CARLOS MALPICA SILVA SANTISTEBAN

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(Chota, 1929 – Lima, 1993): Político y revolucionario, fue firme defensor de la reforma agraria y de los recursos naturales. Estudió en el Colegio Militar Leoncio Prado y después en la Escuela Nacional de Agricultura en Lima. Tras su oposición al pacto del APRA con el gobierno de Prado, siendo diputado por Cajamarca (1956-1962), fue expulsado del partido en 1959 con otros militantes con quienes formó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (1962), que impulsó las guerrillas rurales en 1965. Fue elegido miembro de la Asamblea Constituyente en 1978 y varias veces senador por el Partido Unificado Mariateguista e Izquierda Unida entre 1980 y 1992. Dejó numerosas obras como Guerra a muerte al latifundio, Los dueños del Perú, Crónica del hambre en el Perú, El mito de la ayuda exterior, Petróleo y corrupción, El poder económico en el Perú, entre otras.

Carlos Malpica Silva Santisteban, símbolo de la lucha anticorrupción y la moralización, partió a la inmortalidad hace 18 años con la bandera de la honradez, consagrada a los ideales de la justicia social y la equidad en el Perú. Rendimos nuestro homenaje a un político diferente, un hombre cuya vida estuvo consagrada a los ideales de la verdad y la transparencia; en resumen, un hombre de vida intensa y comprometida con la vida del Perú y la defensa de los intereses de la patria frente a la corrupción.

Celebramos al hombre agudo y tenaz, al buen padre, al excelente esposo, al amigo entrañable, al político de polendas, al “congresista de lujo en cualquier país del mundo”, como historiadores nacionales han dicho de él, y al militante imprescindible, compañero incansable en mil jornadas de lucha. Su diversidad es enorme, y por ello nos referimos centralmente al político, a ese joven militante, revolucionario, detenido, preso, rebelde, diputado, constituyente, senador Malpica; perseguido, renovador, disciplinado, organizado, deportado; al mariateguista consecuente hasta el último día de su vida; el que construyó, “sin calco ni copia”, la afirmación de un “socialismo cholo”.

Malpica fue de familia y padre aprista, militó desde joven en el Apra revolucionaria; fue perseguido durante más de una década, detenido y preso en el Panóptico, el Sexto y El Frontón. Felipe de Lucio y Guillermo Miranda, en la reseña biográfica de Carlos, señalan que las cárceles de entonces estaban reservadas para políticos de oposición, como lo constató Carlos Malpica. Fue un hombre de energía vital desde su juventud, que inició su carrera política a los 17 años, siendo dirigente estudiantil. Muy tempranamente fue elegido diputado por Cajamarca, en la lista del Partido Aprista, para el periodo 1956-62. Sin embargo, no secundó la colaboración del Apra con el presidente Manuel Prado, y pasó a la oposición señalando el carácter oligárquico del régimen. Abogó por la nacionalización del petróleo, la gran minería y la reforma agraria.

El Partido Aprista decidió su expulsión en la VI Convención de octubre de 1959. Junto a él, políticamente, se encontraban Luis de la Puente Uceda, Gonzalo Fernández Gasco, Manuel Pita, Máximo Velando, Luis Olivera Balmaceda, Walter Palacios, Elio Portocarrero, Luis Iberico y varias decenas de dirigentes, obreros, campesinos y estudiantes. En base a este grupo de militantes se crea el “Comité Aprista de Defensa de los Principios Doctrinarios y de la Democracia Interna”.

Homenaje a Carlos Malpica / Parte 1 from unidad_popular on Vimeo.

 

Homenaje a Carlos Malpica / Parte 2 from unidad_popular on Vimeo.

