LUIZ INÁCIO LULA DA SILVA

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Desde pequeño es conocido por el apodo de «Lula», diminutivo de Luís (o Luiz) muy común en Brasil, y que también significa calamar en portugués. De origen muy pobre a la presidencia de una nación. Lula se convirtió en una promesa para muchos desde 2003, año en que ganó la presidencia proclamando la llegada de una “nueva era” a Brasil. Quién es este hombre que con su triunfo se convirtió en un cambio de modalidad, no sólo para el Brasil sino también para toda Latinoamérica.

LA POBREZA COMO MANDATO

Luiz Inácio Lula Da Silva nació en Vargem Grande, actual Caetés, en el estado de Pernambuco, el 27 de octubre de 1945. Tiene siete hermanos -cuatro varones y tres mujeres- y él fue el séptimo. Se crió en una familia de labradores formada por Arístides Inácio da Silva y Eurícide Ferreira de Melo. Poco después de su nacimiento, su padre se mudó a San Pablo para trabajar como estibador en el puerto de Santos. En una biografía autorizada, Lula afirmó que su padre -al que recién conoció cuando tenía cinco años- “era un pozo de ignorancia”.

En 1952, con su madre y sus hermanos viajaron durante trece días en un camión atestado para Guarujá -en el litoral paulista-. En 1956 finalmente se instalaron en la capital de San Pablo, donde Lula, a los 12 años, comenzó a trabajar como limpiabotas y luego como ayudante en una tintorería. A los 14 años consiguió un puesto en una metalúrgica, donde trabajaba doce horas diarias. De igual forma se hizo de tiempo para realizar un curso de tornero mecánico del Servicio Nacional de Industria, que culminó en 1963.

A los 22 años se casó con María de Lourdes, una operaria textil, quien a los dos años quedó embarazada, pero ella y su bebé murieron durante el parto. Luego tuvo una hija, Lurian, con la enfermera Miriam Cordeiro, y en 1974 conoció a su actual esposa, Marisa Leticia, viuda y madre de un niño, con quien ha tenido tres hijos más.

UN CAMBIO DE MENTALIDAD

En 1966 comenzó a trabajar en las Industrias Villares donde, a pesar de ser un trabajador despolitizado, se inició en el sindicalismo debido a su hermano mayor, Frei Chico -ligado al Partido Comunista Brasileño-, quien fue arrestado y torturado por los militares. A partir de entonces Lula participó de forma activa de la vida sindical y en 1972 fue elegido primer secretario del sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo

En 1975 y 1978 fue elegido presidente del sindicato metalúrgico y lideró varias huelgas que aceleraron el final de la dictadura. En abril de 1980 encabezó un paro de 41 días en el que participaron 270 mil trabajadores paulistas y por el cual fue arrestado durante un mes. El 10 de febrero de ese mismo año, junto a otros sindicalistas, intelectuales y académicos, lanzó el manifiesto que fundaba el Partido dos Trabalhadores (PT), en medio de un renacimiento del debate político en la sociedad.

Lula y su partido se consolidaron como fuerza política. En 1983 fue uno de los fundadores de la Central única de Trabajadores (CUT). En enero de 1985, un colegio electoral designó a Tancredo Neves como el primer presidente civil de Brasil en 21 años, quien murió antes de tomar posesión. Asumió en su reemplazo José Sarney. En 1986 Lula se convirtió en diputado e integró la Asamblea Constituyente que restableció la votación libre y directa del presidente.

Las primeras elecciones se realizaron en 1989 y Lula obtuvo el segundo lugar, detrás de Fernando Collor de Mello, que ganó con el 53%, y que luego de un escándalo de corrupción renunció en diciembre de 1992. Su mandato fue completado por Itamar Franco, en cuya gestión, como ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso puso en marcha el Plan Real que terminó con la inflación crónica de Brasil.

En octubre de 1994 Lula se presentó por segunda vez como candidato a presidente y volvió a perder. Ganó Fernando Henrique Cardoso, del Partido da Social Democracia Brasileira, por, entre otras cuestiones, su éxito en el combate de la inflación. El PT obtuvo sin embargo dos gobernadores, cuatro senadores, 50 diputados federales y 92 estaduales.

