos conocimientos y técnicas (expuestos sobre un “camino” determinado), permite —en caso de éxito—, la evolución del ser humano —a partir de su personalidad subdesarrollada— hacia sus más altos exponentes con la consiguiente superación de las limitaciones de la especie.

La Gnosis es parte de un plan trinitario en el que intervienen la Fe y la Esperanza; plan concebido para la realización del Amor (I Corintios XII: 13). Pues «El AMOR lleva en sí la consumación de todas las virtudes, de todas las profecías, de todos los misterios y de todo el conocimiento» (Mouravieff, B. Gnosis)

Una autoridad como Clemente de Alejandría (discípulo de Panteno, y maestro de Orígenes) , en sus Stromatos marca algunas pautas sobre la Gnosis y la actitud del gnóstico (aquel que vive su vida según la Gnose): «… el Hombre está naturalmente hecho para poseer a Dios» por ello, «La Gnosis es, por así decir, una perfección del hombre como tal, obtenida por la ciencia de las cosas divinas según la costumbre, la vida y las palabras, armonizadas y conforme a sí mismo y al Verbo divino». «Finalmente, la Gnosis es transmitida a los hombres acostumbrados y aprobados por una preparación y un ejercicio más completos, capaces de oír lo que se les dice, y por la conducta de la vida y por los progresos superiores a la justicia y la ley». De esta forma, «Para el gnóstico, la Gnosis es lo único importante»

ORÍGENES DE LA GNOSIS 

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La gnose alcanza al mundo occidental (ex-medio oriente) a través de las enseñanzas tradicionales del cristianismo primitivo que fueron difundidas y transmitidas en los primeros siglos de nuestra era. Pero, es principalmente por vía de la iglesia ortodoxa oriental, que mantuvo más inalterada la esencia de este conocimiento “especial” (a precio de un hermetismo casi impenetrable), que tales enseñanzas llegan a los tiempos actuales.

La Gnosis debiera entenderse como el núcleo del cristianismo, su esencia (la “teoría” revelada por Cristo), un sistema filosófico-práctico que relaciona al ser humano con la divinidad; esto es en un sentido análogo al lo que la kabalah es al judaísmo o el sufismo al islam. De hecho, las tres religiones tienen un nexo pretérito común y un fondo místico que es perfectamente reconocible en el contenido de la gnose.

 

FUNDAMENTOS

La base de la Gnosis es el conocimiento; por un lado el Conocimiento Esotérico de carácter revelado y transmitido; y por otro, no menos importante, el Conocimiento de Sí útil como herramienta para acceder a la Verdad de la Vida Real y a la Consciencia Absoluta.

«Te advierto, quien quiera que fueres, Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo, aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tu ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias?. En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses.» Frase inscripta en el antiguo Templo de Delfos.

El objeto de estudio dentro de este sistema es el Hombre en su totalidad y su relación con el Universo y la Divinidad, así el hombre es el investigador y el objeto de su investigación. La metodología de estudio es variada, pero perfectamente establecida (según los caminos) según la tipología del practicante. Y metódicamente aplicada permite la obtención de resultados y logros personalmente constatables (posición en el camino, y avance).

El sistema de enseñanza/aprendizaje fundamental para trasmisión de las técnicas necesarias para alcanzar el Conocimiento de Sí está encarnado en lo que es llamado la Doctrina Esotérica (también Cristianismo Esotérico o Tradición del Cristianismo Esotérico). Los textos de referencia, base de la Doctrina y objeto de la Tradición son varios, principalmente el canon cristiano, obras con comentarios sobre el canon, pero también textos considerados apócrifos. El ritual y la liturgia en conjunto con la tradición oral son hilos conductores que vivifican el contenido de este cristianismo ancestral.

“Esta doctrina ancestral y apostólica (enseñada públicamente por Clemente y Orígenes en Alejandría durante el siglo III) desde aquel tiempo conforma una Tradición que hasta una época reciente fue transmitida por vía oral y cuyo estudio en su conjunto constituye la única posibilidad de acceso a la Revelación.” (Boris Mouravieff)

ESTRUCTURA DE LA GNOSE

La metodología de acceso al conocimiento propuesto por la misma estructura de la Gnosis es de carácter cíclico, concéntrico y centrípeto (tipo espiral). Estructuralmente tal conocimiento está organizado en tres ciclos:

Ciclo Exotérico

Ciclo Mesotérico; y

Ciclo Esotérico.