En mayo de 1960 se constituyó el Apra Rebelde, para tomar el nombre en 1962 de Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). El MIR peruano y el MIR venezolano constituyen los primeros partidos políticos de la nueva izquierda marxista a nivel continental. Estudiosos de la vida de Carlos Malpica señalan que la lucha heroica de la Comunidad Indígena de Chepén y la de los Obreros de la Hacienda Casagrande en el departamento de La Libertad son los antecedentes agrarios más resaltantes del nuevo MIR. En 1961, el diputado Carlos Malpica presentó al Parlamento el Proyecto de Ley de Reforma Agraria. Afrontó reclusión en la colonial penal del Sepa en 1963 y en El Frontón en 1965 por presunta participación en el conato guerrillero que dirigió Luis de la Puente Uceda. En 1975 el general Velasco lo deportó a Argentina. En 1977 fue asediado policialmente por Morales Bermúdez; por su responsabilidad en los movimientos reivindicativos de la Federación de Pescadores permaneciendo en la clandestinidad casi un año. Fue elegido miembro de la Asamblea Constituyente en 1978 por la lista de la Unidad Democrática Popular (UDP). Postuló por la UDP a la presidencia en 1980. En 1980 fue elegido senador por el Partido Unificado Mariateguista PUM.

Participó en la fundación del PUM, confluencia de Vanguardia Revolucionaria (VR), el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Fue senador en el siguiente periodo 85-90 y reelegido en el 90-92 en las filas de la Izquierda Unida. Su bandera central fue la moralización administrativa. Fue un tenaz perseguidor de la corrupción, inmoralidad y la defensa de los intereses populares en los temas económicos y presupuestales.

Simultáneamente a su carrera política ejerció la cátedra universitaria, fue un ingeniero agrónomo con dominio del tema minero y con una actividad editorial fecunda. De su libro más conocido: “Los Dueños del Perú”, podemos decir que, salvo los “7 ensayos” de José Carlos Mariátegui, ningún otro ensayo de economía social y política ha tenido tal nivel de acogida. Desde “La Crónica de Hambre en el Perú”, hasta su última obra “Pájaros de Alto Vuelo”, Carlos Malpica nos deja una herencia enorme y fecunda, para arribar juntos a la construcción de una Patria para todos y todas o, como él diría, para que “hagamos de los pobres los dueños del Perú”.

Expresamos nuestro público reconocimiento al parlamentario fecundo, al espíritu crítico de reflexión previa y documentada, al hombre de criterio seguro e investigador prolijo, al infatigable buscador de la verdad, al fiscalizador implacable de los actos de inmoralidad en el manejo público, al tenaz defensor de los recursos naturales. Al hombre de inmensa calidad humana, ética y moral, de gran espíritu solidario. A ese hombre de corazón generoso, cuyo recuerdo late en nosotros.

Carlos nos dejó tareas pendientes de realizar. Queremos ser continuadores de su obra. Nuestro compromiso, como mujeres y hombres del Perú, es hacer de su memoria un ejemplo vivo, motivados por su legado invalorable, por su limpia trayectoria, por su valor, consecuencia y cálida sencillez. Carlos Malpica murió para nacer de nuevo, y por eso afirmamos nuevamente en este 82 aniversario que es el símbolo de los “muertos que nunca mueren”.

EL APRA REBELDE

La política de “convivencia” con el pradismo, inaugurada por Haya de la Torre en 1956, no tardó en encontrar detractores y descontentos en su propio partido.

En 1948, la fracasada insurrección de la marinería del Callao, impulsada por el Comando Revolucionario, había fracasado motivando el golpe de Odría y la ilegalización del partido. Poco después, en 1949, se había realizado clandestinamente en Lima un congreso de Reestructuración del APRA, con la participación de Magda Portal, Hernán Boggie y otros dirigentes medios, intentando dar nueva forma al partido bajo tesis abiertamente marxistas, y rechazando la teoría del “espacio-tiempo histórico” postulada por Haya como presunta superación dialéctica del marxismo.

En 1952, apenas salido Haya de su prolongado asilo político en la embajada colombiana en Lima, grupos de apristas desterrados habían manifestado su desacuerdo con su posición pronorteamericana.