Lula compitió nuevamente por la presidencia en 1998 y consiguió el 32% de los votos. Cardoso fue reelecto pero el PT conquistó tres estados. En las elecciones del año 2000 el PT ganó en más de 180 ciudades, abriendo paso a lo que se convirtió, dos años después, en un giro histórico para la política del país.

 

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LUEGO DE LAS DERROTAS, EL TRIUNFO

Después de tres derrotas presidenciales consecutivas, Lula no estuvo dispuesto a abandonar su carrera política, por el contrario se hizo más fuerte, su terquedad y su capacidad para mantener la confianza de las bases del partido fueron sus principales armas.

Asumió la presidencia de Brasil en 2003, tras ganar las elecciones con el mayor número de votos de la historia democrática brasileña (52,4 millones de votos) alcanzando el 61% de los mismos. El 24 de octubre de 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

Antes de su triunfo, Lula advirtió a todos que no estaba dispuesto a perder una cuarta elección. Así que puso en marcha una estrategia electoral totalmente renovada. En principio, realizó un notable cambio de imagen: pasó al traje y a la corbata, al cabello y a la barba con un aspecto más cuidado, además de cambiar el modo de cómo decía las cosas, haciendo que la sonrisa comience a habitar su rostro. Los asesores lograron mostrar una imagen del candidato más relajada, como esposo y padre afectuoso, capaz de exteriorizar sentimientos. 

A pesar de su cambio de imagen mantuvo lo esencial del discurso crítico de izquierdas, pero suavizó el tono. Aseguró a los empresarios locales y a los operadores financieros que no había motivos para temer al PT en el poder, ya que los principios del libre mercado no se cuestionaban, al igual que algunos procedimientos de estabilización económica aplicados por Cardoso, como la lucha contra la inflación y la colocación del real en el régimen de cambios variables.

Luego de confirmarse su victoria, festejada por muchos seguidores en São Paulo y otras ciudades, Lula proclamó la llegada de una “nueva era” a Brasil y convocó “a todos los brasileños, a empresarios, sindicalistas e intelectuales, para construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria”. Anunció la formación de un gobierno de coalición abierto a los mejores y un pacto nacional contra la pobreza, la corrupción y la inflación.

En el Gobierno que formó Lula se destacaron las presencias de Ciro Gomes como ministro de Integración Nacional, Celos Amorim como titular de Exteriores (cargo que ya había ocupado en el Gobierno de Itamar Franco) y el cantante Gilberto Gil como responsable de Cultura. 

PROMESAS Y REALIDADES: RESULTADOS A PESAR DE TODO

El 1 de enero de 2003, en el acto de toma de posesión, Lula anunció las grandes líneas que iban a vertebrar su mandato en torno a la lucha contra la pobreza. Durante los primeros meses de su presidencia se puso en marcha el proyecto Hambre Cero, destinado a seis millones y medio de familias, para el que consiguió un millón de dólares en concepto de asistencia técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Inmediatamente lanzó el Plan Nacional para la Erradicación del Trabajo Esclavo. Los fiscales especiales de trabajo han liberado a más de 13.000 trabajadores en estado de esclavitud o trabajo degradante desde 2003.

Al mismo tiempo, consiguió una subida del 20% en el salario mínimo nacional y lanzó una reducción de un 16% del gasto público, fundamentalmente a través de un programa de recortes en las pensiones y un aumento de la edad de jubilación de los funcionarios. A pesar de la oposición masiva de la función pública y de partes importantes de su propio partido, la reforma de la Previsión Social aprobada por el Parlamento sentaba las bases para un aparato de Estado más productivo, más justo y menos oneroso. Parecidas dificultades tuvo la reforma del Sistema Tributario Nacional, tramitada legislativamente como reforma constitucional ya que afectaba directamente los derechos recaudatorios de los estados federados.