Empezando por el Ciclo Exotérico, pasando por el Ciclo Mesotérico y terminando en el Ciclo Esotérico, el acceso o pase de un ciclo a otro implica el haber aprehendido, sentido, practicado y asimilado los contenidos del ciclo previo. Es imposible “pasar de grado” sin los conocimientos previos, porque implican actitudes necesarias para entender y acceder al siguiente nivel. Hay que saber sumar para poder multiplicar; y dominando la multiplicación se puede empezar a dividir.

Los Ciclos Exotérico y Mesotérico se corresponden con las 4 primeras vías o caminos, el Ciclo Esotérico es el Quinto Camino, el Camino Esotérico por excelencia, la vía del Romance Único, reservado a los seres polares y atributo de la Revelación progresiva del AMOR.

Toda la Doctrina, producto de la Gnose, se condensa en una Maestría en Amor, devenida del ejercicio conjugado de los dos mandamientos centrales de los cuales depende toda la Ley de los Profetas (Mateo XXII:37-40 / Mateo XII:30-31 / Lucas X:27). Éste es el legado de la Revelación del Cristo, objeto que la Tradición (un poco celosamente y con velo) fue traspasando de generación en generación.

GNOSTICISMO 

Como movimiento religioso, los gnósticos tuvieron gran importancia en el mundo greco-romano hacia el siglo II dC y en la formación del cristianismo primitivo en muchos de sus aspectos, como el credo, el canon e incluso la organización episcopal de la Iglesia naciente.

El gnosticismo fue considerado una herejía por el cristianismo y combatido por varios de los llamados padres de la Iglesia, como San Ireneo de Lyon, Hipólito y Epifanio, entre los siglos II y IV dC.

 

CONCEPTOS SOBRE EL GNOSTICISMO

Para los gnósticos, la conciencia profunda del hombre es consustancial con la del Dios Creador, pero siendo parte de un mundo imperfecto, extraño a su ser verdadero, el hombre se hace partícipe de esta imperfección. Cuando el hombre comprende esta verdad (“conoce”) su verdadero origen y esencia, entonces se hace consciente de su naturaleza consustancial con el creador y su verdadero origen. Este conocimiento no se logra a través de luz que entrega la filosofía (la razón) ni por la revelación cristiana de las escrituras (la historia), sino que por la intuición que permite conocer el misterio de nuestro propio origen y sustancia.

EL DEMIURGO

El mundo, imperfecto como es, no puede haber sido la creación de un Dios bueno y justo, sino por un dios imperfecto y malvado, que los gnósticos asociaban con el Yavé de los judíos, al que ellos llamaban “demiurgo”. Sobre este demiurgo está Dios, el etermo, el bondadoso, profundo y silencioso, sin nombre, el creador de los buenos espíritus o “pleroma”, o reino de la luz.

HEREJÍAS DEL GNOSTICISMO

Del gnosticismo surgieron numerosas herejías combatidas con mayor o menor fuerza por la Iglesia, como por ejemplo la herejía Ofita, fuertemente ligada a esta idea de la dualidad Dios-Demiurgo, reflejada en la figura de la serpiente bíblica.

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CONCEPTO DE GNOSIS SEGÚN S.A.WEOR

EL bodisattwa de Samael Aun Weor, cuyo nombre es Víctor Manuel, estuvo caído hacia el final de su existencia como tal.

En esta sección del artículo se expone brevemente con citas de Samael Aun Weor, su concepción sobre la Gnosis (en relación al movimiento que fundó con ese nombre), visión convergente sólo en algunos puntos con el núcleo gnóstico del cristianismo primitivo y las enseñanzas esotéricas impartidas por tal núcleo.

Con un breve análisis atento, se pueden notar algunas diferencias conceptuales con el contenido general de este artículo.

“La Gnosis es una enseñanza cósmica que aspira a restituir dentro de cada uno de nosotros, la capacidad de vivir consciente e inteligentemente”, Samael Aun Weor, ¿Qué es gnosis?

Toda teoría es gris, y sólo es verde el árbol de dorados frutos que es la vida. Goethe.

La Gnosis es el conocimiento de una sabiduría trascendental y transformativa que enseña a la humanidad a ver, oír y palpar todas las cosas que hasta el momento se señalaban como grandes misterios y enigmas

La gnosis es una verdadera escuela científica de iniciación en la vida, que persigue una transformación del ser humano, pretende que cada hombre cambie desde sus principios básicos y costumbres, que se convierta en verdadero hombre.

La gnosis en sí pretende que cada hombre tenga un espíritu vasto y lúcido que intente establecer un nuevo orden racional científico en las costumbres generales del Vivir, inspirándose en las leyes inmutables de la naturaleza.

El conocimiento de la ciencia gnóstica abarca los cuatro pilares del saber humano: Ciencia, Arte, Filosofía y Mística.