La abierta discrepancia de estos grupos cuando el APRA retorna a la legalidad en 1956, culmina en la formación del Comité de Defensa de la Democracia Interna y los Principios Primigenios del APRA, encabezado por Luis de la Puente en 1959 que tomaría poco después, sintomáticamente, el nombre de APRA Rebelde recordando al Ejército rebelde cubano.

La Primera Asamblea Nacional del APRA Rebelde, realizada en 1960, acuerda formación de una comisión encargada de estructurar un proyecto de ley de reforma agraria para ser planteado al Parlamento. El proyecto, presentado en la legislatura de 1961 por Carlos Malpica, pretendía abolir las formas de trabajo serviles en todas sus manifestaciones y establecía límites a la propiedad terrateniente; postulaba la indemnización a los propietarios con bonos organizados en asociaciones, sindicatos y comunidades.

Estos grupos trataban de retomar el antilatifundismo que había caracterizado al APRA, su base principal estaba en círculos del estudiantado universitario y en muy limitados grupos campesinos y no lograron afectar seriamente la gran estructura del APRA tradicional, partiendo del que fueron expulsados en 1959.

El APRA Rebelde inició una rápida evolución hacia las ideas marxistas. En marzo de 1962, su Asamblea Nacional acuerda adoptar el nombre de Movimiento de Izquierda revolucionaria, MIR, imitando al MIR venezolano originado en Acción Democrática, que estaba alzado en armas, y asume como definición ideológica al marxismo-leninismo.

La “Proclama revolucionaria al pueblo peruano” firmada por Luis de la Puente, Gonzalo Fernández Gasco y Guillermo Lobatón en abril de 1965, es bastante reveladora del pensamiento político de los líderes del MIR. Según este documento, el agro tiene una estructura feudal, la burguesía nacional está postrada por el latifundismo y el imperialismo. El país se encuentra en una situación tan crítica que casi no cabe duda acerca de que el pueblo colaborará primero y se incorporará a la lucha después. Los guerrilleros rompen con la vía electoral, porque la mayoría del pueblo no participa de las elecciones (en 1965 no votaban los analfabetos); descartan el lanzamiento de masas desarmadas a la lucha; y dejan de lado el “método tradicionalista y burocrático del trabajo de masas”.

La filiación marxista-leninista se expresa finalmente en el Manual de capacitación ideológica escrito por Luis de la Puente Uceda en 1965. Es importante decir que rompe también con las tesis organizativas de El Antiimperialismo y el APRA al señalar a éste como un partido seudomarxista y policlasista, lo que considera una falla de concepción.

“Resulta importante anotar cómo la izquierda guerrillera de la época procesaba la discusión que se producía en el campo internacional y los cambios que se daban en el proceso social del país. La discusión era ignorada o, en todo caso, sobreentendida. Los cambios sociales eran considerados y analizados, aunque sólo en parte. Se acudía hacia las zonas rurales en la esperanza de liderar al campesinado, aunque no se valoraba suficientemente las dimensiones-y, por tanto, los límites- de su acción. En un momento en que se afirmaba que es revolucionario “el que hace la revolución” –y habían hecho la revolución movimientos no marxistas en Argelia y Cuba-, se retomaba al marxismo-leninismo como la única ideología que garantizaba una interpretación acertada y una línea correcta.”

La experiencia misma de la izquierda guerrillera no se reflejó-o no alcanzó a reflejarse- en posiciones teóricas más elaboradas que recogiesen los cambios de aquellos años, debido a que la preocupación fundamental era estratégica. En el aspecto programático, asumía las tareas planteadas en los años 30: nacionalización de los recursos naturales y reforma agraria, principalmente, sin avanzar nada en la forma concreta de hacerlo, que se postergaba para un futuro no determinado.

http://vozdeizquierda.blogspot.com/2006/10/recuerdo-de-carlos-malpica.html

 

http://www.monografias.com/trabajos33/partidos-izquierda-peru/partidos-izquierda-peru.shtml

 

                                       FRATERNALMENTE

                                 LUIS ROMERO YAHUACHI