El Plan de Acción para la erradicación del analfabetismo (el 14% de los brasileños) ha conseguido, en sus tres años de existencia, una reducción del absentismo escolar entre el 18 y el 29% de los jóvenes entre 5 y 17 años de edad. En cuanto a la enseñanza universitaria, el Programa Universidad para Todos (PROUNI) ofreció, en 2005, ciento doce mil becas de estudio en 1.412 instituciones en todo el país.

El programa Beca – Familia, destinado a cubrir las necesidades básicas de más de tres millones de núcleos familiares (hoy llega a más de nueve millones), está considerado como el mayor programa de transferencia de rentas del mundo y alcanzó unos recursos de dos mil trescientos millones de dólares en 2005.

Particular importancia tuvo el Plan Nacional de Reforma Agraria que contemplaba entregar granjas a 400.000 familias de campesinos sin tierras (de las que, en 2005, las han recibido solamente 70.000) y emitir títulos de propiedad a otras 500.000 familias de granjeros, ya asentadas, que no habían recibido del Gobierno la documentación acreditativa.

Un minucioso retrato de la realidad brasileña, divulgado a finales de noviembre de 2005 por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, muestra que Brasil es un país menos desigual. La tasa de pobreza de 2004 descendió un 8% comparada con el año anterior. En el campo de la salud, la tasa de mortalidad infantil bajó del 69% en 1980 al 26,6%, en 2004.

Todos estos resultados han sido conseguidos dentro del mantenimiento de la más estricta ortodoxia en el cumplimiento de las obligaciones internacionales de Brasil, la asunción milimétrica del servicio de la deuda externa entre ellas. Con esta decisión, Lula se ganó muy pronto el respeto de las instituciones financieras internacionales.

AUMENTO DE LA PRESENCIA INTERNACIONAL DE BRASIL. UN MECÁNICO INVITADO A DAVOS

En 2005, Lula es sorprendentemente invitado a participar en el Foro de Davos, la enseña del capitalismo globalizador. Acude, entre las críticas de muchos integrantes del Foro Social de Porto Alegre, para decir ante los dirigentes de la economía globalizada que “no es posible continuar un orden económico donde pocos pueden comer cinco veces al día y muchos pasan cinco días sin comer en el planeta tierra, que es preciso un nuevo orden económico mundial y que el resultado de la riqueza sea distribuido de forma más justa para que los países pobres tengan la oportunidad de ser menos pobres”.

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Durante su primer mandato, Brasil ha aumentado considerablemente su papel político en el escenario internacional. A pesar de todos sus problemas, ha hecho valer su posición de octavo PIB del mundo en tres frentes, todos ellos fundamentales en el marco de la lucha mundial contra la pobreza: la reforma de Naciones Unidas, el proceso de integración latinoamericana y las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En el primer caso parece haber ganado el apoyo de México y Argentina para colocar a un país latinoamericano en el Consejo de Seguridad. En el segundo, Lula ha multiplicado viajes y esfuerzos para que todos los países de la región caminen hacia mayores niveles de democracia, desarrollo y cohesión social y aparece como el gran impulsor del MERCOSUR, y del acercamiento de este bloque al resto de América Latina y el Caribe.

En el contexto mundial, Brasil se ha convertido en el país que lidera el G-20 y forma un sólido bloque (G-3) junto con India y África del Sur, poniendo la intransigencia del mundo en desarrollo, en cuanto a los aranceles y las subvenciones agrícolas, frente a la intransigencia de los países industrializados, en defensa de la libertad del comercio industrial y de servicios. A la hora de escribir estas líneas, el combate parece haber terminado en tablas con un estrepitoso fracaso de la llamada Ronda Doha. A juzgar por las declaraciones de los máximos representantes europeos y norteamericanos, el Occidente industrializado se resiste a aceptar un diálogo que aúne los criterios de desarrollo sostenible con la liberalización del comercio, conceptos inextricablemente unidos en la realidad pero totalmente separados en la práctica negociadora de los países desarrollados.

Lula y la política de ‘Ayuda al Desarrollo’ del mundo occidental: ¿Quién puede enseñar a quién?