La gnosis con un estilo de vida, como una filosofía mística se fundamenta sobre una concepción racional y científica del universo. El gnosticismo aparece en épocas de crisis, de perturbación social y espiritual, como una corriente ideológica importante para que el ser humano alcance una transformación física, psíquica, social y espiritual, que le permita conocerse a sí mismo, conocer sus propios defectos y errores, que lo conducen prematuramente a la vejez, a la tumba, a la desintegración.

Esta sabiduría la encontramos en los Misterios de Mitra, de Eleusis, en el Hermetismo, en los Misterios de Dionisio, de Hécate, de la Gran Madre, de Serapis, de Cibeles, de Isis, también en el Orfismo y el Pitagorismo, en los libros egipcios y tibetanos… Cuando el hombre comienza a observarse detenidamente a sí mismo, desde el ángulo de que no es UNO sino muchos, obviamente ha iniciado el trabajo serio sobre su naturaleza interior.

La gnosis da la metodología y enseña el “modus operandi” mediante el cual puede uno ser asistido por fuerzas superiores a la mente. En la antigüedad se decía: “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo”, que se formula con la síntesis de todas las teorías, es el conocimiento superior. Es claro que en esto suelen haber hoy raras excepciones que tenemos que buscar con la linterna de Diógenes; esos casos raros están representados por los hombres verdaderos: Buda, Jesús, Hermes, Quetzacoatl, etc. El Despertar del Hombre. Samael Aun Weor

Como quiera que los estudios Gnósticos han progresado extraordinariamente en estos últimos tiempos, ninguna persona culta caería hoy como antaño, en el error simplista de hacer surgir las corrientes Gnósticas de alguna exclusiva latitud espiritual.

Si bien es cierto que debemos tener en cuenta en cualquier sistema Gnóstico sus elementos Helenísticos orientales, incluyendo Persia, Mesopotamia, Siria, India, Palestina, Egipto, etc., nunca deberíamos ignorar los principios Gnósticos perceptibles en los sublimes cultos religiosos de los Nahuas, Toltecas, Aztecas, Zapotecas, Mayas, Chibchas, Incas, Quechuas, etc., etc., etc., de Indo-América. Hablando muy francamente y sin ambages diremos: “La Gnosis es un funcionalismo muy natural de la conciencia: una “Philosophia Perennis et Universalis”. Incuestionablemente, Gnosis es el conocimiento iluminado de los Misterios Divinos reservados a una elite. Doctrina Secreta de Anahuac. ¿Que es gnosis? Escrito por Samael Aun Weor.

BIBLIOGRAFÍA

Mouravieff, Boris. GNOSIS. Cristianismo Esotérico. Estudios y comentarios sobre la Tradición Esotérica de la Ortodoxia Oriental. Obra en 3 volúmenes:

Tomo I – Ciclo Exotérico

Tomo II – Ciclo Mesotérico; y

Tomo III – Ciclo Esotérico (propiamente dicho).

«He aquí la exposición sistemática de la Doctrina original del cristianismo que durante siglos fue transmitida de maestro a discípulo en criptas y ciertos monasterios de la Ortodoxia Oriental, depositaria de este Conocimiento que tiene su origen en aquel momento señalado en Lucas XXIV,45. […] La versión unilateral que conocemos en Occidente sobre los orígenes y primeros tiempos del desarrollo de la Revelación cristiana hizo que se cristalizara en los buscadores la falsa impresión de que el cristiano no cuenta con una Gnose, sin percibir que se trata de una de las Religiones del Libro […] fundamentada en el Verbo de Dios, es inseparable de una Enseñanza esotérica que vivificando la Letra, permita a la posteridad de fieles “comprender la Escritura” y vivir –conforme a sus capacidades individuales– en su “hoy” personal la Revelación del Espíritu Santo […] Pero esta meta superior exigirá […] un intenso y consecuente “trabajo sobre sí” para elevar su Nivel de Ser y lograr –a través de la Alquimia espiritual – el Segundo Nacimiento efectivo que le permitirá alcanzar la Victoria. Meta muy difícil de lograr sin una Enseñanza basada en la Revelación y la Guía de una Doctrina tradicional que nos proporcione los conocimientos y herramientas para Conocernos a nosotros mismos y que nos muestren el Camino a recorrer: “sendero estrecho que conduce a la Vida”.» (Extracto de la contratapa del Tomo I)

 

FRATERNALMENTE

LUIS ROMERO

LOS VALDENSES ¡¡¡ SANGRE INOCENTE!!!