Lula fue uno de los once dirigentes de países en desarrollo que respondieron a la invitación de participar en un “diálogo alargado” con los líderes del G-8 en la ciudad francesa de Evian en 2003. Allí, el brasileño volvió a exponer su propuesta de crear un Fondo Mundial contra el Hambre, “realidad intolerable”, que podría financiarse con una tasa sobre el comercio internacional de armas y con un porcentaje de los pagos de deuda externa de los países emergentes a los desarrollados. Criticó a la Organización Mundial del Comercio por sus “resistencias a suprimir los subsidios multimillonarios a la agricultura”, y censuró igualmente el retraso de una cuestión crucial como era el “acceso a los medicamentos” por los países pobres, es decir el derecho de los gobiernos a suministrar medicamentos genéricos para tratar enfermedades como el SIDA, sin someterse a los precios fijados por las multinacionales farmacéuticas propietarias de las patentes. Aquella intervención reforzó su posición sobre la política de cooperación al desarrollo del mundo industrializado, plasmada desde 2000 en los llamados “Objetivos de Desarrollo del Milenio”. Mientras que sus líneas fundamentales coinciden con los ODM en cuanto al compromiso de reducir (de 1990 a 2015) a la mitad la proporción de personas en la indigencia y con hambre, su práctica es ligeramente distinta.

En lo que se refiere a los llamados “elementos transversales”, Brasil demuestra ser algo más que un ‘alumno modelo’. Los programas de educación básica y universitaria incluyen el indicador de género, las minorías indígenas reciben ayuda del Gobierno en la lucha por el reconocimiento de sus derechos y programas medioambientales como el PPDG, cofinanciado por una línea presupuestaria horizontal de la UE, han obtenido buenos resultados en la defensa de la Amazonia, únicamente ensombrecidos por las auditorías sobre su gestión financiera, actualmente en el centro de un contencioso político nacional e internacional.

Como hemos visto, la acción internacional de Brasil se conforma en torno a tres áreas prioritarias, todas ellas importantes en el combate contra la pobreza:

En el plano de la integración continental, fundamental para el desarrollo de América Latina, la actividad de Lula debería producir algunos avances significativos, sobre todo a través del llamado “consenso de Buenos Aires” y su papel de pivote entre los gobernantes de izquierda moderada clásica (Kirschner, Bachelet) y los populistas (Morales, Chávez). Su ejercicio de moderación en la crisis de las nacionalizaciones bolivianas puede repetirse en el seno del MERCOSUR y ayudar a que la integración de Venezuela en el bloque se convierta en un elemento de avance y no de retroceso. Las relaciones adquiridas con la debilitada Comunidad Andina de Naciones pueden consolidarse en algo parecido al inicio de un proceso de integración sudamericana que podría desembocar en una alternativa al ALCA, más realista que la retórica propuesta de Hugo Chávez.

En segundo término, el fracaso de las sesiones negociadoras de la OMC en julio han confirmado el liderato de Brasil y su capacidad de aglutinar en torno al G-3 las aspiraciones de los países en desarrollo de todo el mundo incluidos los africanos, a los que las grandes potencias industrializadas han intentado aislar y atraerse por todos los medios. Parece claro que no habrá total liberalización industrial y de servicios si los Estados Unidos, la UE y Japón no se toman en serio las propuestas agrícolas del G-20.

El ejemplo brasileño en la mejora de su cohesión social interna le capacita notoriamente para influir, tanto en la región como frente a la UE, en la articulación programática que este concepto, definido como el gran problema de América Latina en la cumbre de Guadalajara de 2004, tome en las estrategias de desarrollo de donantes y receptores. Hasta ahora, la declaración de Guadalajara sólo se ha visto traducida en un pequeño programa de la UE, EUROSOCIAL, y aún no ha producido programas de actuación específicos ni ha financiado proyectos concretos.

 

http://www.publispain.com/revista/biografia-de-lula-da-silva.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Luiz_In%C3%A1cio_Lula_da_Silva

http://www.webislam.com/?idt=5744

FRATERNALMENTE

LUIS ROMERO

PERÚ

 

 

 

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