Este artículo trata sobre estos tan ignorados cristianos evangélicos de la Edad Media, de más de 4 siglos antes de Lutero (contra las mentiras romanistas que afirman que el cristianismo evangélico nació de una escisión de Roma con este reformador), y de los cuales sus propios verdugos: los inquisidores de la iglesia católico Romana dijeron lo siguiente:

“Los herejes valdenses se distinguen por su comportamiento y el habla. Son impasibles y sensatos. No se esfuerzan en llamar la atención con vestidos extravagantes o indecorosos. No son comerciantes con el fin de evitar mentir, jurar o engañar. Viven únicamente del trabajo artesano de sus manos. También sus maestros son tejedores y zapateros. No acumulan riquezas, sino que se contentan con lo necesario para vivir. Comen y beben con moderación, no frecuentan posadas ni van a bailes u otros lugares de mala reputación. Son lentos para la ira. Son trabajadores, se dedican a aprender y a enseñar. Les reconocerán por su manera de hablar: con cordura y veracidad. No difaman, no hablan con palabras vulgares o vacías. Evitan toda expresión que pueda ser mentirosa o de juramento. No dirán “sinceramente” o “de verdad”, sino que se limitarán a decir “si” o “no”. Según ellos hacen así porque Jesús lo ordenó en Mateo 5:37″ (Passauer Anonymus).
El movimiento religioso denominado Valdense nació en la Ciudad de Lyon (Francia), con la crisis de conciencia de un individuo llamado Pedro Valdo, quien renunció a sus bienes y tradujo fragmentos de la Biblia a la lengua vulgar. Este movimiento no pretendió romper con la Iglesia Católica pero su predicación no aprobada por las autoridades eclesiásticas amedrentó a los sacerdotes. Esto llevó a que en el año 1184 en el Concilio de Verona se incluyera a los Valdenses entre los movimientos condenados y en el año 1190 el Obispo de Narbona pronunció contra ellos la condena de herejía. Este movimiento religioso víctima de las persecuciones, primero en Francia y luego en otros países, buscaron lugares seguros para refugiarse.

Durante varios siglos los Valdenses reclamaron la libertad de conciencia, refugiándose en los Alpes en una región agreste, rocosa y pintoresca protegidos por una importante cadena de montañas en la zona fronteriza Italo-suizo-francés en los cuales se encuentran los valles Pellice, Angrogna, Rorá, Clusón y Germanasca, hoy llamados Valles Valdenses.

Hasta éstos Valles llegaron los ejércitos de las cruzadas provocando masacres como la de Merindol y Provenza (1545) y la de Colonia Calabria (1560). Pero nadie pudo doblegar al pueblo Valdense, los sobrevivientes se refugiaron en Suiza y tres años más tarde cruzaron nuevamente las montañas para llegar y no abandonar más el suelo de sus amados valles.

En agosto de 1689, un grupo de 900 hombres partieron de Suiza, que los hospedaba, y en 10 días lograron retornar a Bobbio (Glorieuse Rentrèe); en la localidad de Sibaoud, pronunciaron el famoso juramento de fidelidad a sus comandantes, y éstos, a sus soldados.

Finalmente tras siete siglos de injusticias y persecuciones el Rey Carlos Alberto proclamó el Edicto de Emancipación con lo cual los Valdenses podían gozar de todos los derechos políticos y civiles de los demás ciudadanos. La fecha de tan importante acontecimiento en la vida de los Valdenses, fue el 17 de Febrero de 1848.

Encerrados en sus angostos y poco fértiles Valles, los Valdenses que gozaron a lo largo del siglo XIX de una relativa tranquilidad vieron crecer notoriamente su población. Con ello comienzan las primeras emigraciones, primero hacia el sur de Francia, Suiza e incluso al Cercano Oriente, pero esto no fue suficiente, la población seguía aumentando y el hambre comenzaba a sentirse muy a menudo en los Valles. En el año 1854 luego de una sucesión de años malos para la agricultura, tres mil familias tuvieron que ser socorridas. La pobreza y el hambre reinaba en los Valles. En esas malas épocas llegaron noticias a los Valles de un joven aventurero que se había embarcado en Marsella sin rumbo fijo y luego de seis meses había desembarcado en Montevideo. Era el joven Juan Pedro Planchon que escribía a su hermano en Villar Pellice, en esa carta contaba lo fácil de la vida en Uruguay, un Uruguay que se mostraba generoso, vacío y fértil, fue así que en 1856 tres familias (Planchon Barolin, Baridon Geymonat y Gonnet Salomón) que sumaban once personas, se embarcaron hacia tierras uruguayas dando lugar a la primera emigración Valdense a ese país.
LOS ADVENTISTAS (VALDENSES) EN EL PERÚ.-







FRATERNALMENTE
LUIS ROMERO